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Miopía, hipermetropía y astigmatismo, ¿qué las diferencia?

Miopía, hipermetropía y astigmatismo, ¿qué las diferencia?
Las tres patologías oculares se presentan de forma hereditaria, aunque en algunos casos las causas son pueden ser diferentes
07.02.2019 14.51hs Health & Tech

Usar anteojos es una tendencia. Cada vez más, hay personas que eligen comprar un par simplemente para usarlos, sin motivación alguna. De la misma forma, en los últimos años ha aumentado la cantidad de personas que eligen no disimular su defecto en la vista y usa anteojos grandes, de modelos que no pasan desapercibidos.

Si bien los motivos para tener que utilizar cristales delante de los ojos son diversos, hay trastornos que se presentan con mayor frecuencia. Dado que en muchos aspectos son similares, es importante conocer cuáles son las características y síntomas que los diferencian. De este modo, será posible conocer más sobre la patología en cuestión y poder entender cómo puede tratarse.

Astigmatismo
El astigmatismo es una patología que afecta a la córnea -parte anterior transparente de los ojos- y provoca una alteración de su curvatura. El problema es que la luz que llega a los ojos no puede ser enfocada adecuadamente en la retina, lo que impide al cerebro crear imágenes nítidas.

Se trata de un trastorno que entra dentro del grupo que se conoce como errores refractivos o errores de refracción, es decir, es una alteración de la anatomía de los ojos que afecta la forma en que la luz llega a la retina.

En situaciones normales, la córnea y el cristalino presentan una curvatura bien redondeada, que hace que los rayos de luz sean refractados de forma que se unen en un solo punto en la retina, lo que permite al cerebro crear imágenes nítidas. En el paciente astigmático, la córnea o el cristalino presentan curvatura irregular, lo que hace que la luz no sea refractada de forma uniforme, provocando la formación de la imagen antes, después o en más de un punto de la retina.

Esta incapacidad para formar la imagen en un punto único impide que el cerebro pueda crear una imagen perfectamente en foco, tanto para objetos cercanos como a distancia.

La mayoría de las personas tienen algún grado de astigmatismo, ya que los cambios discretos en la curvatura del cristalino o de la córnea son comunes. Los grados ligeros de astigmatismo, sin embargo, no afectan la visión de forma relevante y no requieren tratamiento.

El astigmatismo es una condición muy frecuente. En la mayoría de los casos, las personas ya nacen con los cambios en la curvatura de la córnea que provocan el astigmatismo, y la probabilidad de que esto ocurra tiene que ver con la historia familiar.

Además de la historia familiar, otros factores de riesgo para el desarrollo del astigmatismo son el parto prematuro, el bajo peso al nacer, la cirugía ocular -como la corrección de cataratas- y el traumatismo ocular. Además, el ceratocone -enfermedad no inflamatoria del ojo que provoca cambios estructurales en la córnea-, la edad avanzada, los errores en la refracción preexistentes en el ojo -miopía o hipermetropía, por ejemplo- y las alergias oculares, también pueden ser factores de riesgo.

 

El principal síntoma del astigmatismo es la visión borrosa, ya sea cerca o lejos. El paciente también puede presentar fatiga en la vista o cefaleas. Entre otros síntomas se encuentran la necesidad frecuente de apretar los ojos para conseguir ver bien de lejos o leer de cerca, sensibilidad a la luz, visión a la luz, dolor en los músculos de los ojos, pérdida de la agudeza visual de noche y caída del rendimiento escolar en los niños.

Miopía
La miopía es un problema de visión que se caracteriza por la dificultad de enfocar objetos a distancia. Por el contrario, la persona que padece este trastorno es plenamente capaz de enfocar objetos que están cerca, por lo que puede leer un libro sin ninguna dificultad, por ejemplo. Sin embargo, cuando el objeto se aleja, todo comienza a verse borroso, por lo que les resulta difícil, o a veces hasta imposible, leer placas, identificar objetos y reconocer rostros.

La miopía suele ser un problema hereditario que puede desarrollarse de forma gradual o rápida, pero se suele agravar durante la infancia y la adolescencia.

Se trata de uno de los llamados errores refractivos más comunes, junto con la hipermetropía, la presbicia y el astigmatismo.

En situaciones normales, la forma del ojo, de la córnea y del cristalino es bien redondeada, lo cual permite que los rayos de luz sean refractados de forma que se unen en un solo punto en la retina. Así, el cerebro puede crear imágenes nítidas y claras.

Además de la genética, hay otros factores de riesgo que influencian en la formación de una curvatura inadecuada del ojo. Los principales son el tiempo de lectura prolongado, la exposición a la luz solar, un trauma en el ojo o la diabetes mellitus.

El principal síntoma de la miopía es la dificultad para enfocar la visión a la distancia. Cuanto más grave es la miopía, menor es la distancia en la que el paciente puede enfocar. Algunos de los síntomas que pueden indicar la presencia de miopía son la necesidad de sentarse más cerca del televisión o del pizarrón, no reconocer a las personas u objetos a la distancia y la necesidad de parpadear y frotarse los ojos más frecuentemente para enfocar los objetos.

Hipermetropía
En el paciente hipermétrope, la imagen se enfoca detrás de la retina y no directamente sobre ella. Este fenómeno puede tener dos causas: por un lado, el ojo del paciente hipermétrope puede ser más corto de lo habitual; por otro, la potencia óptica de su cristalino y/o de su córnea puede ser menor de lo normal.

Es importante tener en cuenta que la hipermetropía puede aparecer por sí sola o en combinación con astigmatismo.

 


Este defecto de la refracción afecta a la mayor parte de los recién nacidos, ya que su sistema visual todavía no está completamente desarrollado, algo que se conoce como hipermetropía fisiológica. Sin embargo, durante el periodo de crecimiento tiende a corregirse, pero no en todos los casos.

La hipermetropía no se puede prevenir, pero es muy importante detectarla de manera precoz para poder iniciar el tratamiento. Es por eso que resultan fundamentales las revisiones oftalmológicas periódicas y completas.

El principal síntoma de la hipermetropía es que el paciente percibe borrosos los objetos cercanos, aunque esta señal puede no aparecer o atenuarse si el paciente es joven y conserva su capacidad de acomodar la vista. Otros posibles factores indicadores de la hipermetropía pueden ser dolor de cabeza, dolor de ojos y fatiga ocular.

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