La Selección argentina, del líder autosuficiente a un equipo con marca propia
Cada vez que juega la Selección Argentina, el país se detiene. Se discute la táctica, el banco de suplentes, quién debería jugar. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en algo mucho más interesante para quienes lideramos equipos: detrás de ese grupo, hay una estructura de confianza construida durante años, mucho antes de que arranque el partido. Ahí el fútbol deja de ser un juego y se convierte en un espejo incómodo para el mundo de los negocios.
Durante mucho tiempo se instaló la idea del líder autosuficiente: el que decide en soledad, el que no muestra dudas, el que "tiene que saber todo". Es una idea muy instalada en las empresas argentinas, sobre todo en pymes y estructuras familiares, donde el fundador siente que pedir ayuda o mostrar red es sinónimo de debilidad.
Pero ningún entrenador arma un equipo campeón solo. Se rodea de un cuerpo técnico, de analistas, de gente que ve lo que él no ve. Y cuando toma la decisión más difícil, lo hace después de escuchar otras miradas. Con los líderes empresariales pasa lo mismo: las decisiones que más transforman una empresa -expandirse, cambiar de rumbo, sumar un socio- rara vez nacen de una sola cabeza. Nacen de conversaciones con otros que atraviesan procesos similares y que pueden correr el eje de una discusión.
El equipo de las grandes marcas personales
Otro punto en común: casi ningún jugador llega a la Selección sin haber tenido visibilidad. Antes de vestir la camiseta, cada uno construyó una trayectoria pública en clubes de gran reputación a partir del su talento. La Selección no inventa jugadores, los visibiliza en un escenario más grande.
Con las marcas personales de los líderes pasa igual, y es algo que insisto en instalar en cada charla: la visibilidad estratégica no es vanidad, es un activo de negocio. Un líder que se posiciona con coherencia -que comunica en qué cree, qué visión tiene sobre su industria, qué lo diferencia- no solo construye su propia marca: construye valor percibido para la empresa que representa.
Sin embargo, todavía me encuentro con muchas pymes, organizaciones y empresas que no invierten en visibilizar a sus líderes, como si mostrarse fuera un riesgo y no una oportunidad. La Selección Argentina nos demuestra lo contrario: cuanto más fuerte es la marca individual de cada jugador, más fuerte es la marca colectiva del equipo.
Nadie arma su red de contactos el día que la necesita. Los jugadores se conocen, conviven y construyen confianza en cada concentración, mucho antes de la final que todos miramos por televisión. Ese vínculo no se improvisa en el momento decisivo: se entrena.
Con el networking profesional pasa igual. Los espacios de intercambio entre líderes -muchas veces subestimados como algo "social" y no estratégico- son en realidad el entrenamiento silencioso del que salen las mejores decisiones. Las alianzas y los cambios de perspectiva más importantes en la carrera de un líder casi nunca nacen en la oficina, nacen en una conversación fuera de agenda, con alguien que mira el mismo desafío desde otro lugar.
La pregunta que más me resuena últimamente es: ¿existen espacios reales donde pensar en voz alta con otros pares, sin la presión de demostrar algo? Por eso trabajo a diario en crear esas oportunidades. Porque como en cualquier selección, los grandes logros individuales siempre tienen forma de equipo detrás. Y en los negocios, eso no es una metáfora: es una estrategia.
*Laura Lobato es speaker, PR y fundadora de la agencia de comunicación boutique Dos Eles, creadora de After Leaders, un espacio de networking profesional que ya lleva 10 ediciones, y de +Mind, un programa de desarrollo para líderes empresariales.