Una herramienta para evaluar los riesgos ambientales
El "calculador de riesgo aceptable" es en rigor una evaluación metódica, planteada en tres pasos o secciones bien diferenciados, que ayudaría a las empresas de todos los rubros a que diagnostiquen "científicamente" el punto en que los "incidentes" o "causalidades" relacionados con un negocio en particular comenzarían a afectar los ingresos proyectados.
El calculador, que apunta a "asegurar las prácticas de negocios" –según sostienen sus creadores– da cuenta, además, de cuáles son las mejores regiones en la Tierra para instalar emprendimientos peligrosos.
Según aseguran los representantes de Dow, la metodología permitiría a la "familia de negocios" tener un estándar de riesgos que refleje valores (de negocios) y permita supeditar factores humanos e incidentes ambientales a decisiones de negocios, de acuerdo con "los más sanos principios económicos".
"El riesgo aceptable está mucho más en la mente de Dow", reflexionó Erastus Hamm, CEO de la firma, en su presentación.
Cuestionario
Por medio de un formulario con tres secciones diferenciadas, el calculador es capaz de indicar si el daño ambiental o humano que provocaría un determinado emprendimiento se encuentra dentro de rangos "aceptables" en relación con las ganancias que daría en niveles normales de operación.
Para ello, incluye una primera sección en donde se describe el proyecto de negocios que se planea desarrollar. En la siguiente sección, pide que se ingresen las ganancias proyectadas junto con los daños potenciales, tanto a nivel humano como en el medio ambiente.
La escala para estos dos últimos va desde muerte, muerte violenta, enfermedades crónicas o discapacidades que afecten desde 1 hasta más de 10.000 personas, en el primer caso, así como deforestaciones, contaminación ambiental, desmoronamientos y otras catástrofes naturales inducidas por acción del hombre, en el segundo.
La presentación del "calculador de riesgo aceptable" estuvo a cargo de Erastus Hamm, representante de la gigante internacional Dow Chemical, ante una audiencia de alrededor de setenta banqueros, incluyendo a algunos de los más grandes inversores de la empresa.
Hamm comentó, entre otras consideraciones, cómo hubiera ayudado este instrumento si se aplicaba a algunos famosos "muertos en el placard" que tienen muchas de las grandes empresas globales, como IBM, cuando desarrolló la tecnología con la que los nazis identificaban a los judíos en la Segunda Guerra Mundial.
Pero inclusive citó el caso de la propia Dow, que con la fabricación del napalm y el famoso "agente naranja" que se utilizó en Vietnam marcó la pauta de los alcances que puede tener un proyecto de desarrollo.