Una Pyme que fabrica muebles y sostiene a un pueblo se resiste a cerrar y a despedir empleados
Rodrigo Díaz arranca cada semana de la misma manera. El lunes a la mañana abre el flujo de fondos, revisa las posibilidades de cobranza, anota los compromisos asumidos y calcula si alcanza. Si no alcanza, sale a buscar financiamiento. Y así, semana a semana, sostiene en pie a Valenziana, una pyme que fábrica de muebles que da trabajo a 200 personas en Uranga, un pueblo de 900 habitantes en el sur de Santa Fe.
"Los compromisos básicos, obviamente, los tenés que cumplir", dice desde el auto, en algún punto del camino entre una reunión y otra. Lo dice sin dramatismo, casi como algo incorporado después de tantos años administrando crisis. Pero esa aparente calma convive con una tensión permanente que él mismo grafica. "Es un castillo de naipes. Se mantiene parado, pero tenés que estar todo el tiempo concentrado para mantener en marcha toda la estructura".
Lo que hace especialmente pesado ese equilibrio es la escala humana de la empresa. Valenziana marca el ritmo de toda una comunidad. La fábrica está en el centro de Uranga y sus 200 empleados son, literalmente, los vecinos de Díaz. "Somos vecinos, amigos, familiares. Lo que pasa en la empresa se siente en el pueblo", resume. Eso significa que cuando el lunes aparece un número difícil en el flujo de fondos, las consecuencias tienen cara y nombre.
La tormenta tiene tres frentes
Díaz identifica con claridad los factores que están golpeando al sector y a la empresa, y los ordena: primero, el aumento de costos; segundo, la retracción del consumo y; tercero, la apertura a las importaciones.
Los insumos son el problema más inmediato. Insumos derivados del petróleo, como espumas, telas o pinturas - presentes en cualquier mueble -aumentaron, según el propio Díaz, entre un 30 y un 40% en el último tiempo. La respuesta de la empresa fue absorber la mayor parte de ese impacto sin trasladarlo completamente a precios. "Hoy la rentabilidad de dos dígitos pasó a la historia hace rato. Ni los locales ni la fábrica la tienen", admite.
El consumo, por su parte, cambió de lógica. La pandemia fue, paradójicamente, uno de los mejores momentos para el sector: con la gente en casa, el hogar se convirtió en prioridad. "Hoy compito con los autos chinos, con los viajes, con todo lo que la gente elige cuando puede gastar en algo que no es de primera necesidad", explica Díaz. "La torta está dividida en un montón de pedazos que antes no existían."
Desde la pandemia, la producción de Valenziana cayó cerca de un 40%. Y aunque las ventas de 2025 se mantuvieron en niveles similares a las de 2024, eso no alcanza para sostener el ritmo de inversión que la empresa venía ejecutando.
Según la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, las ventas de las pymes muebleras cayeron en promedio un 19% durante el último tramo de 2025, en un escenario donde la recuperación es desigual y el empleo sigue en retroceso, con una contracción superior al 6% en el segmento industrial
Estrategias para no caer: diversificación, eficiencia y una decisión clave
Lejos de replegarse, Valenziana decidió redoblar la apuesta en medio de la tormenta. La empresa sostiene desde 2023 un ambicioso plan de inversión que incluye la diversificación hacia muebles a medida -cocinas, baños y vestidores-, un segmento menos expuesto a la competencia importada y con mayor valor agregado.
La unidad de negocio ya está en marcha y aunque hoy representa apenas entre el 5% y el 6% de la facturación, la expectativa es que alcance al 30% antes de fin de año.
Pero el desafío no es solo productivo, también es comercial. "Hay que salir a buscar la venta. Ir a las obras en construcción, vincularse con los colegios de arquitectos y generar relación con los constructores", explica. "Es un modelo completamente distinto. Ya no es esperar al cliente en el local".
En paralelo, la empresa trabaja "caso por caso" sobre sus 52 puntos de venta, ajustando estrategias según la realidad de cada plaza. Hubo cierres, aperturas y relocalizaciones, en muchos casos condicionadas por el alza de los alquileres en un contexto de consumo en baja. "La economía va hacia atrás y los alquileres van hacia arriba. Hay zonas donde tenés que parar la pelota y volver cuando se acomode".
También se profundizó el trabajo comercial, con foco en lo digital y en herramientas de financiamiento. Hoy la empresa ofrece desde promociones hasta planes de hasta 24 cuotas, en un intento por sostener la demanda.
Pero hay una decisión que atraviesa toda la estrategia y que define el ADN de la compañía: no despedir.
"No achicamos personal. Pero claramente es un esfuerzo: para cualquier pyme, en este contexto, la mitad del personal podría sobrar", admite Díaz.
No convertirse en importadores y quedarse con cuatro personas manejando un depósito no es solo una decisión empresarial. En Uranga, donde todos se conocen, sería otra cosa. "No hay posibilidad de decir ‘dejamos de producir y nos convertimos en importadores’. Gran parte de nuestro trabajo es social", afirma.
Aunque no le resta preocupación, Díaz no contempla un repliegue. Sabe que cada semana hay que ocuparse: revisar el flujo, ver si alcanza, salir a buscar financiamiento si no. "No hay chance de decir 'hasta acá llegamos'. La salida siempre es hacia adelante", insiste. Esa decisión le permite acostarse cada noche y dormir tranquilo.
En un país acostumbrado a las crisis, Valenziana vuelve a hacer lo que hizo tantas veces: resistir, adaptarse y apostar a que el contexto cambie. Mientras tanto, en Uranga, la fábrica de muebles sigue activa. Y con ella, el pulso de todo un pueblo. Por ahora, el castillo sigue de pie. Y Díaz sigue abriendo el flujo de fondos cada lunes a la mañana.