Alerta en el sistema financiero por la quiebra de SanCor: ¿Qué bancos son los más expuestos al desplome de la láctea?
âA partir de informaciones surgidas del gremio que agrupa a sus trabajadores, el futuro de SanCor parece encaminarse a la quiebra.
Por lo menos así lo acaban de denunciar desde ATILRA, el sindicato que representa al personal de la mayor empresa láctea de la Argentina.
Según un comunicado enviado a la prensa por las autoridades de este gremio, el pedido de quiebra se habría formalizado luego de que el juzgado a cargo del concurso preventivo de la compañía recibiera los informes elevados por la Sindicatura, el Comité Provisorio de Control y la co Administradora designada por la justicia.
Ambos documentos habrían comprobado el estado de cesación de pagos, impotencia e insolvencia patrimonial general y definitiva de la concursada, no dejando otro camino que la solicitud de quiebra.
"En términos de los hechos probados en la causa, el pedido no agrega ni quita nada, resultando a esta altura un gesto irrelevante que pone fin a una tozuda postura que negaba la realidad", señala el documento de ATILRA.
Para el gremio esta postura "pretendía construir un falso relato enfermizo a través de voceros funcionales perfectamente identificados, ahora totalmente descolocados ante los categóricos informes coincidentes de los cuerpos orgánicos actuantes en la causa y el reconocimiento de la propia concursada".
Estructura despojada
Desde el gremio aseguran que se trata de "una realidad que algunos de sus directivos nos supieron reconocer en forma privada y que ahora oficializan y que demuestra que SanCor CUL se viene sosteniendo con el patrimonio de los trabajadores a quienes les deben ocho meses de sueldos más aguinaldos".
Tanto para los trabajadores como para el propio gremio, el dictado de quiebra no constituye un final sino el comienzo de una nueva etapa donde la marca SanCor, despojada de las estructuras que la llevaron al borde de su extinción, debe volver a florecer con el impulso de la nobleza y calidad de los productos que las y los trabajadores afiliados a ATILRA elaboran, finaliza el informe.
En términos concretos, los trabajadores afectados por la quiebra superan los 850 puestos y ahora se espera que la asamblea de la empresa ratifique el pedido del consejo administrativo para analizar los pasos a seguir, agregan las fuentes gremiales.
Sostienen además que existen empresas interesadas en la compra de la cooperativa pero que esperaban su quiebra para intentar avanzar en ese objetivo que, de concretarse, marcará el fin de la era SanCor en el negocio lácteo argentino.
En la actualidad, la empresa se encuentra en concurso preventivo de acreedores ante la justicia de la localidad santafesina de Rafaela, con un pasivo cercano a los u$s120 millones.
Con el pedido de quiebra, quedaría demostrado que la empresa no tiene capacidad financiera ni operativa para cumplir con ese proceso concursal abierto en febrero de 2025 en el juzgado a cargo de Marcelo Gelcich.
La solicitud cierra un capítulo de casi una década de reestructuraciones fallidas, venta de activos estratégicos y una pérdida de mercado que parece no tener retorno.
Las cifras de la insolvencia
En el mercado aseguran que este proceso no llega de manera sorpresiva, aunque confirma el volumen del descalabro de SanCor que, más allá de la cifra inicial, terminaría superando los u$s185 millones, sumando deuda fiscal y previsional.
Entre los acreedores se encuentran más de 1.500 firmas y organismos, incluyendo a la AFIP, proveedores de insumos (como Tetra Pak) y empresas de servicios públicos (EPE Santa Fe, Litoral Gas).
En los últimos años, la empresa fue deteriorando su capacidad operativa al punto que, de los cuatro millones de litros diarios que procesaba en su apogeo, hoy apenas alcanza los 450.000 litros, volumen insuficiente para sostener una estructura que aún cuenta con plantas de gran envergadura.
Desde el gremio, liderado por Héctor Ponce, se vienen denunciando las irregularidades con el personal, la deuda en salarios y de aportes de seguridad social, situación que derivó en un procesamiento judicial para exdirectivos de la firma meses atrás.
La relación con el sindicato fue el último clavo en el ataúd. El prolongado conflicto laboral, que incluyó paros y bloqueos, terminó por espantar a los pocos grupos inversores que miraron con interés el "salvataje" de la láctea.
Tampoco funcionó el intento de crear un fideicomiso de administración con capitales privados, que nunca logró despegar por la falta de garantías sobre la paz social y la sostenibilidad del pasivo.
Las claves de la caída
Varias son las razones que fueron encaminando el proceso de SanCor hacia su quiebra definitiva.
- Uno es la pérdida de activos que fue realizando en su intento por sobrevivir, como el negocio de frescos (yogures y postres) a manos de Vicentin, y marcas emblemáticas que pasaron a competidores
- Otro factor se vincula a la desconfianza financiera que generó entre sus acreedores y que derivó en la imposibilidad de refinanciar deuda con bancos públicos (Nación y Provincia), lo cual bloqueó cualquier flujo de caja para capital de trabajo
- También colaboró la incapacidad de reconversión que demostró mientras competidores como La Serenísima o Adecoagro apostaron a la eficiencia tecnológica. No fue el caso de SanCor, que quedó atrapada en una estructura de costos fijos excesiva para su producción real
Ahora, con la justicia tomando el control total, el foco estará puesto en la liquidación de los activos restantes para cubrir, en primer lugar, las indemnizaciones y deudas laborales, que gozan de privilegio en el proceso falencial.
Incertidumbre en el sector financiero
Pero más allá de este escenario operativo, el impacto de la quiebra de SanCor sobre el sector financiero no es solo una cuestión de saldos impagos, sino un golpe a la estructura de garantías que sostenía a la cooperativa.
Ocurre que el mapa de los acreedores financieros revela una exposición que mezcla fondos internacionales con la banca pública argentina.
Por caso, el fondo holandés BAF LATAM Trade Finance Fund B.V. es el mayor acreedor individual del sector financiero privado.
Aunque su reclamo original superaba los u$s48 millones, el fallo judicial reciente fue un duro revés estratégico, teniendo en cuenta que el monto reconocido se incrementó a u$s51,8 millones (incluyendo intereses).
El fondo intentó validar sus créditos como "privilegiados" alegando garantías sobre marcas clave (como Mendicrim y Santa Brígida) y la planta industrial de Sunchales.
A su vez, la justicia determinó que, al presentarse a verificar en el concurso, el fondo renunció implícitamente a la ejecución extrajudicial de esas garantías.
Ahora, BAF pasa a ser un acreedor quirografario (común), lo que significa que cobrará último y a prorrata de lo que quede tras liquidar activos.
âPara los bancos acreedores, la noticia no es solo un golpe contable; es el inicio de una batalla judicial por el orden de privilegios en la liquidación de bienes, en un contexto donde el pasivo financiero y fiscal se ha vuelto inmanejable.
El Estado es uno de los mayores afectados si se tiene en cuenta que el El FONDEP cuenta con un privilegio especial sobre la marca "SanCor", una de las pocas joyas que aún conserva valor comercial.
Sin embargo, la liquidación de una marca cuya producción está paralizada es una incógnita para el mercado.
En el caso de la banca privada local, diversas entidades santafesinas y nacionales mantienen hipotecas sobre plantas industriales.
El problema radica en que muchas de estas instalaciones han sufrido un proceso de desinversión que ha desplomado su valor de mercado.
Según fuentes del sector consultadas por iProfesional, el impacto tiene dos aristas.
Por un lado, las âprevisiones al 100% porque la mayoría de las entidades financieras ya habían calificado la deuda de SanCor como "irrecuperable" en sus balances de 2025. No obstante, la quiebra formal obliga a ejecutar las garantías, un proceso que en Argentina puede extenderse por años.
âPor otro lado, se menciona el riesgo de "efecto derrame". Es decir, la caída de SanCor afecta a cientos de tamberos y transportistas que dependen de la cadena de pagos de la cooperativa.
Muchos de estos actores tienen líneas de crédito productivo en bancos regionales; si ellos caen, la morosidad en el interior productivo (especialmente en Santa Fe y Córdoba) podría dar un salto preocupante.
â"El problema no es solo lo que SanCor debe, sino el ecosistema que arrastra. Los bancos regionales están mirando con lupa la cadena de proveedores, porque ahí es donde la quiebra se siente en la calle", explica un analista financiero.
âCon solo seis plantas operando a niveles mínimos de las catorce que supo tener, los activos de SanCor se han depreciado. La estrategia de los bancos ahora será la de defender los privilegios hipotecarios.
Para las entidades con garantías sobre inmuebles, la prioridad es que las plantas no sean ocupadas ni desmanteladas.
âLa otra batalla será por la marca como en el caso del Banco Nación y del Estado, que buscarán que SanCor sea subastada a un jugador de peso (se mencionan grupos internacionales y grandes lácteas locales) para recuperar parte del capital inyectado mediante fideicomisos que nunca dieron frutos.
âEn el caso de los bancos estatales, históricamente utilizados para sostener el giro operativo de SanCor por presión política, enfrentan una incobrabilidad casi total de sus líneas de prefinanciación.
En este sentido, el Banco Nación (BNA) y el Banco Provincia (BAPRO), poseen acreencias que se remontan a planes de asistencia de 2017 y 2018.
Dato preocupante
Para estas entidades, la quiebra implica pasar estos créditos de "Categoría 5" (irrecuperable) a una pérdida definitiva en sus balances.
Una situación parecida ocurre con el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), que también figura en la lista de acreedores.
El problema para la banca pública es que gran parte de estos préstamos se otorgaron bajo figuras de "fomento", con garantías reales que hoy están depreciadas o sujetas a litigios por la prioridad de los créditos laborales y fiscales.
Un dato que preocupa especialmente al mercado financiero es el pasivo generado después de la apertura del concurso en 2025.
Según los informes de la sindicatura, la cooperativa acumuló una deuda corriente de más de $6.300 millones en el último año.
Esta deuda crece a un ritmo de $3.000 millones mensuales debido a intereses punitorios y la falta de pago de servicios básicos e insumos financieros.
Para los bancos que seguían operando con la cooperativa en el día a día, este rojo es el más difícil de digerir porque demuestra la inviabilidad absoluta del flujo de caja.
Más allá de los grandes bancos, el sector financiero sufre por el impacto en las SGR (Sociedades de Garantía Recíproca) y cooperativas de crédito regionales de Santa Fe y Córdoba.
Muchos proveedores de SanCor descontaban cheques de la cooperativa en el mercado secundario. Con la quiebra, esos instrumentos quedan sin valor, trasladando el riesgo de default a las pymes lácteas y, por rebote, a las entidades financieras locales que les otorgaron crédito.
De esta forma se comienza a cerrar una etapa histórica de la lechería argentina que tuvo a SanCor como líder y referente de un modelo que en el mundo ha dado grandes resultados, el cooperativismo lechero.