VIDEO | Molía cacao con una piedra y terminó creando el imperio de FelFort: Felipe Fort y su origen
En la Buenos Aires de principios del siglo XX, cuando el puerto recibía miles de historias anónimas cada semana, un niño de apenas 12 años bajaba con un único capital que era nada más que oficio, intuición y hambre de futuro. Nadie registró su llegada. El Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos no lo tiene anotado y esto era algo completamente normal para la época. Muchas veces los niños no eran registrados. Sin embargo, más de un siglo después, su legado es imposible de ignorar.
Así comienza la historia de Felipe Fort García, el fundador de Felfort, una de las empresas más emblemáticas de la industria alimenticia argentina.
(Video generado por Ubuntu Comunicación Estratégica)
Felipe Fort García: un niño, una piedra y una idea
Felipe Fort nació el 15 de junio de 1899 en España, siendo hijo de Juan Fort Martínez y Consuelo García Martín Espinosa, oriundos de Navarra. Su infancia quedó atrás demasiado pronto porque cruzó el Atlántico siendo apenas un niño. No hay registros oficiales de su ingreso al país ni certeza sobre si viajó solo o acompañado. Lo que sí está claro es lo que hizo después.
Como tantos inmigrantes, empezó desde abajo y consiguió trabajo en una sastrería. Pero su verdadero proyecto comenzaba cuando terminaba la jornada laboral.
En la intimidad de su pieza, con una bolsa de cacao y una piedra de moler, elaboraba chocolate de taza de forma artesanal. De noche producía y de día vendía. Así, casi en silencio, empezó a construir lo que décadas después sería un imperio.
Con ambición de crecer, decidió formarse y entró a trabajar en la chocolatería El Sol de Oro, donde perfeccionó su técnica mientras ahorraba peso por peso. Su objetivo era claro; él quería industrializar su producción. Lo logró al comprar su primera refinadora mecánica en Alemania, un salto tecnológico que marcaría el inicio de una nueva etapa.
El nacimiento de Felfort: el imperio del chocolate en Argentina
En 1926 dio un paso decisivo y abrió una bombonería llamada La Delicia junto a un socio. El comienzo fue difícil, las ventas no acompañaban y el proyecto parecía tambalear por lo que el socio se retiró.
Pero Felipe no se rindió. No estaba en sus planes cerrar ni dejar caer tanto trabajo. Rearmó la empresa bajo un nuevo nombre: Felfort. Y fue así como redobló la apuesta. Incluso mudó a su familia a la planta alta de la fábrica, en la calle Gascón 349, en el barrio porteño de Almagro, donde aún hoy se encuentra la fábrica. Vivir y producir en el mismo lugar: una lógica tan sacrificada como efectiva.
El pionero que cambió el negocio
Felipe Fort no solo fabricó chocolate sino que además transformó la industria. Fue uno de los primeros en industrializar la producción de huevos de Pascua en la Argentina, incorporando técnicas europeas y trayendo artesanos españoles para elevar la calidad y la estética del producto. En efecto, CEMLA registra múltiples viajes de este hombre a España en su edad adulta.
Pero la verdadera revolución llegaría años después, de la mano de la segunda generación.
En 1962, la empresa lanzó el Chocolatín Jack. No era solo un chocolate, era una idea adelantada a su tiempo. Por primera vez en el país, una golosina se vendía también por lo que traía dentro y con el objetivo de coleccionar.
Los juguetes coleccionables estaban inspirados en personajes de Manuel García Ferré, conocidos como Anteojito e Hijitus y convirtieron al producto en un fenómeno. Los chicos ya no compraban solo por sabor, compraban para completar la colección. Una estrategia que hoy replican gigantes globales como McDonald's, pero que Felfort había entendido décadas antes.
De empresa familiar a gigante nacional tras una tragedia
La historia de la familia Fort tiene un punto de quiebre tan trágico como determinante: uno de sus hijos murió en 1963. Aunque los detalles sobre cómo y dónde ocurrió nunca fueron documentados públicamente, el impacto de su muerte sí está registrado y fue decisivo. A partir de ese episodio, el fundador optó por correrse de la conducción de la empresa, cediendo el control y marcando así un antes y un después en el rumbo de Felfort, que quedaría en manos de Carlos Augusto Fort (el padre del mediático Ricardo Fort), quien tomó la posta y lideró la expansión que consolidó a la empresa como uno de los grandes jugadores del mercado local.
El empresario español murió el 15 de enero de 1969, a los 68 años. Para entonces, ya había sembrado las bases de una compañía sólida y le dejaba a sus hijos un imperio chocolatero. Hoy, Felfort produce más de 20 toneladas de chocolate por día y tiene un valor estimado de unos 450 millones de dólares. Su catálogo incluye clásicos que forman parte de la cultura popular argentina como Marroc, Jackelin, Dos Corazones, el Chocolatín Jack, los Paragüitas y las Monedas de chocolate, entre otros.
A pesar de su tamaño, mantiene algo poco frecuente y es que sigue siendo una empresa familiar, en manos de los descendientes del fundador.
El legado invisible de Felipe Fort
La historia de Felipe Fort tiene todos los elementos de una épica inmigrante: pobreza, trabajo, visión y riesgo. Pero también tiene algo más difícil de encontrar que es la constancia. No hay registros de su llegada. No hay fotos de ese primer día. No hay certezas sobre cómo cruzó el océano. Pero hay algo que sí quedó y es una marca que atraviesa generaciones, que convirtió un oficio en industria y un producto en cultura.
Porque a veces, las historias más grandes empiezan sin dejar rastro. Y terminan dejando huella en millones.