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ALERTA

Son rosarinos y crearon el único metegol del mundo donde la pelota no se frena: hasta Di María lo tiene

Arrancaron con una caja de cartón, palos de escoba y $s18.000. Hoy tienen un metegol patentado, proyectan proyectan u$s200.000 y buscan llegr a Messi
25/04/2026 - 08:06hs
El metegol que ningún otro país inventó, lo hicieron dos rosarinos y Di María ya lo tiene

El grito de gol queda a mitad de camino. La jugada sigue, la pelota no se detiene. Uno de los jugadores, con una cerveza en la mano, duda un segundo. Necesita liberar las manos para meterse en la acción, pero no tiene dónde apoyar el vaso. En ese instante, el partido se interrumpe y el gol no llega. "¿Cómo puede ser que los metegoles no tengan posavasos?", se preguntó enojado Juan Martín Uncal. Así creó, junto a Braian Gines Margenet, Capocannoniere, un emprendimiento rosarino que convirtió ese problema en el punto de partida de un nuevo concepto de metegol que proyecta facturar u$s200.000 este año y se viralizó tras llegar a manos de Ángel Di María.

La propuesta de Capocannoniere —o simplemente "Capo"— apunta a repensar el metegol desde su diseño, funcionalidad y uso. El modelo desarrollado por los emprendedores no solo incorpora un sistema de posavasos con recubrimiento térmico, sino que amplía las dimensiones del juego (170 x 100 cm frente a los tradicionales de 120 x 70) y suma un sistema de guardado vertical para optimizar espacios, una de los principales limitaciones del producto.

Sin embargo, el diferencial más relevante está en la dinámica de juego. A diferencia del metegol clásico —limitado a movimientos lineales—, Capo permite desplazamientos multidireccionales: hacia adelante, atrás, en diagonal y en línea recta. Esto elimina interrupciones frecuentes, como la necesidad de meter la mano cuando la pelota queda detenida, y genera una experiencia más fluida. "Nunca encontramos algo similar en el mundo", explican los fundadores, que incluso avanzaron en el patentamiento del sistema.

Con una inversión inicial de u$s18.000, financiada de ahorros y cuotas con tarjetas de crédito, la idea tomó forma durante la pandemia, cuando Uncal, con 15 años de experiencia en el sistema financiero, comenzó a diseñar un prototipo en PowerPoint y luego lo materializó de manera artesanal. Gines Margenet, su amigo y socio, se sumó al proyecto y juntos comenzaron un proceso de prueba y error que se extendió por más de dos años. "Arrancamos con cartón, palos de escoba y mucha intuición. Después fuimos profesionalizando cada etapa", recuerdan en diálogo con iProfesional.

Ese recorrido incluyó decisiones estratégicas desde el inicio como registrar la marca, patentar el producto y desarrollar una red de proveedores para tercerizar la producción. Hoy, distintas pymes participan del proceso, mientras que el ensamblado y la personalización final quedan en manos de los fundadores y un equipo de dos personas.

Personalización, marketing y expansión: las claves del modelo de negocio

Si la innovación técnica explica parte del atractivo de Capocannoniere, la personalización es el eje que potencia su diferencial comercial. Cada metegol puede adaptarse a gusto del cliente, desde el diseño del campo —con patrones circulares o lineales inspirados en estadios reales, hasta la estética exterior.

El nivel de customización alcanza incluso a los jugadores, impresos en 3D. Los clientes pueden elegir equipos, selecciones o directamente replicar rostros a partir de fotos. "Podemos hacer desde un River-Boca hasta un metegol con la cara de tus amigos", explica Uncal.

El modelo también encontró una oportunidad en el mundo corporativo. Empresas comenzaron a utilizar los metegoles como herramientas de activación de marca en eventos, incorporando diseños personalizados que funcionan como experiencias inmersivas.

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Arrancaron con cartón y palos de escoba. Después de dos años, lograron patentar el producto

La visibilidad del proyecto dio un salto cuando lograron que uno de sus metegoles llegara al futbolista Ángel Di María. El campeón del mundo compartió contenido en sus redes sociales y eso disparó las consultas, principalmente desde Buenos Aires y el exterior. "Fue un punto de inflexión", reconocen. Ahora, el objetivo es replicar ese impacto con Lionel Messi, aunque admiten que buscan que ese acercamiento se dé de manera orgánica.

El contexto también juega a favor. En un año atravesado por el Mundial de fútbol, los fundadores reconocen que el evento funciona como un acelerador natural de la demanda: no solo reactiva el interés por el juego, sino que amplifica su potencial como producto de consumo y experiencia social, tanto en hogares como en empresas.

En términos operativos, Capocannoniere tiene actualmente una capacidad de producción de unos 20 metegoles mensuales, con tiempos de entrega de entre 10 y 15 días hábiles. Los precios van de u$s1.200 a u$s1.900, según el modelo y las funcionalidades. La comercialización se realiza principalmente a través de redes sociales y contacto directo por WhatsApp.

El negocio, sin embargo, no se limita al producto actual. Los fundadores proyectan expandir la marca hacia nuevos segmentos: metegoles para niños, juegos de mesa vinculados al fútbol y una línea de accesorios coleccionables. También analizan modelos de internacionalización, desde la exportación directa hasta la venta de know-how o esquemas similares a franquicias.

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A diferencia del clásico, la pelota se mueve en diagonal, hacia adelante y hacia atrás sin frenarse

"El mercado global es enorme y mucho más rentable que el local", señala Gines Margenet. En países como Estados Unidos o Francia, el metegol tiene mayor desarrollo y precios más altos, lo que abre una oportunidad para escalar.

Aun así, los socios prefieren un crecimiento controlado. "No queremos escalar a cualquier costo", advierten. La prioridad es sostener la calidad y la experiencia del usuario, incluso si eso implica limitar el crecimiento en el corto plazo.

Así, por la falta de un lugar donde apoyar una cerveza, nació un emprendimiento bien argentino. Capocannoniere tomó un clásico de la cultura popular como el metegol —ese que atraviesa generaciones, de bares a quinchos— y lo empujó hacia una nueva etapa. En esa mezcla de picardía, encuentro y pasión futbolera que define la argentinidad, encontró también su diferencial. El metegol del nuevo siglo es una excusa para salir de las pantallas y volver a reunirse.