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Cinco amigos argentinos se fueron a España, se la jugaron con un negocio y ahora son furor en Madrid

Estos emprendedores crearon en Madrid un espacio que ya eligen celebridades argentinas, donde la experiencia y el vínculo son protagonistas
28/04/2026 - 17:10hs
Cinco amigos argentinos se fueron a España, se la jugaron con un negocio y ahora son furor en Madrid

Madrid se convirtió en la nueva meca de la gastronomía mundial, pero entre su inabarcable oferta, ha surgido un lugar con alma propia que ya es el refugio predilecto de las figuras más importantes del espectáculo argentino. Susana Giménez lo eligió para celebrar su cumpleaños, y por sus mesas ya han pasado Ricardo Darín y Oscar Martínez.

Se trata de Ancho, un proyecto que nació de la complicidad y el deseo de cinco amigos: Martín Rodríguez, Matías Meyer (reconocido actor argentino), Carlos Gaziglia, Augusto D’Aria y Maximiliano D’Aria.

Detrás de la calidez de sus luces y el aroma a leña, se encuentra la visión de Martín, cocinero, sommelier y gerente de este espacio que busca ser más que un restaurante: una embajada de la calidez porteña en pleno barrio de Chamberí.

El origen de un nombre con historia

La elección del nombre no fue azarosa. En un local que desafía las dimensiones físicas, el concepto de expansión se vuelve protagonista. Según explica Martín a iProfesional, tiene varios sentidos. "En el mundo del vino existe la expresión ‘ancho en boca’. También jugamos con el nombre porque el local es angosto, buscando que sea un ambiente que te agasaje de forma expansiva. Además, unía los dos mundos por el juego del truco (el ancho de basto o de espada)", narra.

Este juego semántico refleja la identidad del lugar. Aunque el proceso fue complejo, con contrapuntos entre "permisos y logística", el equipo nunca perdió de vista la meta. El proyecto comenzó a gestarse hace dos años, cuando este grupo de amigos eligió el local y comenzó a diseñar absolutamente todo con la intención clara de abrir un punto gastronómico de distinción en la capital española.

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Por las mesas de Ancho pasaron desde Susana Giménez hasta Ricardo Darín

Martín Rodríguez: raíces, fuego y memoria

Para entender la esencia de Ancho, es necesario conocer la historia de Martín. Nacido en Martínez, al norte del Gran Buenos Aires, su relación con la cocina está ligada a lo más profundo de sus raíces familiares. "Nací en Martínez, en el norte del Gran Buenos Aires, en una familia donde la comida era sinónimo de unión. Mi abuela, inmigrante portuguesa, cocinaba todos los mediodías. Era el corazón de la casa. Ahí aprendí que la cocina no es solo técnica: es afecto, es identidad, es memoria", recuerda con cierta nostalgia.

Esa formación emocional se complementó con una sólida preparación académica en el IAG y como sommelier. Su camino lo llevó por diversos proyectos en Argentina y también a Francia, una experiencia que cambiaría su perspectiva culinaria para siempre: "Trabajé en distintos proyectos gastronómicos en Argentina y también en Francia, donde viví un tiempo. Ahí aprendí cocina peruana (sí, en Francia). Me enamoré del ceviche, pero mi base siempre fue la parrilla. Soy fanático del fuego".

Sin embargo, a pesar de estar consolidado en su profesión, el impulso de explorar nuevos horizontes seguía latente. "Trabajaba en gastronomía y en el mundo del vino, en proyectos que me gustaban, con personas que me enseñaron su oficio. Pero después de haber vivido en Francia, me quedó el bichito de volver a salir al mundo. Extrañaba esa sensación de aventura, de estar en ciudades cosmopolitas donde conviven personas de todos los orígenes", expresa.

El desembarco en Madrid: un salto al vacío por deseo

A diferencia de otros relatos de migración, la partida de Martín en 2023 no fue empujada por la necesidad, sino por la búsqueda de un nuevo reto. "Me fui en 2023. No fue por crisis ni por necesidad. Fue por deseo. Por ganas de volver a vivir afuera, de crear algo propio en un contexto nuevo, de desafiarme. Sentí que Madrid era el lugar donde algo importante podía pasar".

Esa intuición lo guio hacia la capital española, una ciudad que sintió propia incluso antes de conocerla. Al llegar, se unió a sus socios, Matias y Carlos, para reconocer el terreno: "Caminamos la ciudad de punta a punta, nos metimos en mercados, bares, restaurantes, hablé con quien pude. Tenía que entender qué proyecto de valor podíamos aportar a una ciudad con una oferta gastronómica enorme".

La elección de Madrid fue una decisión visceral: "Fue intuición pura. Cuando mi mujer me preguntó ‘¿por qué Madrid?’, no supe explicarlo. Solo sentía que era acá. Y cuando llegué, confirmé esa sensación: Madrid tiene una energía abierta, mezcla de acentos, ganas de encontrarse".

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Cocina de autor, vinos curados y la esencia porteña definen a este nuevo restaurante en Madrid

Un refugio de amigos para amigos

La génesis de Ancho es la de una charla entre copas que se volvió realidad. "Ancho nació en conversaciones entre amigos (hoy socios) y vinos. Empezó como un deseo, que se convirtió en una idea y en un plan. Conversaciones que empezaron de a dos, fueron sumando aliados y hoy somos cinco socios que lideramos el proyecto".

Lo que buscaban era replicar ese sentimiento de pertenencia tan argentino. "Algo que tuvimos en claro desde el principio es que queríamos un lugar donde sentirnos en casa, un espacio para largas sobremesas, para estar en pareja o con amigos, para que te reciban con calidez. Como decimos siempre: un lugar de amigos para amigos". Este ambiente es lo que percibe cualquiera que cruce el umbral: luces tenues, una invitación al relax y una esencia que ha enamorado a los madrileños.

La propuesta gastronómica: el encuentro como plato principal

En Ancho, la cocina está liderada por la chef ejecutiva Viki Rabinovich y la jefa de cocina Luciana Sigaut, mientras que la carta de vinos es una curaduría de amor y creatividad realizada por Martín y Lucas Echenique. La propuesta se basa en tres pilares fundamentales: "Cocina de autor que sorprende, una carta de vinos de baja intervención curada por sommeliers y un servicio cercano y amable".

Utilizando materia prima española de alta calidad —pescados, mariscos, carnes y opciones vegetarianas—, el menú ofrece giros que remiten a las raíces de sus fundadores. "Hay guiños argentinos también, por supuesto, y fusiones de sabores que sorprenden, como es el Pulpo (un clásico gallego) que sale con chimichurri".

Pero por encima de la técnica, lo que define a Ancho es la inclusión. "Queremos que todos se sientan bienvenidos: los curiosos, los clásicos, los que toman vino, los que prefieren la birra, los vegetarianos, los sin gluten, los que celebran y los que solo quieren estar". Como bien dice Martín, "el plato principal es el encuentro".

El desafío de emprender y el balance de la vida afuera

Abrir un restaurante en el extranjero, con una inversión inicial de entre 200 y 300 mil euros, no estuvo exento de dificultades. "Es difícil. Emprender siempre lo es, pero hacerlo afuera implica aprender todo de cero: normativas, licencias, obras, contabilidad, proveedores, ritmos culturales". La burocracia y las licencias fueron las principales barreras, retrasando los tiempos esperados. No obstante, este tiempo extra les permitió, según sus propias palabras, "macerar el concepto, la propuesta gastronómica que buscábamos y nos permitió seguir explorando el ecosistema gastronómico para entender oportunidades".

Hoy, Martín se dedica al 100% a la operación de Ancho, desde la selección de vinos hasta la visión del proyecto, convencido de que el crecimiento vendrá a través de la calidez y el detalle en el servicio.

Al mirar atrás, el balance es profundamente humano. "No siento que dejé un país, sino que integré otro. Una vez que uno deja su barrio, el espacio donde te criaste, el corazón se reparte porque dejás un poquito en cada lado. Tengo parte en Buenos Aires, parte en París y ahora parte en Madrid".

Para él, emigrar ha sido una experiencia transformadora: "Implica soltar. Implica duelo. Implica empezar de cero cuando ya tenías una vida armada. Pero también implica expansión, aprendizaje, nuevas amistades, nuevas formas de ver el mundo. Emigrar te rompe y te arma de nuevo, pero no deja de ser una gran aventura".

Ancho es, en definitiva, el resultado de esa reinvención. Un lugar donde, como dice Martín, se sacrificó comodidad y cercanía familiar para ganar perspectiva y un proyecto que lo desafía a diario. Con el respaldo de figuras como Susana Giménez y el cariño del público madrileño, este rincón de Chamberí demuestra que, cuando hay fuego y amigos, siempre se está un poco más cerca de casa. "Argentina siempre es una posibilidad, está cerca y es mi casa. No lo descarto, pero hoy estoy donde quiero estar". Y hoy, ese lugar es, sin duda, Ancho.