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"Joven para jubilarse y viejo para trabajar": el valor de la experiencia laboral

"Joven para jubilarse y viejo para trabajar": el valor de la experiencia laboral
El 100% de la población forma parte de un sistema laboral disfuncional y discriminador, que es muy difícil de cambiar pero no imposible
Por Miguel Alfonso Terlizzi, presidente de HuCap
17.07.2019 09.28hs Management

La generación dorada es mucho más que los llamados "tradicionalistas" o "Baby Boomers". Tienen la cara, las manos, la mente, el corazón, los cinco sentidos (y hasta a veces se pintan canas). 

Cuentan también con un bien preciado: su edad. Repletos de experiencias, triunfos, fracasos, tropiezos, de lo que es la vida y de lo que significa aprender de lo bueno y lo malo. Pero al llegar a los 50, 60 o más, pasan a ser considerados "la vieja generación".

Como me decía un inolvidable amigo, gerente de sistemas y mejor persona, "llegás a los 50 y sos joven para jubilarte y viejo para trabajar".

¿Por qué desaprovecharlos, en el mejor de los casos, o descartarlos? ¿Cómo se sienten (o se las hace sentir) aquellas personas, las que en la filosofía del método RESE (Resultados Extraordinarios Sustentables y Equilibrados) "saben, quieren y pueden", pero las puertas se les cierran o se les abren para que se vayan?

Esta realidad desde que era muy chico la viví y la vivimos todos. Aún los más pequeños de las nuevas generaciones, todos nos preguntamos: ¿por qué mamá, papá, tíos, amigos, conocidos, no consiguen trabajo? Y la dolorosa respuesta es: "por viejos".

Pero no es tan así. Como decían nuestras abuelas, "viejos son los trapos". Y cuánta razón tenían. Hay personas que son, además de memorias vivientes, fuentes de sabiduría y experiencia, que van pasando la antorcha a las nuevas generaciones y que el fuego no se les apaga.

Digo que no es tan así porque a quienes denomino "generación dorada" en honor a esa invaluable experiencia, se los tiñe de blanco y "sobreviven". Ya sea porque se prepararon para dicha etapa de la vida o porque las empresas supieron valorar y cuidar ese patrimonio.

Es solo una forma más de las tantas de discriminar: o se dejan vencer por "el sistema" o realmente ni las empresas, que no son otra cosa que las personas que las crean y dirigen, ni los gobernantes hacen lo necesario para capitalizar esa sabiduría, entendida como el cúmulo de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el aprendizaje y la experiencia.

Ahora sí, al "sistema", culpable de teñir el color dorado de blanco, lo conformamos todos: las personas, los directivos de empresas, los políticos, los sindicalistas, los gobernantes. Si fuera considerado e interpretado como un sistema generativo y saludable en donde cada eslabón adopta el 100% de responsabilidad, dejaría de ser un sistema disfuncional.

Me refiero a que hay un 100% de responsabilidad de las personas de 50, 60 o mayor edad, que pueden seguir aprendiendo y aportando, prescindiendo del status o jerarquía alcanzada. Hay también un 100% de responsabilidad de las empresas en planificar las carreras de las personas, no solamente la de algunas como hacen la mayoría, según puedo atestiguar desde la consultoría. Y hay un 100% de responsabilidad del Estado, en no desentenderse y ser los primeros discriminadores, por proteger a los trabajadores de los tres poderes, al otorgar jubilaciones de privilegios, por ocupar un cargo determinado en ciertas funciones, o la incapacidad de mirar al espejo de los países que sí saben cómo aprovechar la sabiduría de las personas "entradas en canas".

Pero sería injusto generalizar. Hay muchísimas personas, directivos, políticos, gobernantes, ONG’s o simples ciudadanos que, aun siendo infinita minoría, aportan su granito de arena. Son los que no se rinden, piden ayuda y se dejan ayudar, los jóvenes que salen a brindar abrigos en invierno o comida a quienes están en situación de calle y fuera del sistema (el disfuncional).

Mi reflexión -opinión, realidad o utopía- es que todos podemos hacer lo necesario, aunque tal vez no lo suficiente. Así como se logra madurar y aprender que estamos en una nueva etapa, solo podremos cambiar entendiendo que el mercado laboral es el resultado de lo que las sociedades generan. Personas, pueblos, naciones que conviven bajo normas comunes.

Einstein decía que la locura es hacer una y otra vez lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Lo debemos cambiar, lo podemos cambiar. Depende de todos, del 100% de la responsabilidad de cada parte del sistema. Y así crear un verdadero sistema generativo saludable, que llevará mucho tiempo, que no es imposible, pero sí improbable si seguimos haciendo más de lo mismo.

Comencé diciendo que la generación dorada es mucho más que los llamados "tradicionalistas" o "Baby Boomers". Son miembros de un sistema disfuncional del mercado laboral en nuestro país y en muchos otros, pero no en todos.

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