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Tuvo meningitis, sobrevivió a 14 cirugías y nunca se rindió: hoy es un emprendedor del agro exitoso

Tras superar múltiples operaciones, este joven productor impulsa harinas agroecológicas que promueven la salud y el desarrollo local en Entre Ríos
27/03/2026 - 15:36hs
Tuvo meningitis, sobrevivió a 14 cirugías y nunca se rindió: hoy es un emprendedor del agro exitoso

En el interior de Entre Ríos, lejos de los grandes polos industriales, la historia de Edgardo Mesa no encaja del todo en los moldes tradicionales del agro. Su presente, vinculado a la elaboración de harinas agroecológicas, no es el resultado de una planificación empresaria clásica ni de una oportunidad detectada en un informe de mercado. Es, más bien, la consecuencia de un recorrido personal atravesado por la enfermedad, la adaptación y una búsqueda concreta de poder alimentarse mejor.

Una historia de superación

Edgardo nació en San Salvador, una ciudad conocida como la capital nacional del arroz. Su infancia estuvo marcada por un episodio que lo condicionó desde muy temprano. A los tres años sufrió una meningitis meningocócica que derivó en hidrocefalia, una complicación que obligó a intervenir de urgencia para drenar el líquido acumulado en el cerebro. El proceso fue largo y complejo. Estuvo en coma, atravesó internaciones prolongadas y debió someterse a múltiples cirugías.

Con el paso de los años, esa situación no terminó de resolverse. Las intervenciones se sucedieron una tras otra. En total, fueron catorce. En el medio hubo episodios críticos en los que debió ser operado de urgencia. Hoy convive con secuelas permanentes, entre ellas una pérdida de visión periférica que lo obliga a manejarse con un campo visual reducido. "Es como mirar en un caño de escopeta", describe, tratando de simplificar una condición difícil de explicar.

Detrás de esa búsqueda hay, además, una historia que se remonta a su infancia y que, con el tiempo, terminó resignificándose. La meningitis que sufrió de chico estuvo asociada a una bacteria contraída en el entorno laboral de su padre, que trabajaba en un molino arrocero. Años después, ya adulto y con otra conciencia sobre los alimentos, esa experiencia empezó a dialogar con su presente. La idea de que la contaminación puede tener consecuencias profundas en la salud fue también uno de los disparadores que lo llevó a pensar en producir alimentos distintos.

Ese recorrido, sin embargo, no lo alejó del trabajo. Por el contrario, terminó empujándolo hacia una vida activa. Su vínculo con el mundo productivo llegó de manera bastante directa, casi casual, a partir de una sugerencia. Un amigo le propuso probar con la apicultura y él aceptó. "Arranqué como algo que me gustaba, más que nada", cuenta. Con el tiempo, esa actividad dejó de ser un complemento y pasó a ocupar un lugar central. "Soy apicultor", dice, orgulloso.

Una vida plena en el medio del campo

Como ocurre con muchos productores chicos, el esquema tenía limitaciones. La producción de miel, sujeta a precios variables y con márgenes ajustados, no siempre alcanzaba para sostener el día a día. "Con la miel sola se hacía difícil", reconoce. Esa dificultad empezó a empujar, de a poco, la necesidad de pensar alternativas.

El cambio, sin embargo, no vino directamente por el lado productivo. Llegó desde otro lugar, más personal. Hace unos años, tras una nueva intervención quirúrgica, Edgardo necesitaba recuperar peso y mejorar su alimentación para poder atravesar el postoperatorio en mejores condiciones. En ese contexto llegó al consultorio de Alfonsina Di Lauro, licenciada en nutrición.

El vínculo fue inicialmente profesional. Él necesitaba un plan alimentario específico, adaptado a su situación clínica. Pero con el correr de las consultas empezó a aparecer algo más. Las charlas sobre alimentación, calidad de los alimentos y procesos productivos fueron abriendo un terreno común.

El origen de un proyecto conjunto

Alfonsina venía trabajando sobre un enfoque que pone el acento en la calidad de lo que se consume y en el impacto que tienen los alimentos en el organismo. En ese marco, uno de los puntos recurrentes era el de las harinas, un insumo central en la dieta argentina pero también, según su mirada, uno de los más problemáticos.

"Hay mucha contaminación, y eso es lo que termina afectando a nivel intestinal", explica. No se refiere solo al procesamiento industrial, sino al conjunto del sistema productivo. En ese contexto, la idea de desarrollar una alternativa empezó a tomar forma.

Edgardo fue quien dio el paso inicial. "Después de escucharla tantas veces, se me ocurrió lo de las harinas", cuenta. La propuesta tenía lógica, ya que ya estaba vinculado al campo, conocía la dinámica productiva y podía intentar un desarrollo propio, aunque fuera a pequeña escala.

El proyecto arrancó de manera gradual. Lo primero fue conseguir materia prima que estuviera alineada con ese objetivo. Hoy trabajan con un productor de la provincia de Buenos Aires que cuenta con certificación orgánica y agroecológica. A partir de esos granos, realizan todo el proceso posterior. De esta forma, dieron nacimiento al proyecto que hoy tiene un nombre: Molino Las Golondrinas.

Comprar granos, hacer harina

La elaboración sigue una lógica distinta a la industrial. Uno de los puntos centrales es la molienda con molino a piedra, un método más lento pero que, según explican, permite conservar mejor las propiedades del grano. "La idea era volver a lo de antes", dice Edgardo, en referencia a un sistema que evita el sobrecalentamiento y mantiene los nutrientes.

El circuito se completa con la limpieza del grano, la molienda y el envasado. Todo se hace en función de la demanda, con el objetivo de que el producto llegue lo más fresco posible. "Capaz hoy entra un pedido, molemos a la noche y al otro día ya lo tiene el cliente", explica.

La oferta incluye principalmente harina de trigo, pero también otras variantes como garbanzo, soja, avena y arroz, además de subproductos como salvado y germen de trigo. En todos los casos, el foco está puesto en el valor nutricional y en la posibilidad de ofrecer alternativas para distintos tipos de dietas.

Proceso de expansión

El público al que apuntan no es masivo, al menos por ahora. Se trata de consumidores que ya tienen algún nivel de información o preocupación por lo que comen. Personas que buscan productos menos procesados, sin residuos químicos y que puedan integrarse en una alimentación más equilibrada.

En ese punto, el aporte de Alfonsina resulta clave, no solo en la definición del producto sino también en la construcción del mensaje. Su trabajo cotidiano como nutricionista le permite ver de primera mano cómo impacta la alimentación en la salud de las personas y qué tipo de demanda existe.

El proyecto, de todos modos, todavía está en una etapa inicial. Funciona en una escala acotada y con una lógica casi artesanal. Pero tiene una proyección clara.

Planes de futuro

La idea, a largo plazo, es avanzar hacia la producción propia de los granos y cerrar el circuito completo, lo que analizan como un sueño aún lejano, pero posible.

"Nos gustaría hacer todo nosotros", plantea Edgardo. No es un objetivo inmediato, pero sí un horizonte.

La historia, en definitiva, combina varios planos. Por un lado, el de un productor que busca salir de la lógica de la materia prima y capturar más valor. Por otro, el de una profesional que intenta trasladar su mirada sobre la alimentación a un producto concreto. Y en el fondo, atravesando todo, una experiencia personal que termina funcionando como motor.

Con el paso del tiempo, esa historia inicial, marcada por una contaminación que alteró la vida de Edgardo desde chico, terminó encontrando una especie de respuesta en el presente. No como reparación, pero sí con el rumbo de producir alimentos con otro criterio, con menos intervención y mayor control sobre lo que se consume. En ese cruce entre experiencia personal y decisión productiva es donde el proyecto empieza a tomar sentido.