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Tres de cada 10 empleados no le recomendarían a un amigo trabajar en su empresa

Tres de cada 10 empleados no le recomendarían a un amigo trabajar en su empresa
Una investigación confirma cuánto incide un jefe en la decisión de los profesionales de cada generación en permanecer o no en una compañía
Por Paula Krizanovic
18.02.2019 07.05hs Management

Tras haber perdido varios puntos de poder adquisitivo en 2018 y con el consumo y la actividad prácticamente frenados, muchos argentinos que todavía tienen empleo se aferran con todas sus fuerzas a sus sillas, para no tener que salir a enfrentar un mercado laboral más que complejo.

Pero a la vez, la mayoría no se resigna a no buscar mejores oportunidades, que pueden aparecer incluso de la mano de un competidor directo. Por eso, ni siquiera en situaciones recesivas las compañías pueden dormirse en los laureles en lo que refiere a la marca empleadora.

En este sentido resulta revelador el último reporte de la consultora AL Grupo Humano, que indica que el 68% de los más de 600 encuestados en el país le recomendarían a un amigo sumarse como empleado a la compañía en la que se desempeñan. Esto quiere decir, de acuerdo a la mencionada firma, que evalúan positivamente la marca empleadora, con independencia de cualquier otro factor.

Ese alineamiento es importante. Sin embargo, para Miguel Cortina, director de AL Grupo Humano, ese 32% restante que no recomendaría a sus amigos ingresar a la organización, es un número demasiado alto.

"Trabajamos estos temas en las compañías en medios de procesos de gestión de cambio para entender qué tan propensas están las personas a irse", explicó Cortina, y aseguró que si bien al 100% no se llega nunca, "generalmente tenés un 40% que está contento con el cambio, otro 40% que está expectante a ver qué pasa. Siempre un 15% o 20% como máximo es refractario, o porque recién se incorporó y se está asimilando a la empresa, o porque está hace tiempo y tiene un desgaste que es lógico (que puede ser con la empresa, con el jefe o con el proyecto)", añadió.

 

Al desagregar los datos, los investigadores encontraron que los baby-boomers y la Generación Z (centennials) son quienes están más contentos en su actual empleo que el promedio.

"Te pasa en tu primera experiencia, porque por más que el trabajo o tu jefe sea más o menos, todo te parece alucinante y siempre aprendés. Con lo cual, es razonable que los de la generación Z sean los más felices. Hay que recordar además que es la primera investigación en donde incluimos a esta camada", analizó Cortina acerca de los nacidos después de 1996 aproximadamente.

Asimismo, quienes han llegado a los mejores puestos también expresan un mayor nivel de concordancia con la compañía en la que se desempeñan, y lo mismo ocurre entre quienes trabajan en empresas extranjeras y grandes nacionales, respecto de las que trabajan en el Estado o en Pymes.

El jefe, factor crucial

En un segundo plano, a los participantes se les realizaron preguntas destinadas a entender qué evaluación hacen de su superior y qué consideran aspectos importantes en un líder.

En general, según se lee en el reporte, "quienes recomendarían la empresa a un amigo, prácticamente duplican la valoración de su jefe como motivo para permanecer en la misma, respecto de quienes no lo recomiendan".

 

"Pedimos mucho (cada vez más) a nuestros jefes. La relación de cercanía inevitable con ellos hace que la forma en que nos hacen sentir sea crucial para valorar nuestra experiencia laboral toda", añadió el director de la consultora.

Se utilizó una escala del 1 al 10de menor a mayor nivel de concordancia- para pedirles a los participantes que asignaran una valoración a la afirmación "tener al jefe que tengo es una buena razón para continuar en la empresa". Quienes recomendarían a su empleador a un amigo, le asignaron 6,3 en promedio a esa respuesta, mientras que quienes no le recomiendan a sus amigos trabajar en su misma compañía estuvieron menos de acuerdo (3,3) .

"En este sentido, surge nítida la evidencia de que no existe posibilidad de un buen vínculo profesional que no se sustente en un buen vínculo humano. Somos seres emocionales que sólo podemos dar lo mejor de nosotros cuando sentimos confianza mutua. Esto es, contar con nuestros jefes, pero también sentir que ellos confían en nosotros", concluyen los investigadores.

La encuesta se realizó entre octubre y noviembre de 2018 a mayores de edad que trabajan en relación de dependencia, de las cuales un 63% eran mujeres y el 37% restante hombres. Sin embargo, una de las cuestiones que más le interesó destacar a Cortina es que no encuentra en esta materia ninguna diferencia sustancial de género.

No son más ni menos las mujeres que le recomendarían su compañía a un amigo, ni las que se muestran satisfechas con la relación con sus superiores. "Estamos igualmente contentos e igualmente frustrados, no hay diferencia de género. Es una buena noticia", bromeó el director de AL Grupo Humano.

Al revisar las características que se valoran más en los líderes, lo que surgió claramente es que la posibilidad de que exista confianza, de que se deleguen responsabilidades sin asfixiar y se genere un ambiente de trabajo de colaboración y respeto, fueron las que obtuvieron mayor cantidad de menciones en general.

 

Aquí es donde cada subgrupo comenzó a mostrar diferencias. Por ejemplo, entre los mayores de la encuesta, que un jefe comparta información fue considerada la característica más importante. "Es algo muy generacional de los baby boomers. Cuando las empresas eran más 'quintistas', cuando no se trabajaba tan en equipo e integralmente entre sectores, retacearle información a otro sector era un factor de poder. Por eso para ellos tener un jefe que les comparta la información es algo relevante. A un gen Y o Z, si no le compartís la información relevante, renuncia", destacó Cortina.

"Hoy las personas en las compañías le piden información a su par de otro sector directamente, antes tenía que avisarle a su jefe que iba a pedirla para que hable con el jefe del otro y que lo autorice a darla", recordó.

En tanto que para las generación X e Y vuelve a aparecer en los primeros puestos el generar confianza y un buen ambiente de trabajo. En estas dos camadas, sin embargo, surge una comparación con otros referentes con los que se tiene contacto.  En la medida en que su actual empleador sea mejor que estos otros referentes, mayor es la alineación de la persona con la marca empleadora.

"Llega un punto en la carrera donde quizás el lugar no es el mejor, pero sentís que tenés un mejor jefe que los otros que tuviste hasta ahora y entonces esto es un factor para permanecer en la organización", dijo Cortina. "La generación Y está hiperconcentrada en su propia carrera, prefiere jefes que la favorezcan por encima de otros aspectos. Quieren asegurarse de estar con el jefe indicado. Es la única que compara doblemente, con los jefes anteriores y con los otros en la misma organización", añadió.

Por último, para la generación Z, que no tiene punto de comparación con otros superiores, vuelve a primar el tema de la confianza pero bajo la frase, "que me preste la oreja" y que el jefe "sepa lo que pienso".

"Es lógico que por estar viviendo las primeras experiencias laborales no hagan la comparación que si hace la generación Y. Valoran que les dejen hacer, que les den libertad de innovar y experimentar. Piden confianza y comunicación", dijo el analista.

Otra de las distinciones que realizó AL Grupo Humano con esta encuesta fue de a cuerdo a la posición de cada participante en la jerarquía de la empresa. Un cuarto de ellos eran gerentes, un tercio supervisores o jefes y el resto empleados sin personas a cargo.

Para quienes están en la cima de la pirámide, los directores y gerentes, es muy importante tener un jefe mejor que los anteriores. "Son super pragmáticos. Quieren alguien que se ocupe de su desarrollo y sea humano", opinó el experto en RRHH.

Por otra parte, "los jefes y supervisores, que son el 'jamón del sándwich', valoran la capacidad de resolver sin hacerse los desentendidos, que no pasen la pelota, que sean exigentes, confiables y sanamente ambiciosos. Creo que lo sienten como la locomotora ideal a la cual engancharse y crecer en tándem", opinó Cortina.

Y finalmente concluye que los empleaos que no tienen gente a cargo, "valoran la humildad del jefe como ningún otro. Son el único subgrupo que valora que un jefe no oculte sus limitaciones y sepa pedir ayuda".

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