Acciones de banco Itaú se hundieron en Wall Street y consultora avisa si conviene comprar
El banco más grande del sector privado brasileño perdió 26% en una semana y Marex se pregunta si el mercado fue demasiado lejos con el castigo
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil dejó una semana negra para los inversores que habían apostado por un cambio político y uno de los bancos más importantes de América Latina quedó en el centro del derrumbe. Itaú Unibanco perdió más de una cuarta parte de su valor en Wall Street, una caída que sorprendió por su magnitud y que abrió una pregunta entre los analistas del mercado ¿Realmente empeoró tanto el negocio del banco o sus acciones quedaron demasiado baratas después de la reacción electoral?
La pregunta no pasó inadvertida para Marex, que dedicó parte de su último informe sobre Brasil a identificar oportunidades entre las acciones más castigadas y encontró en Itaú un caso especialmente interesante, ya que el banco llegó a las elecciones con ganancias millonarias, una elevada rentabilidad y una posición financiera sólida, características que no desaparecieron con el resultado de las urnas.
De hecho, el golpe siguió sintiéndose durante los días posteriores a las elecciones del domingo 25 de octubre. El ADR de Itaú, que cotiza en Wall Street bajo el ticker ITUB, pasó de u$s9,67 el viernes previo a los comicios a u$s7,13 al cierre de la semana pasada, acumulando una pérdida del 26,3% en apenas cinco ruedas.
Por qué Itaú se desplomó
Para entender semejante caída hay que mirar qué esperaba el mercado antes de conocer los resultados, porque durante las semanas previas los inversores habían apostado fuerte por una victoria de Flávio Bolsonaro, con la expectativa de un gobierno más comprometido con la reducción del gasto público y una política económica que permitiera bajar las tasas de interés.
Marex explicó que "el mercado había apostado al resultado contrario" y recordó que, antes de las elecciones, las acciones brasileñas habían subido casi 7% respecto de sus niveles previos a la primera vuelta, mientras que el real se había fortalecido alrededor de 5% frente al dólar, movimientos que reflejaban el entusiasmo por un escenario político que finalmente no ocurrió.
La victoria de Lula, con el 51,79% de los votos, obligó a desarmar buena parte de esas apuestas y el impacto se extendió por toda la Bolsa brasileña, que llegó a interrumpir sus operaciones por las fuertes pérdidas y terminó el lunes posterior a las elecciones con una caída del 13,88% en el índice Ibovespa.
El temor de los inversores pasa principalmente por las cuentas públicas de Brasil, donde la deuda ya supera el 82% del PBI y el margen para reducir el gasto resulta limitado debido al peso de las partidas obligatorias. En ese contexto, la posibilidad de que Lula mantenga una política de gasto expansiva alimentó las dudas sobre el futuro de la inflación, las tasas de interés y el crecimiento económico.
Para los bancos, este escenario tiene consecuencias concretas porque las tasas elevadas encarecen los préstamos, dificultan el pago de las deudas y pueden enfriar la actividad económica, con el riesgo de que aumente la cantidad de clientes que dejan de pagar sus créditos.
Marex encuentra una oportunidad
En medio de las ventas generalizadas, Marex llamó la atención sobre una diferencia que considera importante para evaluar qué acciones podrían recuperarse y cuáles enfrentan problemas más difíciles de resolver, especialmente cuando se comparan empresas privadas con otras cuyo negocio depende directamente de las decisiones del Gobierno.
"El banco privado más grande de Brasil cayó como si fuera una estatal", sostuvo Marex sobre Itaú, que sufrió un castigo comparable al de empresas donde el Estado tiene mayor capacidad de intervenir en las decisiones de inversión, la distribución de dividendos o el destino de los préstamos.
Según Marex, el deterioro de las perspectivas económicas hizo que los inversores estuvieran dispuestos a pagar menos por las ganancias futuras de las empresas brasileñas, pero eso no significa que todas hayan perdido realmente la misma capacidad de generar dinero.
En el informe, la firma se preguntó cuánto habían cambiado los fundamentos económicos de las empresas y respondió que, "para la mayoría de las empresas de calidad, menos de lo que sugiere el precio", al considerar que el aumento del riesgo político puede reducir el valor de mercado sin modificar inmediatamente los resultados de un negocio.
Los números recientes de Itaú ayudan a entender mucho mejor esa postura ya que, durante el segundo trimestre de 2026, el banco obtuvo ganancias recurrentes por R$12.400 millones, un 7,8% más que un año atrás, mientras que su rentabilidad sobre el patrimonio alcanzó el 24,3% y llegó al 25,7% si se considera exclusivamente su negocio en Brasil. También registró un nivel de capital principal del 12,3%, conocido como CET1, que sirve para medir qué respaldo tiene una entidad financiera para absorber eventuales pérdidas.
Por eso, Marex lo ubicó entre las alternativas de "calidad a descuento", una categoría que reúne acciones de empresas con buenos negocios cuyos precios sufrieron un castigo importante por factores externos.
Los riesgos que todavía pueden jugarle en contra
El atractivo de comprar una acción después de una caída importante depende de que sus ganancias puedan sostenerse y, justamente, ese es uno de los interrogantes que dejó la reelección de Lula para los bancos brasileños.
Marex reconoce que las tasas elevadas pueden favorecer el margen financiero de Itaú, es decir, la diferencia entre lo que cobra por prestar dinero y lo que paga para conseguirlo, pero también advierte que una economía debilitada podría provocar un aumento de la morosidad, especialmente entre las familias que recurren al financiamiento para cubrir sus gastos.
Otro riesgo proviene de las posibles medidas sobre el crédito al consumo, ya que el Gobierno discutió alternativas para limitar determinadas prácticas vinculadas con las tarjetas y los préstamos personales de alto costo, dos negocios que pueden aportar márgenes importantes para los bancos.
Todavía no existe una propuesta definitiva que permita medir el impacto de esas posibles restricciones, pero alcanza con que aparezcan dudas sobre su rentabilidad futura para que los inversores sean más exigentes al momento de pagar por las acciones.
El propio informe de Marex reconoce que la recuperación podría demorar mientras no aparezca un plan fiscal convincente, por lo que considera especialmente importantes las definiciones sobre el próximo ministro de Hacienda, el presupuesto de 2027 y las medidas que pueda tomar el Gobierno para controlar el gasto.
Cuánto podría recuperar Itaú y qué debería mirar el inversor
Para poner la caída en perspectiva, si se toma el precio de u$s7,13 al cierre del viernes 30 de octubre, el ADR de Itaú necesitaría subir aproximadamente 35,6% para recuperar los u$s9,67 que valía antes de las elecciones, una diferencia considerable que muestra cuánto terreno perdió el banco durante la semana.
En este escenario, Marex planteó que "no hace falta entrar de una vez", dado que comprar en distintas etapas -esta semana un poco, la próxima semana un poco más y así- puede reducir el riesgo de invertir todo el dinero antes de que termine el ajuste de precios, especialmente si las dudas fiscales mantienen la presión sobre las acciones brasileñas.
El próximo dato importante llegará el 3 de noviembre, cuando Itaú presente los resultados del tercer trimestre y permita conocer cómo evolucionaron su rentabilidad, los préstamos y la morosidad antes de que estallara la crisis electoral.
Para los inversores argentinos que siguen al banco a través de su CEDEAR, identificado con el ticker ITUB, también habrá que considerar el comportamiento del dólar contado con liquidación, porque una recuperación del ADR en dólares no necesariamente se trasladará en la misma proporción al precio en pesos.
Por esto, la apuesta que plantea Marex tiene argumentos concretos detrás, especialmente por la capacidad de Itaú para seguir ganando dinero y su menor exposición a las decisiones directas del Gobierno frente a los bancos estatales. Sin embargo, el verdadero examen llegará cuando los resultados permitan comprobar si el castigo bursátil fue exagerado o si el mercado comenzó a descontar problemas que todavía no aparecieron por completo en los balances.