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Estudio: no hay relación entre las vacunas y una grave enfermedad

Estudio: no hay relación entre las vacunas y una grave enfermedad
En todo el mundo han surgido grupos que se oponen al uso de este tipo de inmunización, dado que alegan que puede ser riesgosa para la salud
10.03.2019 06.35hs Health & Tech

El movimiento de personas que se oponen al uso de las vacunas es una tendencia que ha comenzado a hacer ruido a nivel mundial. Como consecuencia, enfermedades que estaban erradicadas, ahora han vuelto a resurgir.

¿Cuál es el principal argumento? Además del supuesto daño a la salud y la consideración de que las vacunas son innecesarias, el motivo central de su oposición es que las señalan como causantes de enfermedades y trastornos, como por ejemplo, el autismo (Trastorno del Espectro Autista). Dicho de esta forma parece una afirmación completamente insólita, pero la realidad es que hay personas que la creen y que piensan de esta manera.

Sin embargo, se trata de una afirmación falsa, según concluye un estudio realizado en Dinamarca con una participación de más de 600.000 niños. Si bien hubo investigaciones previas que se han dedicado a desmentir el daño que podrían provocar las vacunas, el estudio danés ha sido el último.

La investigación se publicó el pasado lunes 4 de marzo en la revista Annals of Internal Medicine. El punto de partida fue la aparición de una teoría de que la vacuna conjunta de la rubéola, varicela y sarampión -conocida como triple viral- provoca autismo, que comenzó hace dos décadas tras la publicación de un artículo de Andrew Wakefield en 1998 en The Lancet. Allí, Wakefield sustentaba el hipotético vínculo entre la vacuna triple vírica y el autismo. Este estudio, que provocó el pánico y afectó a las tasas de vacunación en toda Europa, ha sido refutado en muchas ocasiones y, además, el investigador, —quien tuvo que retractarse en la misma revista por errores metodológicos que algunos expertos definen como "premeditación por su parte"—, llegó a perder su licencia de trabajo. A pesar de todo esto, la falsa conclusión del estudio se ha mantenido a lo largo de los años y ha resurgido recientemente en quienes se oponen al uso de las vacunas, sobre todo en las redes sociales.

Sin embargo, a pesar de que la teoría ha sido refutada y el investigador en cuestión ha sido apartado de la investigación, los expertos del estudio danés evaluaron si dicha vacuna incrementaba el riesgo de padecer autismo. Para ello, midieron las características de los niños y el tiempo transcurrido desde la vacunación. En total estudiaron a 657.461 nacidos en Dinamarca desde 1999 a 2010, y les siguieron desde el primer año de vida hasta agosto de 2013.

En todos los casos se evaluó si los pequeños fueron vacunados, si habían sido diagnosticados con autismo, si tenían algún familiar con este trastorno neurobiológico o si tenía algún otro factor de riesgo para padecerlo. Se siguieron en total a más de cinco millones de personas, de los que tan solo 6.517 menores fueron diagnosticados con autismo, una incidencia, según explican los autores, de 129,7 por cada 100.000 habitantes. No se observó ninguna diferencia entre los niños vacunados y los que no, y no se determinó ningún riesgo añadido para padecer TEA entre los vacunados.

"Nuestra conclusión es que la vacuna trivírica no incrementa el riesgo de padecer autismo", escriben los autores en la revista. Además, "no aumenta su diagnóstico entre los niños más susceptibles a padecerlo y no está relacionado con los casos de autismo que aparecen tras la vacunación". Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 160 niños tiene un TEA en el mundo. A su vez, es importante considerar que sus síntomas suelen comenzar en la infancia y persistir hasta la adolescencia y la edad adulta.

¿Cuáles son las causas del TEA?
Según la información de la OMS, la evidencia científica disponible indica la existencia de múltiples factores, entre ellos los genéticos y ambientales, que hacen más probable que un niño pueda padecer un TEA.

Además, la entidad señala que los datos epidemiológicos disponibles demuestran de forma concluyente que no hay pruebas de una relación causal entre los TEA y la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola. Los estudios anteriores que señalaban una relación causal estaban plagados de errores metodológicos. Es importante aclarar que esta parte de la información fue recientemente agregada a la web oficial de la OMS, ya que el estudio salió a la luz durante la semana en curso.
Asimismo, aclara que tampoco hay prueba alguna de que otras vacunas infantiles puedan aumentar el riesgo de TEA.

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