Cuáles fueron las mejores y las peores inversiones de la década
El 2009 ya quedó atrás así como también una década más. Es momento de analizar que hubiese pasado si allá por el año 2000 hubiésemos decidido colocar nuestro dinero en un activo determinado y ver cuánto tendríamos hoy, casi 10 años después.
Llegó la hora de conocer los ganadores y los perdedores de la década y destacar aquellos activos que tuvieron mayor rendimiento en estos últimos 10 años.
Supongamos que en el 2000 hubiésemos invertido u$s1.000 en el mercado accionario medido por el Indice de Retorno Total S&P 500 que incluye en su cálculo la reinversión de los dividendos cobrados: hoy tendríamos sólo u$s773.9, por lo que habríamos dejado un 22.6% en el camino. ¿Sorprendido? ¿No era que a largo plazo siempre convenía estar comprado en acciones?
El mercado accionario fue uno de los perdedores de la década por factores muy puntuales, pero no dejan de marcarnos que la idea de la estrategia de comprar y mantener (buy-and-hold) a largo plazo no siempre funciona.
El estallido de la burbuja punto.com del 2001-2002 y la crisis financiera de hipotecas del año pasado impactaron negativamente generando un retroceso en el rendimiento de las inversiones en acciones norteamericanas entre puntas. Todavía queda un largo camino por recorrer para que las bolsas norteamericanas alcancen los valores pre-crisis.
Si el dinero que hipotéticamente invertimos a principios de la década lo extraíamos del mercado en octubre de 2007 (el máximo histórico del índice S&P500), habríamos obtenido u$s240,9 o un 25% de retorno. El Indice Dow Jones, por su parte, sufrió una menor caída siendo su rendimiento una pérdida de 7,2% en el mismo período.
No resultó tampoco una buena opción colocar los u$s1.000 en Japón, dado que habríamos perdido u$s390 de los u$s1.000 iniciales si apostábamos en el Indice Nikkei 225, una pérdida que incluso se reduce medida en dólares dada la apreciación del Yen.
Si nuestras preferencias nos llevaban a colocar nuestros ahorros en la bolsa europea, medido por el Indice Dow Jones EuroStoxx 50 hubiésemos perdido u$s144, una cifra muy inferior medida en dólares dada la apreciación de la moneda de la Eurozona.
Lo contrario hubiese ocurrido si destinábamos nuestros u$s1.000 a las bolsas de países emergentes.
Los mismos tuvieron un rendimiento positivo del 98% en la última década, siendo superior para el caso de Latinoamérica donde hubiésemos ganado u$s2.687 adicionales a nuestro dinero inicial en base a la data del Indice MSCI Emergentes y Latam (ambos en dólares).
El gran ganador del BRIC fue el mercado ruso, en el que habríamos ganado u$s6.976 extras (medido por el índice RTS ruso en dólares).
Si en cambio preferíamos invertir en activos menos riesgosos y comprábamos con nuestros u$s1.000 bonos de alto grado crediticio de compañías norteamericanas, hubiesemos casi duplicado nuestro dinero, ganando un poco más de u$s900.
El hecho es que los mismos lograron recuperarse de los bajos valores de 2008, ubicándose por encima de los correspondientes a 10 años atrás.
De hecho, si se retiraba el dinero invertido en los bajos niveles del año pasado, aún hubiésemos tenido un rendimiento positivo. Algo parecido hubiese pasado con los Bonos del Tesoro, obteniendo casi el mismo retorno, pero libres de todo riesgo.

Pero si realmente queríamos hacer valer nuestro dinero invertido, las commodities hubiesen sido la mejor opción. Si con el mismo dinero decidíamos comprar el equivalente a u$s1000 en contratos a futuro de barriles de WTI, y hoy decidiéramos venderlos, tendríamos en nuestros bolsillos u$s2075 extras sin tener en cuenta que a mediados del 2008 podríamos haber ganado más de u$s4.000.
Si usábamos nuestros ahorros para comprar onzas de oro, en 2008 hubiéramos obtenido una buena ganancia también. Pero si decidíamos mantener nuestras tenencias de oro a lo largo de la crisis, hubiésemos sido más beneficiados.
El hecho es que, a diferencia del resto de las commodities, el precio del metal superó los niveles pre-crisis (278% de rendimiento). ¿Qué hubo detrás de este fenómeno? Podríamos llamarlo, la necesidad de buscar un refugio frente a un escenario donde la mayoría de los activos parecían demasiado riesgosos para colocar nuestro dinero. Mientras que las economías mundiales se contraían, y la demanda por commodities agrícolas, energéticos e industriales caía, el oro era una buena opción para proteger el valor de de los saldos monetarios en dólares.
Por otra parte debemos destacar la fuerte depreciación del dólar. Si decidíamos en 2000 invertir en euros habríamos ganado cerca del 40%, en dólares australianos 35,6% y con el dólar canadiense 27,5%.
Si a principios de la década creábamos una canasta de divisas con países con los cuales comerció EE.UU. equivalente a u$s1.000 y adquiríamos dicho activo síntético, hoy hubiéramos perdido parte de este valor.
Es decir, si con estos dólares decidíamos volver a comprar la vieja canasta de monedas, hubiésemos sufrido un 22% de caída respecto a lo que teníamos en 2000. El temor de un incremento en los niveles de inflación ante el fuerte endeudamiento por parte del Gobierno como así también la inyección de dinero a la economía generaron en los inversores tanto privados como públicos la necesidad de buscar un activo seguro. Esto se da independientemente de la relación inversa que suele existir entre los commodities y el dólar, dado que el valor nominal de los mismos está denominado en dólares.
¿Pero que hizo que el precio de las commodities como el petróleo volvieran a resurgir? La respuesta la encontramos en las expectativas de crecimiento de las economías emergentes. El hecho que países como China comiencen a demandar commodities con el objeto de incrementar sus exportaciones generó que el precio de los mismos, entre ellos el cobre, el carbón o los plásticos, mostrara una mejora en los valores a los que se transan.
¿Por qué fueron los mercados accionarios los más golpeados por la crisis? Justamente la mayor aversión al riesgo que llevó a los inversores a refugiarse en el oro fue uno de los drivers que también generó un alejamiento de las bolsas mundiales. Ante la desconfianza acerca de los Fundamentals que estuvieron detrás del rally pre-crisis generaron un fly-to-quality hacia activos más seguros, entre ellos el metal precioso y los Bonos del Tesoro.
Un nuevo año comienza, momento clave para decidir qué debemos hacer con nuestro dinero, hacia donde dirigir nuestras inversiones.
Consideramos que los mercados accionarios continuarán creciendo, aunque seguramente no a la misma tasa a la que lo hicieron en el 2009 ya que lo hizo a la mayor tasa desde 2003. De todas maneras debemos tener en cuenta que a partir de la segunda mitad del año podríamos ver una posible toma de ganancias en las bolsas norteamericanas ante un ajuste en las políticas monetarias de la Fed como así también alrededor del mundo.
En un informe reciente de Research for Traders aconsejamos posicionarse en bonos de corto plazo denominados en dólares, siempre siguiendo de cerca las decisiones del Gobierno norteamericano. Los inversores deberían ya dejar de invertir en bonos largos a medida que las tasas de interés se incrementan dado que podrían sufrir una caída en los precios de estos títulos. El hecho que la licitación realizada el lunes pasado no haya recibido una fuerte demanda nos estaría dando la señal que los inversores se están alejando del mercado de renta fija.
Para las commodites, las perspectivas son positivas. A medida que la economía global se recupera comenzaremos a ver una reactivación en la demanda por estos activos. Es clave el desempeño de la actividad económica de China, ya que este país podría incrementar sus compras de metales industriales como así también energéticos.
Darío Epstein, presidente de Research for Traders
www.researchfortraders.com
Especial para iProfesional.com