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Fabricaba ropa para Reebok y Cheeky pero entró en concurso por deuda millonaria: denuncia "competencia diabólica"

La firma denuncia importaciones masivas, contratos cancelados y embargos que la llevaron a solicitar protección judicial en medio de la recesión
08/04/2026 - 19:15hs
Fabricaba ropa para Reebok y Cheeky pero entró en concurso por deuda millonaria: denuncia "competencia diabólica"

Fantome Group S.A., una empresa textil que llegó a fabricar indumentaria para marcas como Kappa, Reebok, Kevingston y Billabong, entró en concurso preventivo de acreedores tras perder a sus principales clientes y quedar expuesta al avance de las importaciones. La apertura del proceso fue dispuesta el 23 de febrero pasado, en un intento por reordenar su pasivo y sostener la actividad.

La compañía, que supo emplear a unas 120 personas y operar con un esquema productivo integral, arrastra hoy una situación financiera crítica: registra 26 cheques rechazados por poco más de $39,7 millones y mantiene una deuda bancaria cercana a $45,6 millones, toda en situación 4, con alto riesgo de insolvencia. Entre sus principales acreedores figuran Garantizar SGR y Banco Galicia.

El expediente concursal establece que los acreedores podrán verificar sus créditos hasta el 17 de junio, mientras que la audiencia informativa fue fijada para abril de 2027, en el marco del proceso de reestructuración. La empresa solicitó además la continuidad de su actividad y de los contratos en curso, en especial los vinculados al uso del inmueble donde opera y al alquiler de maquinaria, considerados esenciales para sostener el giro comercial.

De proveedor de marcas líderes a la ruptura del negocio

Fantome Group fue constituida en 2017 y comenzó a operar en 2018 con una planta en la Ciudad de Buenos Aires, donde desarrollaba un proceso productivo completo: desde el diseño y moldería hasta la confección, estampado y distribución de prendas.

En sus primeros años logró consolidar una cartera de clientes con marcas de peso:

  • Kappa
  • Reebok
  • Kevingston
  • Billabong
  • Cheeky
  • Mimo
  • Kosiuko

Esta cartera le permitió sostener un flujo estable de producción y empleo.

El primer golpe estructural llegó en 2020 con la salida de Kevingston, que decidió reemplazar la fabricación local por importaciones directas. "Al tratarse del cliente que representaba casi la totalidad del flujo de trabajo, su salida significó un quiebre estructural", señala la empresa en su presentación judicial.

A partir de ese momento, otras marcas del sector comenzaron a replicar esa estrategia, profundizando la caída del volumen de producción local.

Entre 2022 y 2025, la compañía logró sostener su actividad a partir de su vínculo con Distrinando S.A., licenciataria de marcas como Kappa y Reebok, con producción de indumentaria deportiva e incluso equipamiento para clubes de fútbol. Sin embargo, ese contrato también fue cancelado en 2025, dejando a la firma sin su última fuente relevante de ingresos.

"Competencia diabólica" y derrumbe de ventas

En su presentación ante la Justicia, Fantome describe un escenario sectorial crítico, marcado por la apertura comercial y la pérdida de competitividad de la producción local.

"La industria textil argentina sufrió en los últimos años una 'competencia diabólica' proveniente de productos importados cuyo precio resulta imposible de igualar", advierte la empresa.

Los datos acompañan ese diagnóstico. Durante 2025, las importaciones de textiles e indumentaria alcanzaron 332.696 toneladas por u$s1.450 millones, con subas del 89% en volumen y 61% en valor interanual, impulsadas principalmente por prendas terminadas.

El fenómeno se profundizó con la reducción de aranceles dispuesta por el Decreto 236/2025 y la expansión del régimen courier, que facilitó el ingreso directo de productos al consumidor final. A esto se sumó el crecimiento acelerado de la importación de ropa usada, que multiplicó por más de 40 su valor interanual.

En paralelo, la producción local se contrajo con fuerza: en algunos meses de 2025 la actividad textil cayó más de 20% interanual, con niveles de utilización de capacidad instalada en torno al 32%.

"Muchos actores comercializan por debajo de sus costos con el solo objeto de mantenerse en el mercado", señala la empresa, en un contexto de fuerte retracción del consumo interno, destino de toda su producción.

A ese escenario se sumaron factores estructurales que, según la firma, agravaron el desequilibrio:

  • Suba de costos en insumos, energía y salarios
  • Alta presión impositiva
  • Ausencia de políticas de protección frente al dumping

Estos elementos terminaron por erosionar la competitividad de la producción local.

Sin crédito y con embargos: el camino al concurso

El deterioro del negocio se combinó con un contexto financiero adverso. La firma denuncia una desaparición del crédito para pymes y tasas de interés que en algunos casos superaron el 100% anual, lo que terminó por asfixiar su operatoria.

"Una empresa pequeña no soporta ese incremento de tasas ni la exigencia de cancelar líneas de crédito en esas condiciones", sostiene.

El punto de quiebre se produjo el 14 de julio del año pasado, cuando se trabaron dos embargos judiciales sobre sus cuentas bancarias por más de $130 millones, que no pudieron ser cubiertos. A partir de ese momento, la empresa reconoce un estado de cesación de pagos.

En paralelo, intentó reconvertirse: lanzó una marca propia, abrió un local minorista en Belgrano y desarrolló una unidad de bordado y estampado, hoy su principal fuente de facturación. Sin embargo, esos esfuerzos no alcanzaron para compensar la caída del negocio principal.

"El concurso preventivo constituye la única vía para preservar la actividad y garantizar una reorganización ordenada", concluye la presentación de la empresa que hoy conserva apenas 20 empleados.

El caso expone con claridad el impacto del nuevo escenario del sector, donde la combinación de apertura importadora, cambio en las estrategias de las marcas y caída del consumo está dejando fuera de juego a buena parte de la industria textil local.