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La expansión silenciosa de la Tasa de Seguridad e Higiene y la imposición de deberes de recaudación municipales

En el derecho tributario hay una constante: lo que puede expandirse, se expande. Y en el ámbito municipal, esa expansión encontró una nueva frontera
08/04/2026 - 18:08hs
La expansión silenciosa de la Tasa de Seguridad e Higiene y la imposición de deberes de recaudación municipales

En el derecho tributario argentino hay una constante: lo que puede expandirse, se expande. Y en el ámbito municipal, esa expansión encontró una nueva frontera: la imposición de deberes de recaudación vinculados a la Tasa de Seguridad e Higiene (TISH), acompañada —como corresponde en estos tiempos— de multas de dimensión pedagógica (léase: millonarias).

La novedad no es conceptual. Es operativa.

El contribuyente ya no solo paga. Ahora también recauda.

La mutación funcional del contribuyente

La evolución es conocida, pero no por eso menos llamativa: primero fue contribuyente, después informante luego agente de retención y percepción y ahora… agente de recaudación municipal

El proceso tiene una lógica clara: el Estado conserva la potestad, el contribuyente asume la carga operativa. Sin estructura. Sin remuneración. Y, por supuesto, con responsabilidad plena.

Dicho sin eufemismos: el contribuyente se ha transformado en un "outsourcing involuntario" de la administración tributaria. -TISH + recaudación: el combo completo

En jurisdicciones como La Plata, este modelo ya funciona a pleno: regímenes de recaudación de TISH obligación de inscripción como agente, fiscalizaciones orientadas a detectar omisiones y sanciones de cuantía relevante por no haber "sabido" que había que inscribirse

La escena es conocida: el contribuyente descubre su obligación… cuando llega la multa. Y no una multa simbólica.

Una multa que invita a reflexionar sobre el concepto mismo de "formalidad".

Legalidad: entre la norma y la adivinación

El principio de legalidad exige algo bastante básico: que el obligado sepa que está obligado.

Pero en estos regímenes, la designación del agente muchas veces se mueve en una zona… creativa: normas de alcance general, criterios implícitos y baja difusión efectiva

Resultado: el deber existe, pero su conocimiento es… optativo.

Como diría Jarach (con algo más de diplomacia): la tipicidad no es un lujo del sistema, es su condición de existencia.

Sanciones: cuando lo formal pesa más que lo sustancial

El dato relevante no es solo la obligación.

Es la consecuencia de no cumplirla. Multas millonarias por no inscribirse como agente de recaudación

Aquí la ecuación se invierte: lo formal adquiere centralidad absoluta, lo sustancial queda en segundo plano y la sanción deja de ser accesoria para convertirse en protagonista

En términos menos técnicos: se castiga con máxima intensidad una infracción cuya propia configuración es, cuanto menos, discutible.

La dimensión federal: 2.200 maneras de complicarlo

Ahora bien, el verdadero problema no es un municipio.

Es el sistema. Argentina tiene más de 2.200 municipios.

Si cada uno decide implementar su propio régimen de recaudación de TISH, el escenario es previsible: múltiples inscripciones, múltiples regímenes, múltiples calendarios, múltiples criterios y múltiples multas

Todo para un mismo contribuyente.

El resultado no es complejidad.

Es otra cosa.

Es ingobernabilidad fiscal.

Porque hay un punto en el que la técnica tributaria deja de organizar la realidad…y empieza, directamente, a desordenarla.

La paradoja de la tasa

Y aquí aparece el dato incómodo. La TISH —en su formulación clásica— debería responder a una lógica de contraprestación. Pero en la práctica: su alcance es amplio, su vínculo con la prestación es discutido y ahora, además, genera deberes de recaudación

Es decir: se paga una tasa cuya contraprestación es difusa y además se colabora activamente en su recaudación. El sistema se vuelve, así, elegantemente circular.

Reflexión final

El fenómeno no es aislado ni accidental.Es parte de una lógica más amplia: trasladar funciones estatales al contribuyente bajo el ropaje de deberes formales.

Pero cuando ese esquema se replica en más de 2.200 municipios, la pregunta deja de ser jurídica y pasa a ser práctica: ¿es posible cumplir?

Porque cuando el contribuyente paga, informa, fiscaliza y recauda —en simultáneo y en múltiples jurisdicciones— ya no estamos ante un sistema tributario exigente.

Estamos ante un sistema que, sencillamente, presupone lo imposible.

Y como enseñaba Jarach —aunque probablemente no imaginó este escenario— cuando el sistema se aparta de la razonabilidad, no solo pierde legitimidad: pierde sentido.

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