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ALERTA

Del "made in Argentina" al boom importado: qué empresas reconfiguran su negocio con la apertura

La pregunta es si se trata de una transición a una economía más integrada y competitiva o de un proceso que puede debilitar eslabones productivos locales
04/03/2026 - 18:40hs
Del "made in Argentina" al boom importado: qué empresas reconfiguran su negocio con la apertura

En medio de un debate cada vez más visible sobre el rumbo del comercio exterior, la apertura de las importaciones volvió al centro de la escena económica. Mientras sectores industriales y advierten sobre un proceso "indiscriminado" que pone en riesgo empleo y producción local, otros puntos de vista sostienen que el esquema actual está lejos de ser extremo si se lo compara con economías de la región como Chile o Uruguay, donde el grado de apertura es históricamente mayor.

La discusión, sin embargo, dejó de ser abstracta. Más allá de los argumentos técnicos sobre aranceles promedio o niveles de protección efectiva, el cambio empezó a reflejarse en decisiones empresarias concretas y en la reconfiguración del entramado productivo argentino.

En los últimos meses, compañías de distintos sectores —desde la química y la autopartista hasta la línea blanca, la indumentaria y el consumo masivo— ajustaron sus modelos de negocio. Algunas cerraron plantas y pasaron a importar productos terminados. Otras redujeron drásticamente su integración nacional y ampliaron el peso de proveedores asiáticos o regionales. En paralelo, las góndolas de los supermercados volvieron a llenarse de marcas extranjeras que durante años habían perdido presencia.

El fenómeno no responde a un único patrón. En ciertos casos, las empresas argumentan decisiones globales de reestructuración o búsqueda de mayor eficiencia. En otros, admiten dificultades para competir en costos frente a productos importados, en un contexto de menor restricción comercial y mayor previsibilidad cambiaria. El resultado es un mapa industrial que comienza a moverse.

A partir de allí, la pregunta que sobrevuela es si se trata de una transición hacia una economía más integrada y competitiva o de un proceso que puede debilitar eslabones productivos locales antes de que logren adaptarse.

Cómo el "made in Argentina" pierde peso frente a lo iportado: casos concretos

En ese escenario, ya se acumulan casos concretos que muestran cómo el "made in Argentina" pierde peso frente al producto importado.

Uno de los casos más recientes fue el de la multinacional química suiza Clariant, que anunció el cierre definitivo de su planta en Zárate y el cese de la producción local para pasar a comercializar productos importados desde Brasil. La decisión implicó la desvinculación de 50 trabajadores y la salida de un actor industrial con años de presencia en el país.

En la industria autopartista, la sueca SKF confirmó que dejará de producir en su planta de Tortuguitas, donde empleaba a 145 personas, y que abastecerá el mercado local con productos importados desde Italia, China, Bulgaria y México. La compañía enmarcó la medida en una reestructuración global para concentrar su producción en instalaciones de mayor escala y tecnología, pero el movimiento se produce en un contexto de fuerte presión sobre la competitividad local.

Algo similar ocurrió con DBT, asociada a la española Himoinsa, que decidió finalizar las actividades industriales en su planta de Sastre, Santa Fe. La empresa, dedicada a la fabricación de generadores y alternadores eléctricos, dejó de producir para pasar a importar equipos terminados desde China, lo que implicó la desvinculación de 35 trabajadores.

En línea blanca, la historia se repite. Neba cerró su planta en Catamarca y dejó de fabricar heladeras y freezers para importar desde Asia. La marca, que había sido reactivada en 2020 tras un cierre previo, volvió a bajar la persiana en un escenario de caída de ventas y mayor competencia externa.

El caso más resonante dentro del ecosistema automotor fue el de Fate. La empresa anunció el cierre de su fábrica de neumáticos en Virreyes, con la pérdida de 920 puestos de trabajo. En el sector ya se advertía sobre el crecimiento de la importación de cubiertas, especialmente de origen chino, en un mercado donde sólo permanecen con producción local Bridgestone y Pirelli, también bajo presión.

La imposibilidad de competir en costos frente a fabricantes asiáticos aparece como uno de los trasfondos que atraviesan estos casos. Y no se limita a los neumáticos. En el sector automotor, referentes de la industria ya venían señalando que la estructura impositiva y laboral local complica la competitividad de los vehículos producidos en la Argentina frente a los fabricados en otros países de la región.

En paralelo, el ingreso de autos híbridos y eléctricos sin arancel, dentro del cupo oficial, y la expansión regional de marcas chinas como BYD, Great Wall y Chery, que ya producen en Brasil, agregan presión sobre la integración local y la cadena autopartista.

No todas las empresas optaron por un cierre total. En varios sectores se impone un modelo mixto. La tradicional fabricante de termos Lumilagro reorganizó su esquema y pasará a tener cerca del 60% de su oferta importada, con diseño y control de calidad propios, mientras que el 40% restante seguirá fabricándose en el país. La decisión respondió a la competencia de productos asiáticos de bajo costo y a la eliminación de aranceles para la importación de termos.

En consumo masivo, Kenvue trasladó la fabricación de parte de su portafolio desde su planta en Pilar hacia Brasil y Colombia. La compañía mantendrá en la Argentina un centro logístico y de control de calidad, pero comenzará a importar líneas que antes se producían localmente.

El fabricante de electrodomésticos Peabody, operado por Goldmund, también funciona bajo un esquema híbrido de producción e importación, aunque debió iniciar un proceso de reestructuración de pasivos en medio de una creciente competencia externa. En paralelo, el Grupo Corven dejó de producir amortiguadores en Venado Tuerto —que ahora importa— y reconvirtió parte de su capacidad para ensamblar productos vinculados a movilidad pesada.

En el sector textil, el giro es más silencioso, pero igual de profundo. Empresas que hasta hace pocos años producían alrededor del 70% de sus prendas en el país y sólo el 30% en China, hoy invirtieron esa ecuación. El diseño se mantiene en la Argentina, por una cuestión de adaptación a gustos y talles locales, pero la fabricación se realiza mayoritariamente en Asia, con insumos chinos, y luego se importa el producto terminado bajo marca propia.

Los números acompañan esa tendencia. En el complejo de prendas de vestir, cuero y calzado, las importaciones alcanzaron el nivel más alto desde 2016, mientras que la actividad registró el valor promedio más bajo de la serie histórica —excluyendo la pandemia—, con una retracción de 3,5% entre enero y octubre de 2025.

La apertura también se percibe con claridad en las góndolas. En los supermercados creció la presencia de alimentos y productos importados, desde lácteos hasta conservas, café y bebidas. La cooperativa uruguaya Conaprole volvió a comercializar en el país manteca, queso crema y dulce de leche. En conservas, marcas de atún ecuatoriano ganaron espacio con precios en algunos casos entre 15% y 30% por debajo de los productos nacionales. También reaparecieron cafés italianos como Lavazza y cervezas importadas como Itaipava.

El avance importador no es homogéneo ni necesariamente definitivo. Para algunos analistas, se trata de una etapa de transición hacia un esquema más integrado al comercio global, donde sobrevivirán las empresas que logren mayor escala y eficiencia. Para otros, el riesgo es que la reconversión avance más rápido que la capacidad de adaptación del tejido productivo local.

Mientras la discusión política continúa, el impacto ya se observa en plantas que bajan la persiana, en líneas que se reconvierten y en góndolas que cambian de etiqueta. El debate sobre si la apertura es excesiva o todavía moderada frente a la región sigue abierto. Lo que ya no parece discutible es que el mapa productivo argentino empezó a modificarse.