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Qué hay detrás de Red Bull, Monster y Speed: crece el consumo joven y se multiplican los problemas de salud

Expertos advierten sobre el impacto del marketing y la falta de controles en la regulación del acceso de menores a productos con cafeína
24/04/2026 - 14:20hs
Qué hay detrás de Red Bull, Monster y Speed: crece el consumo joven y se multiplican los problemas de salud

Las bebidas energizantes movieron entre u$s503 y u$s516 millones en Argentina durante 2024-2025, según los registros de la Cámara de Fabricantes de Alimentos Dietéticos y Afines (CAFADyA). El país consume 125 millones de latas al año, un promedio de 2,3 litros per cápita.

Estos números pueden parecer abultados. Pero en realidad se consideran bajos para un producto que crece aceleradamente en todo el mundo. Según publicó la periodista Natalia Kiako en el sitio  EconomiaSustentable.com, la crisis económica moderó el despegue que se esperaba para este mercado.

Las proyecciones siguen siendo optimistas. Las consultoras estiman un crecimiento anual compuesto de entre 3,5% y 9,1% para los próximos años. Argentina representa el mayor potencial de expansión en toda Sudamérica hasta 2031.

Varias marcas se disputan el negocio. Speed fue la primera en llegar y domina el segmento medio-bajo. Monster y Red Bull lideran la gama alta, donde se concentra el mayor consumo entre jóvenes.

Un producto nacido para aumentar la productividad laboral

El energizante apareció en Japón durante los años sesenta. Surgió como una bebida "medicinal" diseñada para optimizar el rendimiento laboral en una cultura obsesionada con la productividad.

El concepto original sigue vigente hoy, aunque el uso se expandió mucho más allá del ámbito laboral. Estas bebidas concentran dosis enormes de cafeína, y según la marca, también taurina, guaraná y otras sustancias estimulantes. Un público de todas las edades las consume para soportar largas jornadas de trabajo, estudiar de madrugada o rendir más en el deporte.

El beneficio real de este consumo para esos objetivos es, como mínimo, dudoso. Los estudios científicos cuestionan cada vez más la efectividad de estos productos.

Pero el problema va mucho más allá de si funcionan o no. Las bebidas energizantes –en verdad, estimulantes, una palabra que la industria evita pero que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera más exacta– se vuelven cada vez más populares entre sectores muy jóvenes de la población. Incluso niños, de acuerdo a lo publicado en el sitio Economía Sustentable.

Por qué los adolescentes las eligen y qué riesgos enfrentan

Los adolescentes recurren a estos productos por motivos muy diversos. Buscan aumentar rápidamente sus niveles de energía, mejorar el estado de alerta, potenciar el rendimiento escolar o atlético.

Un energizante es tan bienvenido en una fiesta como en una noche de estudio. Esa versatilidad explica parte de su éxito comercial entre los más jóvenes.

El aumento del consumo tiene una consecuencia directa: más jóvenes terminan en guardias médicas por efectos adversos. Los casos crecen año tras año en todo el país.

Los efectos más leves y conocidos incluyen ansiedad, trastornos gastrointestinales, deshidratación, nerviosismo y taquicardia. Pero a medida que el consumo se instala y las investigaciones avanzan, aparecen datos mucho más preocupantes.

Un estudio italiano publicado en 2023 reveló efectos graves y complicaciones severas. Este meta-análisis reunió múltiples investigaciones previas, consolidando una gran cantidad de datos y evidencia científica.

De acuerdo a lo publicado en el sitio Economía Sustentable,las bebidas energizantes pueden producir daño en diferentes órganos. Los cuadros más graves incluyen rabdomiólisis, lesión renal aguda, fibrilación ventricular, convulsiones, manía aguda y accidente cerebrovascular. En casos extremos, pueden provocar la muerte.

Los artículos de este estudio se dividieron en siete grupos según el tipo de complicación. Se relevaron 35 artículos sobre efectos cardíacos, 12 sobre efectos gastrointestinales, 18 sobre efectos neurológicos, 7 sobre efectos renales, 2 sobre efectos ginecológicos, y 2 sobre efectos autoinmunes y cutáneos.

La trampa de la cafeína en dosis altísimas

El principal culpable es la alta dosis de cafeína. Esta sustancia estimulante no está sometida a fiscalización internacional, lo que facilita su uso masivo en estas bebidas.

Se considera alto contenido en cafeína un aporte de más de 15 miligramos por 100 mililitros de bebida. Ese valor debe informarse expresamente en el etiquetado (mg/100 ml).

La bebida energizante promedio contiene 32 mg de cafeína cada 100 ml. Algunas marcas superan bastante esa cifra.

El café de filtro puede tener más concentración de cafeína por mililitro. Pero el problema real es la ingesta media y la forma de consumo.

Nadie se tomaría tres o cuatro tazas de café seguidas, con catorce terrones de azúcar en cada una. En cambio, una lata de 473 cc de Monster alcanza los 160 mg de cafeína y 54 g de azúcar, y eso no llama la atención de nadie.

Está completamente normalizado que un adolescente consuma dos o más latas en una sola noche de fiesta. Esa es una dosis masiva de estimulantes y azúcar que el cuerpo joven no está preparado para procesar.

España prohíbe la venta a menores mientras Argentina mira para otro lado

En febrero último, España anunció la prohibición de venta de bebidas energizantes a menores de 16 años. Para los jóvenes entre 16 y 18 años, estableció un límite máximo de 32 mg de cafeína cada 100 ml. Esa dosis, de todas formas, sigue siendo realmente elevada y coincide con el máximo permitido en Argentina.

España se alineó así con varios países europeos que ya habían tomado decisiones similares. El motivo de esta regulación es contundente, de acuerdo a lo publicado en el sitio Economía Sustentable.

Casi 4 de cada 10 adolescentes españoles en la franja entre 14 y 18 años declaró consumir bebidas energizantes en el mes previo a la encuesta ESTUDES. Este informe anual se basa en encuestados anónimos sobre consumo de drogas que el Estado español realiza sobre jóvenes en edad de escolaridad secundaria.

En varios países europeos, estas bebidas se restringen a farmacias de manera exclusiva. En Argentina, las bebidas energizantes son técnicamente de venta libre.

Algunas provincias y ciudades tienen normativas locales que limitan su venta, especialmente en boliches y discotecas. Pero no existe una regulación nacional efectiva.

En 2005, la ANMAT dispuso un límite de 20 mg de cafeína a través de su disposición 3634/2005, el mismo estándar que rige para las gaseosas comunes según el Artículo 1000 del Código Alimentario.

Las marcas líderes como Monster, Speed y Red Bull reaccionaron rápidamente. Obtuvieron un marco específico para bebidas energizantes – analcohólicas con cafeína y taurina (Artículo 1388 del Código Alimentario Argentino).

Hoy todas alcanzan los 32 mg de cafeína por cada 100 ml, un 60% más que el límite original. La única advertencia visible son los sellos frontales de advertencia, que alertan sobre los excesos en cafeína, azúcar, calorías y edulcorantes.

El consumo arranca a los 11 años con validación de los padres

La pediatra especialista en Adolescencia (SAP) María Pereyra Gonzales, MN 157377 / MP 196343, analiza el fenómeno desde su experiencia en consultorio. Sus observaciones son reveladoras y preocupantes.

"A los 11 o 12 años se consumen estas bebidas con la validación de los padres. La familia lo ve como una herramienta para que los chicos tengan más energía para las actividades del día a día, no lo ven como algo malo. No lo tienen en la alacena pero sí les dan plata a los chicos para que compren el producto cotidianamente", explica Pereyra Gonzales.

El gran problema de que no se cataloguen como estimulantes es que son de venta libre. "Supuestamente hay restricción para menores de 18 años, pero no se regula la venta realmente", advierte la especialista.

Las consecuencias de este cuadro son múltiples y graves. "La alta dosis de cafeína y azúcar, según la combinación de cantidad y edad, puede dar distintos síntomas y complicaciones. Uno muy común es el efecto paradojal: en vez de concentrarte y darte energía te puede dar insomnio, ansiedad, dificultad para concentrarte, nerviosismo. Hasta hipertensión arterial, convulsiones. Ante la privación de sueño y otros factores contextuales, es más fácil gatillar efectos colaterales".

El consumo frecuente en estudiantes se vincula con obesidad, diabetes tipo 2 y síntomas de depresión. Los estudios epidemiológicos muestran una correlación cada vez más fuerte entre estas variables.

La mezcla con alcohol que enmascara la intoxicación

Al combinarse con alcohol, surge otro riesgo importante. Se produce una pérdida de registro del estado de intoxicación real.

El energizante estimula el sistema nervioso central mientras que el alcohol actúa como un depresor. Al consumir ambos a la vez, se vuelve difícil notar los efectos reales ni tener conciencia de las dosis consumidas de cada sustancia.

Consultada sobre esta mezcla, tan común en salidas nocturnas, la médica profundiza: "En edades más precoces, vemos más el energizante solo, pero en la adolescencia media y tardía comienza la combinación con alcohol o drogas. Puede generar problemas de gravedad, tanto al potenciar los efectos como por enmascararlos".

"Hay ciertas drogas de diseño que se usan en espacios de socialización y en fiestas que pueden potenciar los mismos efectos de estas bebidas y esa combinación lo vuelve peligroso", alerta la especialista.

"Es importante a partir de los 13 años, pesquisar en consultorio, ofrecer un espacio seguro de privacidad y abrir el espacio al tema que ya puede ser pertinente, puede haber un consumo", recomienda Pereyra Gonzales. El enfoque debe apuntar a la reducción de daños y no a una postura punitivista para tener un efecto más benigno y útil sobre lo real.

"El objetivo es que los chicos puedan cuidarse mejor", concluye la pediatra. Una meta que requiere información clara, regulación efectiva y acompañamiento profesional. Tres elementos que hoy faltan en Argentina frente al avance imparable de las bebidas energizantes.

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