Bombazo en mercado telco: Enacom exige a Telecom que ceda 6 millones de clientes para aprobar compra de Telefónica
La fusión entre Telecom y Telefónica de Argentina sigue dando que hablar. Después de más de un año de trabas, el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) giró un informe no vinculante a la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC) en donde se sugiere imponer condiciones para aprobar la operación, entre ellas la cesión de clientes móviles y la devolución de espectro radioeléctrico.
Telecom deberá ceder 6 millones de clientes
Según trascendió, la recomendación incluye que la empresa transfiera unos 6 millones de líneas celulares y devuelva cerca de 130 MHz de espectro, uno de los activos más sensibles del negocio.
De esta manera, la empresa tendría un plazo máximo de dos años para ceder 6 millones de clientes de telefonía celular. La distribución geográfica es precisa: 4 millones deben estar en el Área Metropolitana de Buenos Aires, 1 millón en la región norte y 1 millón en la región sur.
Además, Telecom debería devolver 130 MHz de espectro radioeléctrico. De ese total, 60 MHz se entregarían de forma inmediata a nivel nacional. Otros 10 MHz irían a la región norte y 10 MHz a la región sur.
También contempla obligaciones adicionales como desprenderse de clientes en mercados donde supere niveles críticos de participación y regularizar deudas con el Estado.
La operación, anunciada en febrero de 2025 por unos u$s1.245 millones, lleva más de un año en análisis. Desde entonces, el proceso quedó atrapado en un limbo regulatorio que frenó decisiones de inversión y expuso tensiones estructurales del mercado. El trasfondo es claro: de concretarse sin condiciones, la integración podría concentrar alrededor del 60% del mercado móvil y niveles aún mayores en segmentos fijos y de banda ancha, lo que encendió alertas desde el inicio.
Competencia, espectro y riesgos de concentración
Más allá del carácter técnico del informe, el movimiento del Enacom funciona como hoja de ruta para la autoridad de competencia y para los tribunales. La discusión ya no pasa solo por autorizar o rechazar la operación, sino por definir bajo qué condiciones puede existir.
Tal como surge de los antecedentes, la fusión activó presentaciones de competidores y actores del ecosistema que buscan dejar constancia de los riesgos de concentración. Empresas como Claro y Telecentro plantearon objeciones concretas.
Desde el sector advierten que la acumulación de clientes, red y espectro en un solo actor puede generar una asimetría difícil de revertir, especialmente en un negocio donde la infraestructura es determinante.
El punto más delicado es el espectro. Las estimaciones coinciden en que el nuevo operador superaría los límites considerados razonables, con un excedente cercano a los 130 MHz, clave para el desarrollo de 5G. Sin embargo, incluso dentro del sector hay matices: analistas advierten que una devolución inmediata podría afectar la calidad del servicio. "Si se exige devolver el espectro de forma abrupta, se corre el riesgo de saturar las redes actuales", señalan fuentes del mercado.
En este contexto, gana fuerza la posibilidad de un esquema gradual, similar a antecedentes locales, que permita migrar tráfico hacia nuevas redes sin comprometer la operación.
ISP, presión fiscal y el dilema de fondo
El impacto de la operación no se limita a los grandes operadores. En la Argentina operan más de 1.500 ISP pymes y cooperativas, claves para el despliegue de fibra en el interior. Estos actores dependen de condiciones mayoristas, interconexión y costos de transporte.
En un escenario de mayor concentración, su capacidad de negociación puede verse limitada. A esto se suma un factor estructural: la presión impositiva. Según datos de la Cámara Argentina de Internet (CABASE), la carga tributaria del sector ronda el 41,5% sobre los ingresos, con fuerte incidencia de impuestos provinciales y municipales.
En ese contexto, la discusión no es solo sobre concentración, sino sobre la viabilidad de competir en un mercado con altos costos regulatorios y fiscales.
Para especialistas como Agustín Siboldi, el problema no es la consolidación en sí, sino cómo se implementan las reglas. El desafío es evitar que la escala del nuevo actor vuelva imposible competir para el resto, en un mercado con fuertes economías de red.
El caso argentino no es aislado. En Europa y América Latina, el sector avanza hacia esquemas de mayor concentración, impulsado por ingresos en caída, presión sobre el ARPU y necesidades crecientes de inversión en fibra y 5G.
La propia Telefónica decidió salir de varios mercados de la región bajo esa lógica: sin escala suficiente, el negocio dejó de ser atractivo. En ese marco, la decisión que tomen los reguladores locales no solo definirá el futuro de esta operación, sino el modelo de competencia del sector en los próximos años.
La discusión excede a Telecom y Telefónica. En un mercado maduro, con ingresos estancados y alta necesidad de inversión, la escala aparece como condición necesaria. Pero esa misma escala es la que obliga a intervenir. En esa tensión se juega el futuro del negocio telco en la Argentina.