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Molinos "maquilla" sus pérdidas gracias a una operación inmobiliaria

Molinos "maquilla" sus pérdidas gracias a una operación inmobiliaria
La compañía de los Pérez Companc presentó un balance positivo por $1.680 millones, pero se trata de un resultado impactado por la venta de su sede central
Por Andrés Sanguinetti
03.12.2020 15.01hs Negocios

Al igual que la mayoría de las empresas del sector alimenticio, Molinos Río de la Plata sigue atravesando un período de inestabilidad financiera producto de la fuerte caída del consumo y del impacto que las medidas sanitarias para combatir el Covid-19 causaron en la economía del país.

Si bien su último balance general correspondiente a los primeros nueve meses del año reporta una ganancia contable de $1680 millones, se trata de un resultado positivo alcanzado gracias a la venta de sus oficinas centrales ubicadas en la localidad bonaerense de Victoria.

La transacción le permitió reportar en su balance un resultado positivo extraordinario de $1.821 millones. Pero al descontar el resultado de este deal inmobiliario del total del negocio, la alimenticia controlada por la familia Pérez Companc registra un pérdida de $141 millones.

Según se desprende del informe que Molinos envió a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, sus ingresos operativos alcanzaron los $33.375 millones entre enero y septiembre, marcando un crecimiento del 9,4% respecto a igual período anterior.

Sin embargo, no ha conseguido poner en positivo su operación a pesar de haber implementado una rigurosa política de reducción de gastos, cuyo impacto representó una mejora en el resultado de $535 millones.

Ya en el primer trimestre del año, la compañía reportó una suba de costos por ventas del 6.5% que representaron el doble de los ingresos operativos, lo que resultó determinante para el resultado de ese período, impactando en un significativo deterioro de su margen bruto.

Un "año complejo"

Fuentes cercanas a la compañía aseguraron que Molinos viene atravesando un año complejo, primero por las dificultades que trajo la crisis sanitaria del Covid-19, a lo que se sumó un constante aumento de sus costos, en especial las materias primas, que no pudieron ser trasladados a los precios.

Esto se debió a la política de congelamiento que lleva adelante el Gobierno en el sector de alimentos a partir de programas como los de Precios Cuidados y Precios Máximos, en los cuales la compañía participa con gran parte de su portfolio de marcas.

"Si bien sus ingresos crecieron, mayormente en el primer semestre, los resultados del negocio no son buenos y lo informado en el balance a septiembre obedece a la venta de las oficinas realizada a mitad de este año", argumentan las fuentes consultadas por iProfesional.

Esta operación obligó al traslado de su sede social a las oficinas que posee en la calle Bouchard 680, piso 12°de la Ciudad de Buenos Aires y le permitió, en parte, equilibrar las pérdidas que viene acumulando desde hace tres años.

El establecimiento del cual se desprendió se ubica en la calle Uruguay 4075 de Victoria, que hasta llegó a funcionar como un centro de almacenamiento.

La alimenticia explicó que el aumento de costos no pudo ser trasladado a precios.
La alimenticia explicó que el aumento de costos no pudo ser trasladado a precios.

En el predio solamente permanecía la sede administrativa de la compañía ya que el resto de las operaciones habían sido desmontadas hace ya algunos años para ser trasladadas a centros más modernos como los de las localidades bonaerenses de Esteban Echeverría y Tortuguitas, donde se hicieron inversiones para nuevos centros de almacenamiento robotizados.

En su momento, Molinos había enviado un documento explicativo de la venta en el cual sostuvo que la operación "contribuirá a que pueda equilibrar sus resultados netos, producto de una ganancia extraordinaria no recurrente en un momento en que se ve imposibilitada de trasladar a los precios de su cartera de productos los relevantes aumentos de costos".

La transacción también le permitió mejorar sus indicadores de liquidez al aplicar los fondos a la cancelación de deudas, manteniendo intactas sus capacidades productivas estratégicas.

Si bien el core business de Molinos es la producción y venta de alimentos, esta transacción inmobiliaria le sirvió para achicar los resultados negativos que viene mostrando en sus últimos balances.

Al punto que las fuertes pérdidas en sus operaciones, afectadas por la caída de la demanda y la imposibilidad de trasladar los mayores gastos al precio de sus productos, alcanzan hoy a un acumulado de $5.000 millones, entre el 2017 y lo que va de este año.

Su último balance en el que reportó ganancias fue el del 2016 cuando cerró con un saldo positivo de $880 millones. En ese año, la empresa todavía no había escindido su negocio a granel que luego separó para operar con el nombre de Molinos Agro.

De hecho, en el 2016 fue el segmento de mayor desempeño, con exportaciones agroindustriales que le reportaron los mayores ingresos y un área de marcas afectado por incrementos de costos, no trasladados a precios.

La producción, en marcha

De todos modos, Molinos no tuvo necesidad de reducir las operaciones en sus plantas o de suspender o despedir personal como ocurrió en otras compañías competidoras para enfrentar el escenario negativo.

Además, la empresa continuará enfocada en "desplegar la fortaleza de sus marcas para potenciar el crecimiento, apoyados en los programas de productividad y modernización implementados en los últimos años", tal como aseguran las fuentes.

La performance de Molinos se suma a las de otros grandes grupos alimenticios como Arcor y Mastellone.

En el caso de la compañía de la familia Pagani, registró un saldo positivo en estos primeros nueve meses pero a partir de una serie de medidas tomadas para reducir costos y mantener niveles adecuados de liquidez.

La fórmula le permitió revertir fuertes pérdidas sufridas el año pasado por $3.547 millones y presentar un balance con ganancias cercanas a los $4400 millones desde enero.

Si bien, en comparación con el mismo período del año anterior, las ventas totales disminuyeron 4,4% con relación a los $126.501 millones de enero a septiembre del 2019, la performance actual se debió a diferentes acciones iniciadas que implicaron reorganizaciones operacionales.

En 2019, la mayor alimenticia de la Argentina, sufrió las consecuencias de la diferencia de cambio sobre la deuda en dólares, producida por la devaluación del peso, mientras que este año se vio favorecida por esas medidas de contención de gastos, un estricto control de los niveles de stock, un adecuado manejo del capital de trabajo y un menor nivel de deuda, con la consecuente reducción de cargos financieros.

Frente a este escenario, el grupo optó por aplicar políticas tendientes a mantener niveles adecuados de liquidez, a efectos de asegurar el cumplimiento de sus obligaciones y financiamiento de las operaciones.

Arcor, otra alimenticia afectada por los topes a los precios.
Arcor, otra alimenticia afectada por los topes a los precios.

Pero, al igual que Molinos, el escenario para el desarrollo de los negocios de Arcor se vio impactado por el congelamiento de precios implementado por el Gobierno y por la situación epidemiológica relacionada al brote del Covid-19, que afectó los volúmenes de ventas de algunos de sus negocios.

En el caso de Mastellone, donde Arcor ya controla casi el 49% del capital, la situación es mucho más preocupante si se tiene en cuenta que en el mismo período sufrió una pérdida de $1785 millones.

Desde la dueña de la marca La Serenísima también apuntaron al congelamiento de precios dispuesto por el Gobierno como el causante de sus malos resultados.

La empresa tiene todos sus productos en los Precios Máximos y solamente obtuvo una mejora del 3% en julio pasado y después un 2% en septiembre último, subas que consideran insuficientes frente a una suba de costos en lo que va del año superior al 40%.

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