Fue un centro de ski top de Mendoza en los '90 y hoy está en ruinas: el plan para salvarlo de la decadencia
Lejos de sus tiempos de gloria, cuando sus 25 pistas de esquí convocaban a deportistas profesionales y amateurs en cada temporada invernal, el complejo "Los Penitentes" ofrece hoy una imagen de soledad y abandono.
Edificios deshabitados y con carteles de venta, medios de elevación paralizados, hierros retorcidos y rocas desnudas que en otro momento estaban recubiertas de nieve, presentan un panorama desolador. Ubicado sobre la ruta 7, a pocos kilómetros del límite de Mendoza con Chile, este centro de deportes invernales que debe su nombre a las caprichosas figuras sobre la montaña que se asemejan a tres monjes arrodillados, permaneció casi una década inactivo por falta de nieve.
Y año tras año, los problemas financieros llevaron a disputas en la familia que controlaba el predio desde 1978. Así, los herederos del fundador, Emilio López Frugoni, un destacado ingeniero y ex ministro provincial de Obras Públicas, se dividió en dos bandos: dos hermanos, por un lado, y tres por el otro.
Luego de una larga saga de impugnaciones de balances y asambleas, denuncias penales y demandas civiles que se tramitaron en la justicia, en 2019 el gobierno provincial expropió el predio. Un año después, llamó a licitación para concesionar los servicios, y resultó desierta. Finalmente, en 2024, la empresa adjudicataria de una nueva licitación, Mapsa Group, presentó un proyecto para reconvertir al ex centro de esquí en un "parque de montaña".
La firma -de vínculos cercanos al actual gobernador Alfredo Cornejo, según se cuenta en la provincia- también opera los parques de aventuras "Villavicencio Park" y "Potrerillos Park".
Su proyecto se basa en la instalación de una bodega de vinos de altura, acondicionamiento de senderos para trekking en las antiguas pistas de esquí y snowboard, un área para eventos al aire libre, reacondicionamiento del restaurante y los sanitarios, y la construcción de un centro comercial. También se propone utilizar algunas de las pistas para trineos y culi-patín (actividades que requieren menos nieve que el esquí).
La iniciativa permitiría revitalizar el alquiler temporario de los departamentos en el complejo edilicio, al igual que un restaurante y bar que aún subsiste dado que se encuentra al borde de la ruta 7, transitada por vehículos particulares, de pasajeros y de carga que van y vienen hacia el límite con Chile.
El impacto del cambio climático
Los Penitentes no es el único centro de esquí del país ni del mundo que atraviesa dificultades por falta de su principal insumo y razón de ser: la nieve. En la última década, las nevadas erráticas, tardías y escasas, obligaron a clausurar pistas e instalar máquinas de nieve artificial en centros como Chapelco (Río Negro), Las Leñas (Malargüe, al Sur de Mendoza), y Cerro Catedral (Río Negro), en un intento por adaptarse al calentamiento global.
El cambio climático, acelerado por actividades humanas como el consumo de energía fósil, se traduce en menores nevadas en la zona de la cordillera, lo que a su vez impacta en el retroceso de los glaciares y en la regulación del caudal de los ríos de montaña.
"La falta de nieve no solo compromete el turismo, sino también la disponibilidad de agua para consumo y agricultura, ya que los deshielos alimentan a los ríos durante el verano", sostiene Pierre Pitte, geólogo e investigador del IANIGLA (Instituto Nacional de Nivología y Glaciares).
En tanto, la modificación de la Ley de Glaciares que actualmente debate el Congreso, podría empeorar aún más la situación. El proyecto impulsado por el presidente Javier Milei dejaría en manos de cada provincia la autorización de emprendimientos mineros en la zona cordillerana, desprotegiendo a estas gigantescas masas de hielo que complementan a las nieves de alta montaña como reservorios de agua.
Los costos de la adaptación
En vista de inviernos cada vez más inciertos (en los últimos cinco años, se alternaron semanas con temporales y exceso de nieve, con otras de calor y sequía), algunos centros de esquí como Las Leñas, decidieron instalar pistas en zonas más altas (y menos accesibles) de la montaña. Y dejar las pistas más bajas para trineos y esquí de principiantes.
En tanto, los cañones de nieve, presentes en la mayoría de los complejos de esquí, se convirtieron en una herramienta fundamental para mantener el funcionamiento de las pistas. Estos dispositivos mezclan aire comprimido y agua a temperaturas inferiores a los -2,5 °C para generar cristales de hielo que simulan la nieve natural. Una vez esparcidos, son compactados y distribuidos por máquinas barredoras que alisan las pistas.
Sin embargo, su impacto ambiental no es inocuo. "Las máquinas de nieve extraen agua de ríos y arroyos, y luego le agregan químicos para mantener su estructura. Con eso terminan contaminando el agua y el suelo", denuncia la comunidad mapuche Curruhuinca, ubicada en las inmediaciones de Chapelco, en Neuquén.
El pueblo Curruhuinca tiene un título de propiedad comunitaria sobre estas tierras y reclama por el cuidado del agua, bajo una cosmovisión en la que la naturaleza y sus elementos son parte esencial de la vida.
Las pruebas están a la vista: el cambio climático modificó la fisonomía y el funcionamiento de los centros de esquí y de alta montaña. Pero además de afectar a las actividades deportivas y turísticas, está impactando en la economía y la vida cotidiana.
Es tiempo de actuar para frenar la actual crisis ambiental, o al menos mitigar sus efectos.