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ALERTA

Marca de calzado ajustó, despidió, se volvió importadora y no alcanzó: acumula 65 cheques rechazados

La compañía afronta una grave crisis financiera tras la caída de ventas y la acumulación de pasivos derivados de la apertura importadora
10/04/2026 - 16:10hs
Marca de calzado ajustó, despidió, se volvió importadora y no alcanzó: acumula 65 cheques rechazados

La crisis de la industria del calzado ya no se mide solo en despidos o fábricas que bajan persianas: ahora también empuja a empresas históricas a reconocer su insolvencia. Lannot S.A., dueña de la marca Viamo, entró en concurso preventivo de acreedores tras declarar la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones, en un escenario de caída del consumo, avance de importaciones y deterioro financiero que la propia firma define como insostenible.

El punto de quiebre llegó a fines del año pasado, cuando la compañía dejó de pagar un crédito por más de $81,9 millones con el ICBC. Desde entonces, según admitió en su presentación, no logró volver a ponerse al día ni afrontar salarios, cargas sociales ni compromisos corrientes. El cuadro se completa con otro dato clave: acumula 64 cheques rechazados por más de $85 millones, reflejo directo de la falta de liquidez.

En ese contexto, la empresa reconoció que el estado de cesación de pagos se volvió irreversible, luego de haber intentado sostener la operatoria mediante refinanciaciones, financiamiento fiscal y postergación de obligaciones. El ingreso al concurso formaliza así una crisis que venía escalando desde hace más de un año y que ya había tenido señales claras en la operación diaria.

De marca emblemática a estructura mínima

Fundada en 1988 por los hermanos Alfredo, Pablo y Rodolfo Chiodini, Viamo llegó a posicionarse como una de las marcas más reconocidas de calzado femenino en el país, con una red de más de 25 locales y producción propia. Durante años, combinó diseño, fabricación local y expansión comercial en distintos puntos del país.

Ese esquema comenzó a resquebrajarse con la caída del consumo y el cambio de condiciones del mercado. El año pasado, la empresa avanzó con más de 30 despidos en su planta de Capital Federal, redujo drásticamente su personal y cerró locales. También intentó aplicar un Procedimiento Preventivo de Crisis para pagar indemnizaciones reducidas, lo que derivó en conflictos laborales y reclamos judiciales.

Hoy, la estructura es mucho más chica: la empresa cuenta con 77 empleados registrados y concentra su operación en su casa matriz, administración y planta industrial ubicadas sobre Avenida Lisandro de la Torre, en la Ciudad de Buenos Aires. A eso se suma un esquema comercial acotado, con locales propios en:

  • Calle Aguirre (CABA)
  • La Plata
  • Florida Premium Outlet (Munro)
  • Munro Mega Outlet
  • Plaza Oeste (Castelar)
  • Unicenter (Martínez)

Además de un depósito logístico orientado al e-commerce en Lomas del Mirador. En ese esquema, la producción propia quedó prácticamente reducida al mínimo y la operatoria se apoya cada vez más en mercadería importada.

El giro a importaciones que no alcanzó

Uno de los puntos más relevantes del expediente es el cambio de estrategia que intentó la empresa para adaptarse al nuevo escenario. Frente a la pérdida de competitividad de la producción local, comenzó a importar calzado desde China, Brasil y España, con la idea de combinarlo con fabricación propia.

El argumento era claro: un producto importado podía costar entre un 30% y un 40% menos que uno nacional de similares características. Esa diferencia empujó a reemplazar producción local por mercadería del exterior en proporciones crecientes.

"El objetivo era realizar un mix que permitiera subvencionar la producción", explica la empresa. Pero el plan no funcionó. La caída del consumo terminó anulando cualquier mejora de costos y dejó a la firma con mercadería acumulada, ventas en retroceso y estructura sobredimensionada.

"La realidad fue muy diferente a la esperada", reconoce.

Ventas en caída libre y sobre stock

En su presentación, la compañía detalla el proceso que la llevó al concurso y deja en claro que el factor decisivo fue el desplome del mercado. Según describe, la caída del consumo "posee un agravamiento intenso y constante durante todo el año 2025" y llegó a niveles de hasta el 50%.

Para sostenerse, la firma recurrió a una batería de medidas: refinanciación de deudas, financiamiento fiscal, despidos y suspensiones, liquidación de stock "a costo" y promociones agresivas para generar liquidez. "Todo ello tendiente a preservar la fuente de trabajo y la continuidad empresaria", sostiene.

Sin embargo, el resultado fue el contrario. La empresa terminó con un volumen de mercadería sin precedentes. "Nuestros depósitos se encontraron colmados de mercadería que el mercado no logra absorber", admite, en referencia a un sobrestock que terminó asfixiando su capital de trabajo y acelerando el deterioro financiero.

Ese exceso se combinó con una caída de ingresos y un aumento de costos financieros que, según la propia firma, la llevaron a una "fuerte iliquidez" que derivó en la presentación concursal.

Una industria en retroceso

El caso no es aislado. La propia empresa describe una "crisis terminal" del sector hacia comienzos de 2026, con una caída del consumo cercana al 40%, más de 16.000 empleos perdidos y el cierre de unas 500 fábricas en los últimos meses.

En ese contexto, cada vez más compañías optan por abandonar la producción local y reconvertirse en importadoras. Esta misma semana, la histórica marca John Foos anunció el cierre de su planta en Beccar, en San Isidro, donde aún trabajaban unas 50 personas, y confirmó que pasará a importar zapatillas terminadas desde Asia.

El proceso refleja con claridad la dinámica del sector: la firma llegó a tener cerca de 400 empleados en 2023, redujo su plantilla de manera progresiva y ahora avanzará con la desvinculación de la mayoría de los trabajadores que quedaban en la fábrica. La producción local será discontinuada por completo y la operación quedará limitada a una estructura administrativa y comercial.

En el caso de Viamo, el objetivo del concurso de acreedores es claro: "preservar la continuidad de la empresa en marcha", tal como establece la ley.

Mientras tanto, la marca que supo tener más de 25 locales y una fuerte presencia en el mercado local enfrenta un momento bisagra. El resultado del proceso concursal definirá si logra reestructurarse o se suma a la lista de empresas que no pudieron sobrevivir a la crisis del calzado en Argentina.