Es argentino y es CEO de una empresa que convierte la ropa usada en un negocio lujoso
La historia de Luciano Arrighi no comenzó entre telas, sino entre balances y estructuras industriales. Egresado como perito mercantil y formado como contador en la UBA, transitó el camino que el éxito tradicional dicta: PwC, IBM y, finalmente, una carrera meteórica de 13 años en Ternium (Grupo Techint).
Allí, el mundo fue su oficina. Durante ocho años vivió como expatriado: seis en el corazón de Europa, en Luxemburgo, y dos en Monterrey, México, ocupando el sillón de CFO y Director de RRHH de un ambicioso joint-venture con Nippon Steel.
Tenía la cima corporativa bajo sus pies, pero el eco de una pasión antigua asomaba. "Desde chico supe que la moda tenía mucho que ver conmigo, que era un modo de expresarme sin hablar mucho porque era tímido", confiesa Luciano con la honestidad de quien ha encontrado su lugar.
Tomar la decisión de abandonar una carrera exitosa en una de las multinacionales más potentes del país fue un acto de valentía. Luciano sabía que no podía pasar el resto de su vida ignorando ese latido. "Sabía que mi pasión estaba en otro lado y no me imaginaba toda mi vida haciendo algo diferente a la moda". Con esa inquietud, se lanzó al estudio del lujo en París, Milán y Dubái, buscando las herramientas para lo que sería su verdadera misión: transformar la industria desde adentro.
La nueva definición del lujo: sostenibilidad como el valor supremo
¿Qué es el lujo hoy? Para muchos, sigue siendo el logo dorado o la exclusividad del precio. Para Arrighi, tras haber cursado un máster ejecutivo en management para la industria del lujo, la respuesta es mucho más profunda. En sus aulas europeas aprendió que el lujo se asienta en tres pilares: herencia, savoir-faire (saber hacer) y escasez. Sin embargo, en un mundo saturado de producciones masivas y tendencias efímeras que mueren en semanas, Luciano propone una redefinición disruptiva.
"Hoy hay una redefinición y la sostenibilidad es el nuevo lujo, con los consumidores en el centro de las decisiones", afirma con la seguridad de quien ve el futuro antes que los demás. Para él, el lujo contemporáneo es la pausa. Es el acto consciente de un consumidor que elige estar informado y que exige que las marcas respeten el medio ambiente.
En este escenario, Galpón de Ropa (GDR) no es una simple tienda de segunda mano; es una plataforma de curaduría donde cada prenda tiene una historia y una razón de ser. "Las prendas circulares, con historia y curaduría previa cumplen con esos criterios y ayudan a esta redefinición del lujo". Es el encuentro entre la estética y la ética, donde el propósito de recircular toda la ropa del planeta se convierte en una bandera de batalla que Luciano decidió liderar desde mayo de 2025.
La mística del Galpón: de un taller abandonado a la conquista del shopping
La épica de GDR no nació en una incubadora de negocios de Silicon Valley, sino en la inquietud de dos amigos, Gonzalo Ades Posse y Juan Ezequiel Báez, que en 2012 se hicieron preguntas que nadie más se hacía. Con solo 22 años, mientras uno era mozo y el otro recepcionista de madrugada, dedicaban apenas una hora al día a un sueño: crear un espacio donde comprar ropa usada fuera una experiencia de categoría. Empezaron con una web precaria y vendiendo en Facebook, pero el verdadero estallido ocurrió en 2014, cuando alquilaron un taller mecánico abandonado en Villa Crespo.
Lo llamaron "Galpón" y el nombre se convirtió en leyenda. Ese espacio marcó el ADN de la marca: una estética cuidada, procesos transparentes y una curaduría rigurosa que eliminaba cualquier prejuicio sobre la "feria americana". Lo que comenzó con ropa de amigos y familia, hoy es una operación robusta con ocho puntos de venta y un hito que cambió la historia del retail en Argentina: ser la primera marca de moda circular en entrar a un shopping (Alto Palermo). Para Luciano, este paso fue vital para posicionar la marca en un contexto de consumo masivo y demostrar que la moda circular no es un nicho, sino el futuro del consumo responsable.
El motor invisible: Tecnología y datos al servicio del planeta
Detrás de la estética bohemia y los percheros llenos de tesoros, Galpón de Ropa es una máquina de precisión tecnológica. Uno de los mayores orgullos de la gestión, y lo que Luciano destaca como un activo intangible invaluable, es el desarrollo de un software de gestión con tecnología propia. Este cerebro digital permite a la empresa tomar decisiones basadas en datos, manejando un volumen que hoy alcanza las 40.000 prendas por mes. No es casualidad que algunos de sus locales tengan una conversión de ventas superior al 50%; cada prenda está ahí porque los datos dicen que alguien la está esperando.
Este crecimiento, destaca Arrighi, ha sido puramente orgánico. "Todo el crecimiento fue orgánico y no recurrieron a inversión externa", explica, subrayando que la reinversión de los márgenes en tecnología y equipo les permitió mantener el control total de su visión. Esta solidez financiera es la que permite que GDR sea hoy una Empresa B certificada, validando su modelo de triple impacto. Los números son abrumadores: más de 2,7 millones de prendas recirculadas, lo que ha evitado la emisión de 40.000 toneladas de CO2 y el consumo de 10 billones de litros de agua. Luciano no ve solo balances: ve un impacto real que gestiona descartes con cooperativas de recuperadores urbanos y donaciones a escuelas, demostrando que la rentabilidad y el propósito no solo pueden convivir, sino que son el único camino.
El sueño latinoamericano: una bandera circular para la región
Luciano Arrighi no mira el éxito pasado, sino el horizonte. Su ambición es tan grande como su propósito. Hoy, GDR es un equipo de 94 personas, donde el 72% son mujeres y el liderazgo femenino es la norma en la operación diaria. Pero la mirada de Luciano ya cruzó las fronteras. El plan de vuelo está claro y se divide en tres ejes estratégicos que prometen cambiar el mapa de la moda en la región.
Primero, la expansión geográfica dentro de Argentina, llevando el modelo a ciudades donde la demanda clama por una alternativa circular. Segundo, la estructuración de un sistema de franquicias que permita escalar con velocidad sin perder la esencia de curaduría que los hace únicos. Y finalmente, el paso más audaz: la internacionalización. "Nuestro sueño es trascender las fronteras argentinas y ser referentes de la moda circular en América Latina", afirma Arrighi con una determinación que contagia. Para él, ser los primeros en escalar este modelo a nivel regional no es solo un objetivo de negocio, es una necesidad del planeta.
Luciano, el hombre que alguna vez gestionó el acero, hoy lidera una cruzada por la vida útil de las prendas, convencido de que la sustentabilidad ha dejado de ser un "extra" para convertirse en el requisito fundamental de toda industria. "GDR apostó desde el principio a ser una marca que cuida el planeta. Hoy nuestros clientes nos eligen porque quieren formar parte del cambio", concluye el CEO que se atrevió a cambiar de vida y hoy viste el futuro con el foco en la circularidad.