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Arrancaron vendiendo lombrices y ahora son virales con un vivero que suma un café de especialidad

Con una inversión propia de u$s60.000, esta marca logró reinventarse y consolidar cuatro unidades de negocio que crecen a pesar de la crisis
19/04/2026 - 06:16hs
Arrancaron vendiendo lombrices y ahora son virales con un vivero que suma un café de especialidad

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, específicamente en la calle Virrey del Pino 4383, Villa Ortúzar, funciona Ada Jardín, un establecimiento que integra un vivero boutique, una cafetería de especialidad, un centro de compostaje y un espacio de eventos culturales. El proyecto, que inició su actividad comercial en el año 2020 de la mano de Luciana Amicone y Julián González Oliva, se diferencia de los modelos de rotación rápida mediante una propuesta de permanencia prolongada de los clientes.

Actualmente, la empresa cuenta con una base de 20 mil seguidores en redes sociales y gestiona cuatro unidades de negocio: venta minorista, café de especialidad, experiencias y servicios verdes. La estructura logró desarrollarse sin financiamiento bancario ni inversores externos, basándose en un modelo de reinversión constante de utilidades.

Del garage doméstico a la consolidación del comercio electrónico

El origen de la empresa se sitúa en 2019, inicialmente sin un plan de negocios formalizado. La actividad comenzó con el compostaje doméstico realizado por Julián. En febrero de 2020, se creó la marca en Instagram con el objetivo de compartir contenidos familiares relacionados con la jardinería de la abuela Ada. Sin embargo, la coyuntura de la pandemia de COVID-19 y la necesidad de generar ingresos tras la venta de activos personales impulsaron un cambio en el propósito del proyecto.

En junio de 2020, los fundadores iniciaron la venta de lombrices californianas a través de plataformas de comercio electrónico. Según describe la cofundadora de Ada Jardín, "todo empezó en casa, literalmente en el garage. Julián arrancó compostando por gusto y en plena pandemia se le ocurrió vender lombrices. Yo le dije ‘¿quién te va a comprar lombrices?’ y a la media hora ya había vendido".

La fase operativa temprana se caracterizó por la gestión logística familiar: los fundadores pasaban las madrugadas preparando pedidos para luego distribuirlos por más de diez barrios de la ciudad. "Pasábamos noches contando lombrices una por una para armar los frascos", señala Amicone.

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El vivero-café está ubicado en Villa Ortúzar

Durante este periodo, la interacción con los clientes incluyó asesoramiento técnico sobre compostaje, lo que permitió la formación de una comunidad de usuarios. El crecimiento de la demanda y un incidente de seguridad en la plataforma de ventas inicial en 2021 motivaron el lanzamiento de un sitio web propio para asegurar la independencia comercial.

De la venta de lombrices, el catálogo se expandió a insumos de jardinería y plantas de interior, consolidando el perfil de vivero boutique. "De las lombrices pasamos a vender insumos, después plantas, armamos un e-commerce y más tarde abrimos el local en Villa Ortúzar", narra Luciana.

Estructura financiera y perfiles de gestión operativa

La apertura del primer local físico en 2022 representó una inversión inicial de u$s20.000, provenientes de ahorros propios. Desde entonces, la inversión acumulada se estima en USD 60.000, financiada íntegramente mediante la reinversión del flujo de caja del negocio.

La gestión de la empresa se apoya en las trayectorias profesionales previas de sus fundadores: mientras que Luciana cuenta con experiencia en administración de consorcios y organización de eventos, lo que aporta a la gestión administrativa y al diseño de la experiencia del cliente, Julián dispone de una trayectoria de 25 años en la empresa familiar Texilo, con foco en ventas y desarrollo de negocios durante la última década.

"Antes de este proyecto, veníamos de recorridos distintos, pero complementarios", cuenta la fundadora. "Trabajé en administración de consorcios junto a mi madre, lo que me dio una base fuerte en gestión y trato con clientes. Además, soy organizadora de eventos, así que aporta una mirada creativa y foco en la experiencia. Julián tiene un perfil técnico. Hoy combinamos esas experiencias para llevar adelante el proyecto".

Esta estructura de mando ha permitido la supervisión directa de las cuatro áreas de ingresos de la firma, donde el café de especialidad se posiciona actualmente como la fuente de facturación más estable.

El equipo de trabajo fue instruido para priorizar el vínculo y la conversación sobre la transacción rápida. Según los fundadores, el personal comprendió el espíritu de permanencia, lo que evita que el establecimiento funcione como un local gastronómico de paso. En términos de rendimiento, la empresa reporta un crecimiento interanual sostenido y proyecta superar la facturación del ejercicio anterior, traccionada por el desempeño de la cafetería y la creciente asistencia a los talleres.

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"El gran salto fue sumar el café, que no estaba en los planes", aseguran los emprendedores

La integración del café y la reconversión del sector

La incorporación del café de especialidad en noviembre de 2024 marcó un punto de inflexión en la identidad de la marca. La decisión no respondió a una adición gastronómica tradicional, sino a la observación del comportamiento de los clientes que permanecían en el vivero durante periodos extensos.

"El gran salto fue sumar el café, que no estaba en los planes, pero terminó siendo lo que consolidó la identidad del lugar: un vivero-boutique donde la gente se queda, charla y arma comunidad", describe Luciana.

Esta transformación se alinea con los cambios observados en la industria de la jardinería y el paisajismo. "El vivero tradicional cambió mucho. Hoy la gente busca espacios más boutique, curados, con experiencia. Y el boom del café de especialidad también se cruzó con eso. Ada Jardín se benefició de esa transformación porque ofrece algo distinto, híbrido, que no había en el barrio", analiza.

En un entorno de crisis de consumo, la empresa fundamenta su sostenibilidad en la cercanía y el soporte comunitario: "Lo que nos sostiene es la comunidad. En un momento de crisis, la gente busca lugares que den calidez y experiencias. Ada Jardín no es solo un vivero ni solo un café: es un espacio donde se generan amistades, donde escuchamos al barrio y respondemos a lo que necesita. Esa cercanía es lo que nos diferencia".

De cara al futuro, los planes de inversión se centran en la mejora del espacio de talleres y la integración vertical de la producción de café. "Estamos desarrollando nuestro propio café, con la idea de empezar a tostarlo nosotros y cerrar todo el proceso, de la semilla a la taza", adelanta Amicone.

Aunque el formato comercial es escalable, la estrategia de crecimiento prioriza la identidad del espacio único en Villa Ortúzar sobre la expansión masiva. "Lo que vemos a futuro es seguir creciendo desde la comunidad: más talleres, más actividades, más vínculos", concluye la co-fundadora. En un mercado que tiende a la digitalización, Ada Jardín mantiene su enfoque en lo analógico a través del contacto con la tierra y la interacción social presencial.