Vendía anteojos en un garaje y pegó el gran salto: su marca hoy la eligen desde Lali hasta Fito Páez
En el mundo de los negocios, las historias de éxito que comienzan en un garage suelen estar reservadas para los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. Sin embargo, en Argentina, esa narrativa tiene un matiz distinto: el del diseño, la resiliencia y la capacidad de leer un mercado antes de que este termine de formarse. Nicolás Schirmer, CEO de Hardem, es el protagonista de este relato que hoy celebra una década de vida bajo un concepto que define su presente y futuro: "The Hardem Standard".
Desde muy joven, Schirmer mostró una inclinación natural por la autonomía. "Desde chico fui emprendedor y siempre busqué mi independencia económica", recuerda. En 2005, mucho antes de que los "showrooms" fueran moneda corriente, transformó el garage de su casa en un espacio multimarca de ropa y accesorios. Su camino no fue lineal: tuvo una academia de tenis social y brindó asesoramiento a pymes mientras avanzaba en su carrera de Marketing. Pero su norte siempre fue claro: tener una marca propia que no solo vendiera un producto, sino una identidad.
Esa formación técnica y su experiencia temprana fueron los cimientos de lo que en 2015 se convertiría en Hardem. Según Schirmer, esa etapa inicial "fue clave porque me dio algo que no se aprende en ningún libro: contacto directo con el consumidor. Entender qué busca, cómo decide y, sobre todo, qué lo emociona". Su visión permitió identificar un nicho donde el anteojo dejaba de ser un objeto técnico para convertirse en un accesorio de moda coleccionable y un reflejo del estatus y estilo personal.
El nacimiento de un estándar: hard + design
El nombre de la marca no fue producto del azar, sino de un proceso de branding que buscaba evitar la "miopía del marketing". Tras descartar opciones como "ENY+" (Energía Positiva) por no ser lo suficientemente aspiracionales, nació Hardem: una fusión entre "hard" (resistencia y calidad) y "design" (innovación en formas y estilos).
Hoy, al cumplir 10 años, la marca presenta su colección Optical 2026, que funciona como un manifiesto de este recorrido. Esta línea no solo exhibe 33 nuevos diseños, sino que abre el "detrás de escena" de un proceso que combina la precisión técnica de planos y calibres con la liberación creativa de acetatos y metales. Para Schirmer, estos diez años han sido "un laboratorio permanente" donde se experimentó y perfeccionó hasta encontrar un estándar propio. En sus palabras: "Lo que cambió fue la experiencia; lo que no cambió fue la convicción de que cada lente tiene que representar algo más que una tendencia: tiene que consolidar una identidad".
La validación de las estrellas: de Fito Páez a Lali Espósito
Uno de los hitos que catapultó la visibilidad de Hardem fue su relación con figuras de la cultura popular. No se trata de simples acuerdos de patrocinio, sino de colaboraciones orgánicas. La colección "PÁEZ ft. HRDM" nació de un encuentro fortuito: Fito Páez bajó de su auto para preguntarle a una joven por los lentes que llevaba puestos, que resultaron ser Hardem. "Ese gesto espontáneo validó algo que veníamos construyendo: que el producto genera curiosidad y conversación", explica Schirmer.
Con Lali Espósito, el proceso fue igualmente profundo. El "drop #2" de su cápsula es hoy una realidad consolidada que Schirmer define como "fragmentos autobiográficos" de la artista. Según el CEO, "el punto de partida siempre es el mismo: entender su identidad más allá del personaje público. Lo que empezó como una cápsula creativa hoy se consolida como una línea con identidad propia dentro del portfolio de Hardem".
Esta estrategia de validación se extiende al mundo digital a través de su "Squad", integrado por perfiles como Nacho Elizalde (conductor de Olga), elegidos no por una lógica aspiracional clásica, sino por tener una "voz propia" y una "afinidad real con la marca". "El squad termina siendo una extensión de la marca. Son personas que no solo usan el producto, sino que lo interpretan y lo integran a su propio lenguaje", afirma el emprendedor.
Los números detrás del diseño
A pesar del brillo de las celebridades, Hardem es, ante todo, una operación de negocios robusta que debe navegar las complejidades de la economía argentina. La marca comenzó en 2015 con una inversión inicial de $347.000. En un contexto inflacionario, Schirmer prefiere medir el éxito en unidades: entre 2022 y 2023, la empresa registró un crecimiento del 40%.
Sostener este ritmo no es sencillo, especialmente cuando se apuesta por procesos de producción artesanales que demandan un lead-time de mínimo 4 meses. "Es un equilibrio constante. El proceso artesanal implica planificación y anticipación, no hay margen para la improvisación", explica el CEO, quien destaca que prefieren crecer de forma sostenida antes que comprometer la calidad, que es el corazón de la marca.
Además de los tiempos de producción, los desafíos financieros son constantes. El contexto de insumos importados y los plazos de pago en un entorno inflacionario representan obstáculos diarios. A esto se suma lo que Schirmer llama su "peor enemigo": la desinformación. "La gente suele comparar por precio y no por calidad, siendo la vista un sentido tan importante", advierte, aunque destaca que la tasa de recompra es alta una vez que el cliente prueba el producto.
Estrategia omnicanal e internacionalización
La pandemia fue otro punto de inflexión para Hardem. El lanzamiento de su propio e-commerce permitió un contacto directo con el consumidor final, desafiando la reticencia de la industria óptica tradicional. Sin embargo, lejos de desplazar a las ópticas, ambos canales coexisten. "Nunca pensamos el e-commerce como un reemplazo, sino como una herramienta para amplificar la marca. Hoy son dos mundos que se potencian: uno desde la experiencia física y profesional, y el otro desde la construcción de marca y cercanía", detalla Schirmer.
Con el mercado local consolidado, la mirada de Hardem está puesta en España, su puerta de entrada a Europa. Schirmer ve en el diseño argentino una oportunidad única para competir en mercados de alto poder adquisitivo donde la oferta está estandarizada. "El diseño argentino tiene una mirada muy particular: es más arriesgado, más expresivo. Nuestros cristales de colores polarizados, por ejemplo, son algo que no está tan explorado en Europa".
España funciona hoy como el "laboratorio de internacionalización" de la compañía. El objetivo es construir un modelo replicable en términos de estrategia comercial, comunicación y posventa que pueda escalarse a otros destinos como Italia, Portugal, Alemania, Suecia y Canadá.
El futuro: "See Beyond"
Fiel a su lema "See Beyond" (Ver más allá), Hardem se proyecta hacia su segunda década con la ambición de ser la marca más valorada del mercado. Con una red de ventas que busca expandirse a lo largo y ancho de Argentina y un pie firme en Europa, la visión de Nicolás Schirmer es clara: seguir construyendo sobre la base de la autenticidad y el diseño con intención.
"Creemos en el diseño con intención, donde cada curva, cada color y elección responde a una idea clara y al deseo de trascender lo meramente estético", concluye el CEO. Para este emprendedor que empezó en un garage, el límite no es el horizonte, sino la capacidad de seguir imaginando qué hay más allá de un par de lentes.