El Gobierno rechazó el pedido de auxilio financiero de Garbarino

El Gobierno rechazó el pedido de auxilio financiero de Garbarino
El Ministerio de Desarrollo Productivo desestimó el pedido de la cadena para inyectar fondos a un fideicomiso creado para comprar mercadería y pagar deuda
Por Andrés Sanguinetti
03.09.2021 15.45hs Negocios

Finalmente, el Gobierno rechazó asistir financieramente a Garbarino, tras analizar el pedido que habían presentado ejecutivos de la mayor cadena de electrodomésticos del país a principios de agosto pasado.

El pedido de auxilio había sido cursado ante el Ministerio de Desarrollo Productivo que conduce Matías Kulfas, luego de un encuentro entre el funcionario y ejecutivos de la empresa propiedad de Carlos Rosales.

Según fuentes cercanas al devenir diario de Garbarino, la propuesta para obtener fondos estatales que permitan paliar en parte la grave situación financiera que atraviesa la cadena no había convencido desde un principio a las autoridades nacionales.

De hecho, el propio Kulfas no estaba convencido de que un préstamo oficial fuera la forma adecuada para que la compañía mitigue sus problemas financieros, en especial para que con fondos públicos redujera el abultado pasivo d $15.000 millones.

Por eso, y luego de algunas semanas de análisis profundo, los asesores del ministro Kulfas aconsejaron desestimar el pedido, argumentando que el Gobierno ya canalizó algo más de $1.000 millones a la compañía a través de los programas de ayuda al sector privado para paliar los efectos económicos negativos que generaron las medidas sanitarias dispuestas para combatir la pandemia del Covid-19.

Es decir, abonando el 50% de los salarios de los 3.800 trabajadores que contemplan los llamados ATP desde que se lanzaron en abril del año pasado, y también mediante las diferentes etapas de los Repro, así como por las exenciones al pago de los aportes patronales.

A esto se habría sumado cierto malestar por las formas en que Rosales viene gestionando la crisis financiera de Garbarino y el comportamiento del empresario con los 3.800 trabajadores que, en su mayoría, se encuentran sin tareas y sufren retrasos en el cobro de sus salarios.

La molestia se habría incrementado tras conocerse denuncias gremiales sobre la discrecionalidad con que la empresa habría utilizado la devolución de las retenciones en exceso que realizó la AGIP, la agencia de recaudación tributaria de la Ciudad de Buenos Aires.

Representantes sindicales le hicieron llegar al gobierno nacional quejas por entender que los $225 millones depositados en la cuenta de empresa se distribuyeron únicamente entre los trabajadores que no participaron de las tomas de locales o quienes, a pesar de no tener mercadería para vender, mantuvieron las actividades en las sucursales.

Todas estas decisiones parecen haber contribuido a no formar una buena imagen de Rosales en algunas dependencias oficiales donde el empresario carece de respaldo y en donde lo responsabilizan por haber profundizado todavía más la grave situación que había heredado al comprar Garbarino en junio del año pasado.

En vano resultaron entonces las negociaciones para que el Ministerio de Desarrollo Productivo inyecte fondos en un fideicomiso constituido por la compañía con el objetivo de recuperar el volumen de mercadería necesario para satisfacer las demandas de sus clientes; incrementar el flujo de caja disponible y regularizar las moras en los pagos de sueldo, tanto como con proveedores y otros actores acreedores involucrados en la operatoria.

Con este fracaso a cuestas, habrá que esperar para conocer la decisión que también adoptarán supuestos inversores interesados en comprar parte del capital accionario de la cadena y que, según fuentes de Garbarino, también tributarían al fideicomiso para la compra de mercadería, entre otras cuestiones.

En el corto plazo, una salida eventual que le podría acercar fondos al grupo que orienta Rosales provendría de la cesión del 51% del paquete accionario de Compumundo mediante un proceso de remate de 58.650.000 de acciones que son propiedad de Garbarino y que integra el grupo de sociedades del holding junto con Garbarino Viajes; la financiera Fiden y las plantas Tecnosur y Digital Fueguina.

La operación se llevará a cabo el próximo 15 de septiembre a las 11 de la mañana por cuenta y orden del Banco VOII y el valor nominal de cada una de las acciones será de $1 a los cuales además les corresponderá a un voto por acción emitida por Compumundo.

Según se desprende de la convocatoria del remate, las condiciones de pago de cada acción serán al contado, en efectivo y al mejor postor, aunque se admite abonar por transferencia o cheque emitido por entidad bancaria domiciliada en la Ciudad de Buenos Aires.

Se supone que el dinero recaudado por esta operación también se orientará a incrementar la caja de Garbarino para poder operar y, de manera, paulatina, retomar normalmente sus actividades en todo el país.

Por ahora, la situación de la compañía sigue siendo crítica, con empleados que todavía no tienen sus ingresos normalizados; una gran cantidad de los 200 locales cerrados o sin mercadería; proveedores que reclaman el cobro de sus facturas y acreedores que acuden a la justicia para solicitar la quiebra de Garbarino como ya sucedió con Aerolíneas Argentinas y Boca Juniors, entre otros.

Los $15.000 millones de pasivo que acumula la empresa fueron generados a partir de deudas con proveedores, bancos y compañías financieras a las que Rosales acudió para sostener el negocio a flote desde que asumió el control de la cadena.

Por lo menos, desde que rechazó la oferta de compra de la cadena que había presentado Facundo Prado, dueño de Supercanal, hace unos meses.

Antes de esta situación, Rosales había llegado a un acuerdo con los bancos para reestructurar una deuda de $5.000 millones, y con los acreedores para pagar otros $7.000 millones. De todos modos, continuó pidiendo dinero a financieras y mutuales por un monto global de más de $3.500 millones.

En el mercado entienden que la quiebra de Garbarino no sería conveniente para ninguno de los involucrados, en especial para sus propios acreedores en su mayoría empresas proveedoras de los artículos que la cadena ofrece y que cada día que pasa son menos por el rechazo de las empresas a seguir abasteciendo a la cadena mercadería, ni siquiera en consignación.

Tal como ya anticipó iProfesional, se asegura que el giro de fondos necesario para poner en marcha Garbarino nuevamente rondaría los $4.000 millones, dinero que le permitiría rearmar su capital de trabajo y volverla nuevamente operativa. A esto le debería agregar otra suma parecida en avales para convencer a los proveedores de que abastezcan la cadena nuevamente.

Promesas incumplidas

Cuando Rosales desembarcó en Garbarino, en plena pandemia del Covid-19 y después de haber sellado un acuerdo con la familia fundadora de la cadena, prometió hacerse cargo de la profunda crisis financiera que sufría la empresa desde el 2018, cuando comenzaron sus problemas producto de la recesión de la economía y de la fuerte caída del consumo de electrodomésticos.

Pudo reestructurar la deuda que la cadena tenía con un grupo de bancos liderados por el Santander y el Galicia, que buscaban cobrar $5.000 millones.

También mantuvo negociaciones para resolver el reclamo de los proveedores locales y extranjeros de la empresa a los que se les adeudaban otros $7.000 millones.

En la actualidad, la mayoría de los locales de Garbarino permancen cerrados o tomados por el personal
En la actualidad, la mayoría de los locales de Garbarino permanecen cerrados o tomados por el personal

Además, comenzó a desarrollar una nueva estrategia comercial basada en un mayor uso de las herramientas tecnológicas y el comercio electrónico.

Su plan de negocios se basaba en transformar las 200 sucursales de Garbarino en tiendas online con punto de entrega para convertirlas en un canal virtual que permita a los proveedores potenciar sus marcas de la mano de ofertas, promociones y planes de cuotas dirigidos a los consumidores.

También esperaba lanzar su propia billetera virtual o asociarse a varias de las que ya operan; impulsar el ecommerce y cerrar acuerdos con empresas de delivery para que los clientes puedan comprar mayormente de manera remota.

Sin embargo, la realidad fue otra, muy diferente a la imaginada. La empresa siguió sufriendo por las restricciones económicas impuestas por las medidas sanitarias para combatir la pandemia y por la recesión que derrumbó las ventas de productos electrónicos.

A esto se sumaron las medidas del Gobierno que imponen restricciones a las importaciones de ciertos productos y componentes que Garbarino necesita para comercializar y para su planta de Tierra del Fuego.

Tampoco logró reducir sus costos fijos para transformar su estructura en cuanto a cantidad de empleados y locales a un escenario como el que le toca atravesar.

Actualmente, y con la deuda que se sigue acumulando, retraso en el pago de los salarios al personal, locales cerrados o sin mercadería y falta de fondos para evitar el default, la situación para Garbarino se complica a diario.

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