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Impuestos distorsivos: por qué la extrema presión fiscal lleva al contribuyente al "límite psicológico"

Impuestos distorsivos: por qué la extrema presión fiscal lleva al contribuyente al "límite psicológico"

Impuestos distorsivos: por qué la extrema presión fiscal lleva al contribuyente al "límite psicológico"
En las últimas décadas, la recaudación impositiva creció en relación al PBI del país. Sin embargo, no se tradujo en un aumento del bienestar colectivo
Por Claudio Zambito*
08.09.2020 15.21hs Impuestos

La presión fiscal o presión tributaria se refiere a la cantidad de dinero en concepto de tributos que los obligados (contribuyentes) pagan al Estado en comparación con el producto interior bruto (PIB).

En los últimos 20 años hemos observado un constante aumento de la recaudación fiscal comparada con el PIB.

Un país con impuestos distorsivos

En Argentina estamos contaminados por impuestos distorsivos (malos) que hacen daño a la competitividad del país, como el que grava a las exportaciones y el impuesto al cheque, que afecta en forma directa la actividad económica.

Por otro lado el impuesto a las ganancias se ha hecho popular para los trabajadores a través de la manipulación del mínimo no imponible, cuyo aumento va por debajo de la inflación y la recomposición salarial. Tengamos en cuenta que no se aumentó por 14 años, y alcanza a casi el 70% de los asalariados.

También este impuesto es distorsivo para las empresas, porque hasta hace muy poco se pagaba sobre ganancias nominales y que resultaban ficticias, estando hoy frente a un método de ajuste por inflación vetusto y que es el resultado del anacronismo académico, poco práctico e inentendible para el no profesional, y agregaría solo entendible el profesional especializado en el tema.

Claudio Zambito, presidente del Instituto Argentino de la Pyme.
Claudio Zambito, presidente del Instituto Argentino de la Pyme.

Adicionalmente, en la Argentina existe una alta carga tributaria sobre el consumo. Son los llamados impuestos indirectos, aquellos que se pagan (o que el Estado cobra) cuando se adquieren bienes y/o servicios.

Los principales tributos al consumo son IVA y los impuestos internos (de origen nacional), Ingresos Brutos (de origen provincial) y las tasas municipales de seguridad e higiene  que son de carácter municipal.

El mayor impacto de estos impuestos recae en los ingresos más bajos, ya que estas personas destinan una porción mucho mayor de sus ingresos al consumo que al ahorro.

Por lo tanto, a los impuestos que gravan el consumo los llamamos "impuestos regresivos", porque afectan más al ingreso de los que menos ganan, y por lo tanto una presión impositiva alta en este tipo de tributos estimula la informalidad, como lo venimos observando.

Cada vez más presión tributaria

La justificación de la existencia del Estado está puesta en la satisfacción de las necesidades públicas, mediante la recaudación de impuestos y el empleo de esos recursos por medio del gasto público. Esto es lo que conocemos como finanzas públicas, y por lo tanto el gasto público tiene efectos redistributivos en función del bienestar colectivo.

En Argentina es curioso el hecho que hubo un aumento significativo en la presión impositiva promedio del Estado nacional, que pasó del 15% del Producto Bruto Interno (PBI) en 1988 al 29% en la actualidad, no se tradujo en un aumento del bienestar colectivo, si no que la pobreza se incrementó a la par.

La pobreza tiene origen en una multiplicidad de causas, y un determinante clave es el mal uso que se hace de los recursos públicos. El crecimiento del gasto en los tres niveles de gobierno fue tan vertiginoso como el de la presión tributaria. Sin embargo, la mayor parte de esos recursos, incluso los que conforman el gasto social, no beneficiaron a los más pobres.

La mayor presión impositiva no se traduce en mejores servicios para la población.
La mayor presión impositiva no se traduce en mejores servicios para la población.

Es indiscutible que la presión fiscal se potencia cuando el ciudadano que paga sus impuestos debe descartar los servicios que presta el Estado por su deficiente calidad y contratar salud, educación y seguridad de forma privada. Y lo que es más contradictorio aún es que estos servicios poseen una importante carga fiscal adicional.

Por otro lado la presión fiscal es percibida como un obstáculo fuertemente disuasivo en la planificación de nuevos proyectos de inversión en Argentina.

Asimismo con las perspectivas de una presión fiscal agravada para 2020 que inferimos de fuentes y de proyectos del propio gobierno constituyen una creciente dificultad para que las empresas pongan en marcha nuevos proyectos.

En síntesis, la situación se refleja como intentar llenar de agua un balde agujereado; más dinero se recauda, más dinero de gasta.

Todo esto produce una enorme desazón el en el contribuyente, llevándolo al límite psicológico de la insatisfacción, que hace que no encuentre salida a la situación tomando medidas que no solo lo perjudican a él y su negocio, sino a la sociedad toda.

* Claudio Zambito es presidente del Instituto Argentino del la Pyme (IAP)

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