El fenómeno de los "manteros" se expande y ahora se hace fuerte en Caballito
A poco más de un mes del desalojo de los manteros de Florida, los comerciantes de la zona de Caballito, entre el 5.000 y el 5.400 de la avenida, en el corazón de del barrio porteño, denuncian que cada vez más vendedores ilegales se instalan en el lugar y generan menos ventas.
"Compiten con lo que yo vendo: relojes, joyas y despertadores, a mucho menor precio", dice Liliana Cohen, dueña de una joyería unicada en Rivadavia al 5.200. Hizo colocar frente a su local dos macetas de cemento con arbolitos para impedir que se instalaran en la entrada.
"Se pusieron igual y hasta apoyaron cosas arriba y las rompieron", denuncia Cohen, y afirma que su rubro es uno de los más vulnerados. A la misma altura, pero sobre la vereda de enfrente, Ariel, el dueño de una joyería, calcula que vende un 20% menos a causa de los manteros.
"Es injusto, porque nosotros tenemos una presión fiscal muy grande, controles continuos de la AFIP y de la municipalidad, y ellos no pagan nada", dice, y agrega que siempre hubo mantas, pero que "desde que sacaron las de Florida hay más . Se ubican al tope de la capacidad de la vereda en los dos lados de Rivadavia. A la tardecita no hay lugar para cruzar", explica al matutino Clarín con énfasis.
"Los fines de semana es peor", suma Sonia, que además de relojes vende carteras, collares, monederos y llaveros. "Febrero siempre fue malo, pero ahora es peor, la venta bajó un 30% y es por los manteros; se instalan en la puerta con todo lo que vendo yo", sentencia.
Según Clarín, los manteros llegan a la mañana temprano y se instalan entremezclándose con los artesanos.
"Cuando abro, a las 9.30, ya están", puntualiza Victoria, dueña de una casa de ropa para señoras, cerca de la esquina de Hidalgo y Rivadavia. Aunque no compitan directamente con su negocio, lo que le preocupa es la inseguridad. "Hay más arrebatos, porque la gente se para a mirar y se distrae, o porque los que quieren circular tienen que aminorar la marcha y se amontonan, y eso facilita el trabajo de los rateros", dice.
La entrada del Village Caballito, en Rivadavia 5.071, es uno los puntos más problemáticos debido a la cantidad de gente que se junta. Manta contra manta, se forma allí una masa compacta donde la mercadería parece una melaza confusa de formas y colores, entre anteojos, remeras, medias, bolsos, bombachas y estuches para CD. "Es una ubicación estratégica y casi ni se puede pasar", explica Liliana.
En Hidalgo y Rivadavia, el encargado de un local de ropa deportiva sale a echar a un mantero que, a dos metros de la puerta, vende las mismas medias que hay dentro del local. "Tengo orden de sacar a los que venden cosas con la marca. Le digo que se vaya o llamo a la Policía", asegura a Clarín el empleado, que pide no dar su nombre.
A veces, "muy de vez en cuando", dice Sonia, la policía saca a algunos. Pero vuelven. Parte del problema radica en que Acoyte y su continuación, José María Moreno, es el límite de la jurisdicción de dos comisarías.
Rivadavia, desde el 5.000, está bajo la comisaría 12, pero Parque Rivadavia, otro de los puntos con gran cantidad de manteros, está bajo la 10. Según los comerciantes, cuando los sacan de una jurisdicción se van a la otra.
"No son los manteros de Florida; a ellos los conocemos", asegura Diego Santilli, ministro de Ambiente y Espacio Público. Agrega que hay inspecciones, pero que la Policía Metropolitana no puede actuar hasta que no tenga jurisdicción en la Comuna 6.
"Estamos trabajando con la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) en varios puntos de la Ciudad para que no sea una Florida II", cierra el ministro, quien confirma que la zona más complicada en Caballito está en Acoyte y Rivadavia.
Desde la Cámara de Comercio de Caballito afirman que hubo un incremento gradual de manteros, pero tampoco lo vinculan al desalojo de Florida. "Hay manteros hace por lo menos 15 años", dice Hugo Colombo, y agrega: "Hay comerciantes que se quejan porque por su culpa no alcanzan a pagar el alquiler".
Parque Rivadavia, insiste, es el núcleo: "Los fines de semana hay de 80 a 100 mantas en las veredas y sólo 7 u 8 son artesanos. Venden hasta alimentos para perros. Ya hicimos varias quejas formales ante el Gobierno".