El mayor error en un juicio laboral es no saber cuánto vale el pasivo
Un juicio laboral puede aumentar mientras sigue abierto. Usar provisiones desactualizadas puede distorsionar inversiones, acuerdos y decisiones
Durante años, muchas empresas evaluaron sus juicios laborales mirando únicamente el monto reclamado en la demanda o la última liquidación realizada por sus abogados. Esa práctica, que todavía sigue siendo frecuente, transmite una falsa sensación de control. La realidad es muy distinta. Un juicio laboral no es un pasivo estático: es un pasivo vivo, cuyo valor económico evoluciona permanentemente mientras el proceso judicial continúa.
Un reciente fallo de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, dictado en la causa "Villarreal c/ Federación Patronal Seguros S.A.", vuelve a poner esa cuestión en primer plano. Aunque el expediente trataba sobre un accidente de trabajo y la aplicación de la Ley de Riesgos del Trabajo, el mensaje que deja trasciende ampliamente ese caso particular.
Lo verdaderamente relevante no es el debate técnico sobre índices de actualización o intereses. Lo importante es que el tribunal recuerda que el crédito laboral continúa evolucionando económicamente durante toda la vida del juicio, mediante los mecanismos de actualización previstos por la legislación y la posterior aplicación de intereses. En otras palabras, el tiempo también tiene un costo.
Por qué el costo de un juicio laboral puede seguir aumentando
Ese aspecto suele ser subestimado por muchas organizaciones. Mientras la dirección concentra su atención en la facturación, los costos operativos, la carga tributaria o la evolución del mercado, los pasivos judiciales siguen creciendo silenciosamente. No generan alertas diarias, no aparecen en los reportes comerciales y rara vez forman parte de las reuniones de planificación estratégica. Sin embargo, pueden terminar teniendo un impacto significativo sobre la rentabilidad de la empresa.
En la práctica profesional es frecuente encontrar compañías que continúan utilizando provisiones calculadas hace dos o tres años. A partir de esos números toman decisiones tan relevantes como distribuir utilidades, aprobar inversiones, negociar el ingreso de nuevos socios o incluso fijar el precio de venta de la empresa. El problema es que esas decisiones pueden apoyarse sobre contingencias cuyo valor económico ya no guarda ninguna relación con la realidad actual.
La consecuencia aparece cuando el expediente avanza o llega el momento de negociar un acuerdo. La empresa descubre que el pasivo que creía conocer se transformó en otro completamente distinto. No necesariamente porque el trabajador haya ampliado su reclamo, sino porque el propio transcurso del proceso modificó el valor económico del crédito.
Ese fenómeno también altera la estrategia de negociación. Una empresa que conoce con precisión la evolución de sus contingencias puede identificar el momento más conveniente para alcanzar un acuerdo, evaluar correctamente el costo de continuar litigando y administrar con mayor racionalidad su exposición financiera. Por el contrario, quien desconoce el verdadero valor de sus pasivos pierde capacidad de decisión y negocia desde una posición de incertidumbre.
La enseñanza que deja este fallo excede ampliamente el ámbito jurídico. Administrar un juicio laboral ya no consiste únicamente en analizar quién tiene mayores probabilidades de ganar o perder. También exige comprender cómo evoluciona económicamente ese litigio mientras permanece abierto.
Cómo calcular el verdadero costo de los juicios laborales
Por eso, una adecuada gestión del riesgo laboral requiere revisar periódicamente todas las contingencias judiciales, actualizar su valuación económica y proyectar distintos escenarios financieros. Esa información resulta tan importante como cualquier indicador comercial o contable, porque permite tomar decisiones con datos reales y no sobre estimaciones que quedaron desactualizadas con el paso del tiempo.
Las empresas que mejor gestionan sus riesgos no son necesariamente las que tienen menos juicios. Son las que conocen, en todo momento, cuánto valen realmente esos juicios y qué impacto pueden tener sobre el negocio.
Porque, en definitiva, el mayor costo de un litigio laboral muchas veces no aparece el día de la sentencia. Comienza el día en que la empresa deja de medir correctamente el pasivo que ese litigio está generando.