El riesgo país llegó a 703 puntos: preocupan las consecuencias para el Gobierno y empresas
En medio de fuerte volatilidad financiera y presión cambiaria, analistas advierten que la incertidumbre crece de cara a definiciones políticas clave
El riesgo país argentino volvió a superar los 700 puntos básicos y llegó a 703 unidades durante la rueda de este jueves, con una suba de 29 puntos respecto del cierre anterior, equivalente al 4,3%. El indicador elaborado por JP Morgan avanzó en una jornada marcada por nuevas bajas de los bonos soberanos en dólares, mientras el dólar oficial alcanzó un récord nominal de $1.550 en el Banco Nación y el blue llegó a $1.570.
El movimiento se produce en un contexto de tasas de interés elevadas en Estados Unidos, tensiones geopolíticas y dudas sobre la recuperación de la actividad económica argentina. A esos factores se suman las preocupaciones del mercado por la acumulación de reservas, la capacidad de afrontar los vencimientos de deuda y el escenario político de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
El indicador había llegado a tocar los 710 puntos durante la rueda del martes, antes de recortar parte de la suba y cerrar en torno de las 670 unidades. La posterior recuperación del riesgo país contrasta con el mínimo de entre 402 y 403 puntos registrado a mediados de julio.
Para los analistas, la evolución de los bonos refleja una combinación de factores externos y domésticos. Mauro Carrizo, responsable de gestión patrimonial de Cocos Capital, identifica la tasa de interés de largo plazo estadounidense como uno de los principales factores de presión sobre los activos argentinos, aunque advierte que la incertidumbre política local puede limitar una eventual recuperación.
Santiago Segovia, asesor financiero y agente productor, describe el movimiento como un shock internacional amplificado por el riesgo político doméstico. Mariano Ortiz Villafañe, economista jefe de Aldazabal y Cía., también señala la combinación de un escenario internacional desfavorable para la deuda emergente y una posición cautelosa de los inversores frente a las elecciones de 2027.
La suba del indicador tiene implicancias que van más allá de las cotizaciones financieras. Puede dificultar la obtención de fondos en dólares por parte del Estado, complicar las emisiones de deuda de empresas y provincias y encarecer el acceso al crédito. Su impacto dependerá de cuánto dure la tensión financiera y de cómo evolucionen las condiciones económicas locales.
Los factores que empujan el riesgo país a la zona de peligro
Uno de los factores que presionan sobre los bonos es el rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense a diez años, que se ubicó en torno del 5,15% al 5,2%, según las cifras consignadas para la jornada.
Cuando los bonos estadounidenses ofrecen retornos elevados, los inversores tienen menos incentivos para asumir riesgos adicionales en mercados emergentes. Para atraer capital, los emisores de esos países deben ofrecer rendimientos más altos, especialmente cuando existen dudas sobre su capacidad de pago.
Las tensiones geopolíticas y las perspectivas sobre las tasas internacionales también influyen en las decisiones de inversión. En períodos de mayor incertidumbre, los fondos suelen reducir su exposición a activos considerados más riesgosos, lo que puede presionar sobre los precios de la deuda argentina.
En el plano local, las dudas sobre la recuperación económica, la acumulación de reservas y el financiamiento de los compromisos externos se combinan con las expectativas electorales.
En agosto, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un avance de apenas 0,1% mensual, después de la caída del 2,8% de julio. La evolución reavivó las dudas sobre el ritmo de recuperación, aunque ese dato mensual no permite confirmar por sí solo una recesión técnica.
Los analistas también difieren sobre la evolución que podría tener el indicador en los próximos meses.
Gustavo Ber considera que, si no aparecen noticias positivas relevantes y aumenta la incertidumbre política, el riesgo país podría avanzar hacia los 800 puntos al cierre de 2026 y superar las 1.000 unidades en 2027.
Tomás Sisto Bourel, de Fortress Capital, tampoco descarta que supere los 1.000 puntos el próximo año si se intensifican las dudas políticas. Lazzati, CEO de Insider Finance, plantea un escenario más moderado: prevé que el indicador oscile entre 550 y 700 puntos durante lo que resta de 2026 y que pueda avanzar hacia los 800 puntos en 2027, antes de las elecciones.
Carrizo, por su parte, anticipa volatilidad y considera poco probable un regreso rápido a la zona de 400 puntos.
Estas proyecciones son escenarios de mercado, no resultados asegurados. La evolución dependerá de las tasas internacionales, los precios de los bonos, las señales económicas del Gobierno y las expectativas sobre el financiamiento de la deuda.
Las cinco consecuencias de la suba del riesgo país para el Gobierno y las empresas
El Gobierno enfrenta un financiamiento más caro y mayores dificultades para emitir deuda
El primer efecto de un riesgo país elevado es el encarecimiento del financiamiento soberano. Cuando cae el precio de los bonos existentes, aumenta su rendimiento y los inversores pueden exigir una tasa mayor para comprar nuevos títulos argentinos.
Esto reduce las posibilidades de que el Gobierno consiga fondos en dólares en condiciones favorables. Aunque el riesgo país no determina por sí solo la tasa de cada emisión, funciona como una referencia para evaluar el riesgo de la deuda argentina.
Si el indicador permanece en niveles elevados, una eventual vuelta a los mercados internacionales puede resultar más costosa o quedar postergada hasta que mejoren las condiciones financieras.
La dificultad para emitir deuda también limita las alternativas disponibles para refinanciar compromisos que vencen en los próximos años. En ese escenario, el Tesoro debe evaluar otras fuentes de recursos, la utilización de fondos disponibles y las posibilidades de refinanciación.
Fundación Capital advirtió que las dificultades para colocar deuda soberana vuelven más relevante el fortalecimiento de las reservas para afrontar los vencimientos. La entidad también señaló que los fondos disponibles en las cuentas del Tesoro no alcanzarían, por sí solos, para cubrir los compromisos de 2027.
Aumenta la presión para acumular reservas y afrontar los vencimientos de 2027
La segunda consecuencia está vinculada con la disponibilidad de dólares para cumplir con las obligaciones externas.
Según las estimaciones citadas en los análisis de mercado, los compromisos en moneda extranjera previstos para 2027 superan los u$s21.000 millones. Para evaluar esa cifra con precisión es necesario distinguir los vencimientos del sector público nacional de las obligaciones correspondientes a otros emisores, así como separar capital e intereses.
En cualquier caso, la capacidad de obtener divisas y refinanciar los compromisos constituye una variable central para los inversores.
Si el acceso al crédito internacional se encarece o se interrumpe, el Gobierno dispone de menos alternativas para cubrir los vencimientos sin recurrir a recursos propios. Por eso, la acumulación de reservas del Banco Central y la disponibilidad de fondos del Tesoro adquieren mayor relevancia.
Santiago Segovia advirtió que, si las condiciones del mercado impiden refinanciar esos compromisos a tasas razonables, el Tesoro podría verse obligado a utilizar reservas propias o aceptar un costo financiero más elevado.
La acumulación de divisas, sin embargo, no garantiza por sí sola una baja del riesgo país. Su efecto dependerá también de la magnitud de los vencimientos, de la disponibilidad efectiva de los fondos y de la percepción del mercado sobre la continuidad del programa económico.
Las empresas y las provincias podrían reducir o postergar sus emisiones en dólares
La tercera consecuencia alcanza a las compañías y los gobiernos provinciales que recurren al mercado de capitales para financiar inversiones, refinanciar deudas o conseguir divisas para sus operaciones.
De acuerdo con datos de Portfolio Personal Inversiones (PPI), las emisiones de deuda en moneda extranjera de empresas y provincias superaron los u$s21.200 millones entre noviembre de 2025 y septiembre de 2026.
Esas colocaciones representaron una fuente de financiamiento externo para los emisores y contribuyeron a generar ingresos de divisas. Sin embargo, su continuidad depende, entre otros factores, del rendimiento que exijan los inversores y de la percepción de riesgo sobre la Argentina.
Cuando aumenta el riesgo país, las empresas y las provincias pueden verse obligadas a ofrecer tasas más elevadas para colocar sus títulos. Si el costo resulta demasiado alto, algunas emisiones pueden postergarse, reducirse o quedar sujetas a garantías y otras condiciones adicionales.
PPI advirtió que la continuidad de las colocaciones dependerá de la capacidad de sostener el interés de los inversores en un contexto de rendimientos internacionales elevados y mayor percepción de riesgo local.
Fundación Capital también señaló que las emisiones pueden requerir garantías, colaterales u otros mecanismos para mejorar las condiciones crediticias.
El efecto sobre el mercado cambiario no es necesariamente inmediato. Los dólares obtenidos por las empresas y las provincias no siempre se liquidan en el mercado oficial en el momento de la emisión, sino que pueden ingresar gradualmente, según las necesidades de pesos de cada emisor.
Por eso, una menor actividad en el mercado de deuda puede reducir el flujo potencial de divisas de los meses siguientes, aunque su impacto dependerá del calendario de liquidaciones y del destino de los fondos.
La incertidumbre puede presionar sobre el dólar y las tasas de interés en pesos
La cuarta consecuencia posible es una mayor demanda de cobertura cambiaria. El riesgo país y el tipo de cambio no evolucionan necesariamente en la misma dirección, pero ambos pueden reaccionar ante un aumento de la incertidumbre financiera y política.
Durante la rueda de este jueves, el dólar oficial se vendía a $1.550 en el Banco Nación, tras avanzar $5, mientras que el blue subía a $1.570. En la jornada previa, el contado con liquidación (CCL) había llegado a $1.638 y el dólar MEP cerró en torno de los $1.549.
Si los inversores buscan reducir su exposición al peso, pueden aumentar sus posiciones en dólares financieros. Una demanda sostenida de cobertura puede presionar sobre esas cotizaciones y ampliar la brecha respecto del tipo de cambio oficial.
Santiago Segovia advirtió que una mayor búsqueda de cobertura también puede trasladarse a las tasas de interés en pesos. Si los rendimientos de los instrumentos en moneda local no compensan el riesgo percibido, algunos inversores pueden reducir su exposición a esos activos.
Para el Gobierno, una mayor presión cambiaria puede complicar la administración de las expectativas del mercado y la estrategia de acumulación de reservas. Para las empresas, la volatilidad puede dificultar la planificación de costos, la gestión del capital de trabajo y las decisiones sobre inversiones que requieren insumos importados o financiamiento en moneda extranjera.
No obstante, el movimiento del dólar dependerá también de la oferta y la demanda de divisas, de las regulaciones cambiarias y de las decisiones de política económica. La suba del riesgo país, por sí sola, no permite anticipar una variación determinada del tipo de cambio.
El crédito más caro puede postergar inversiones empresariales
La quinta consecuencia está vinculada con la economía real. Un aumento persistente del riesgo país puede elevar el costo de financiamiento de las empresas y las provincias, incluso cuando sus condiciones particulares sean diferentes de las del Gobierno nacional.
La deuda soberana funciona como una referencia para evaluar el riesgo argentino. Cuando el Estado enfrenta mayores dificultades para obtener fondos, los emisores privados pueden tener que pagar una prima adicional para captar capital en el exterior.
El encarecimiento también puede trasladarse al mercado local, según las condiciones de liquidez, el costo de fondeo de los bancos y la evolución de las tasas de interés en pesos.
Elisabet Piacentini, contadora y tributarista, señaló que una suba sostenida del riesgo país puede modificar las decisiones de inversión de las pymes y las medianas empresas. Si las compañías anticipan que conseguir financiamiento será más caro, pueden postergar proyectos de expansión o reducir sus necesidades de capital.
El efecto puede alcanzar a empresas que necesitan renovar equipamiento, ampliar su capacidad productiva, incorporar tecnología o financiar capital de trabajo. También puede afectar a las provincias que buscan recursos para obras y otros proyectos.
Una menor disponibilidad de crédito no implica automáticamente una caída de la inversión, ya que las decisiones empresariales dependen también de la demanda, los costos, la rentabilidad esperada y las perspectivas de cada sector. Sin embargo, si el encarecimiento del financiamiento se prolonga, puede limitar la cantidad de proyectos que resultan viables.
Piacentini también advirtió que las dificultades del Estado para obtener recursos en el exterior pueden incrementar la demanda de financiamiento en el mercado interno, con posibles efectos sobre las tasas locales.
Qué necesita el mercado para que baje el riesgo país
Los analistas identifican varios factores que podrían contribuir a una reducción del indicador: una mejora de las condiciones financieras internacionales, una mayor acumulación de reservas, señales claras sobre el financiamiento de los vencimientos y una recuperación sostenida de la actividad económica.
Una eventual baja de las tasas estadounidenses podría favorecer a los activos emergentes, al reducir el rendimiento de las alternativas consideradas más seguras. Sin embargo, ese movimiento no garantizaría una caída del riesgo país argentino si persisten las dudas sobre la capacidad de pago o el escenario político.
Carrizo considera que la incertidumbre política seguirá condicionando las cotizaciones durante los próximos meses. Ortiz Villafañe también anticipa un período de volatilidad asociado con las expectativas electorales y no identifica catalizadores claros para una compresión significativa del indicador en el corto plazo.
Segovia, por su parte, plantea que el mercado necesita señales concretas sobre cómo se afrontarán los vencimientos de 2027 y datos que confirmen una recuperación económica.
En ese contexto, el nivel del riesgo país seguirá siendo una referencia para evaluar las condiciones de acceso al financiamiento del Gobierno, las provincias y las empresas. Su evolución estará condicionada por la disponibilidad de divisas, el comportamiento de los bonos argentinos y las expectativas sobre la economía y la política.