Tres amigos convirtieron un puesto de diarios en una cafetería viral y ahora lanzan franquicias
Lautaro Loguzzo tiene 28 años, es de La Plata y empezó a emprender a los 19. Su primer gran proyecto fue una constructora de steel frame que armó con su hermano a los 21. Sin haber terminado la carrera de arquitectura, a los 23 ya tenía siete obras en simultáneo y 30 personas a cargo. Sin embargo, los vaivenes de ese rubro lo llevaron a buscar nuevos horizontes.
Después de la construcción, puso un gimnasio y armó una agencia de marketing. Él mismo se define como "apasionado del marketing" y un autodidacta que mira videos de YouTube hasta la madrugada para capacitarse. Fue en ese contexto, asesorando a otros negocios, donde notó que todas las cafeterías locales se veían iguales, con los mismos colores y la misma estética aburrida.
En 2022, durante un viaje a Europa, vio un modelo que le activó la curiosidad: aprovechar estructuras urbanas para vender café. Lautaro va por la vida con "cuadernitos" donde dibuja y escribe todas las ideas que se le ocurren "para que no queden en la nada". En septiembre de 2023, una de esas ideas empezó a tomar forma de negocio real cuando el joven propusso a dos amigos, también platenses, empezar con lo que luego sería Canillita.
El "clavo" que se convirtió en oportunidad
El equipo se armó con perfiles muy distintos. Gerónimo Messineo, que estudiaba Economía y entrenaba en el gimnasio de Lautaro, se sumó para manejar los números. El tercer socio es Julián Cerati, actor de Netflix y sobrino de Gustavo Cerati, quien vive en Colombia y se incorporó como inversor.
Al principio, el proyecto parecía imposible porque la ley no permitía que los puestos de diarios vendieran café. Sin embargo, en noviembre de 2023, un decreto nacional amplió las actividades permitidas en esos espacios. "Nación lanzó un decreto que ampliaba la actividad de puestos diarios a servicios de cafetería y ahí nosotros vimos un gris", cuenta Lautaro sobre ese momento bisagra.
Con la normativa a favor, fueron a buscar puestos físicos. El primer puesto lo compraron en la zona de Facultad de Medicina. Lautaro recuerda que el dueño anterior no entendía qué querían hacer: "Cuando el canillita vio que dos pibes le querían comprar un puesto diario, no entendía nada. Mientras nosotros lo veíamos a ver como una mina de oro, ellos lo estaban viendo como '¿Cómo me saco este clavo de encima?'".
El desafío de armar una startup física con 10.000 dólares
La inversión inicial para arrancar el proyecto fue de u$s10.000. Con ese capital, desarrollaron un Producto Mínimo Viable (MVP) que consistió en restaurar a fondo la estructura histórica del puesto, de unos 50 años. Lautaro diseñó una plataforma móvil que entra y sale de la estructura para ganar espacio interno durante el horario de atención.
El proceso no fue sencillo desde lo administrativo. Al ser los primeros en intentar esto, tuvieron que "inventar" trámites que no existían en la ciudad, como las conexiones de agua y luz de alta potencia para un puesto de diarios. "Nosotros inventamos el trámite de AySA para tener agua en los puestos de diario. No existía directamente, es una burocracia gigantesca", explica a iProfesional el fundador.
Finalmente, el 1 de agosto de 2024, abrieron el primer local en la esquina de Junín y Paraguay. A pesar de que no sabían nada de gastronomía ni de café, hicieron un estudio de circulación exhaustivo. Se sentaron frente a la vereda a contar cuánta gente pasaba: por ese punto de Medicina circulan unas 600.000 personas por día.
Políticamente incorrectos: el choque con los gigantes
El éxito fue instantáneo y se volvió viral el primer día gracias a un posteo en Twitter. Sin embargo, esa visibilidad trajo problemas. El Gobierno de la Ciudad les envió una intimación porque no sabían cómo encuadrar legalmente el negocio. Además, empezaron a sentir la presión de competidores grandes que veían cómo un puesto de diarios les sacaba clientes.
"La presión venía porque les estabas tocando el bolsillo a otros negocios. Las grandes marcas estaban viendo que un pibito de 26 en un puesto diario estaba vendiendo muchísimo", afirma el joven. Lejos de bajar el perfil, él decidió hacer todo lo contrario y exponer la situación para defender el proyecto.
Esa postura y la calidad del diseño les terminaron dando la razón. Canillita terminó ganando el premio al mejor diseño arquitectónico otorgado por la Ciudad de Buenos Aires, reconocimiento que los posicionó como una propuesta que, además de vender café, "embellece el entorno urbano" y recupera mobiliario que estaba obsoleto.
El negocio del café: números que sorprenden al sector
Hoy Canillita ya tiene cuatro puntos abiertos: Facultad de Medicina, Facultad de Derecho, Retiro y Tribunales. De estos, el de Tribunales funciona bajo el modelo de franquicia. El volumen de ventas que manejan es muy superior al de una cafetería de especialidad promedio, que suele vender 1,5 kg de café por día.
En el puesto de Medicina, por ejemplo, despachan unos 10 kg de café diarios, lo que representa cerca de 500 cafés por día. Por cada puesto pasan unas 6.000 personas por mes. En cuanto a los ingresos, el café es el motor principal, pero la publicidad y las acciones con marcas ya representan entre el 20% y el 30% de la facturación total.
Para quienes quieran sumarse al modelo, la franquicia implica una inversión de u$s120.000 bajo la modalidad "llave en mano". Esto incluye el scouting del puesto (que debe estar en zonas de alta recurrencia), la construcción con el diseño de la marca y el entrenamiento del personal. El retorno de la inversión está calculado en un plazo de entre 12 y 18 meses.
No es solo café: el arte como corazón de la marca
Una de las claves de Canillita es que no se ven a sí mismos como una cafetería tradicional. "No somos una cafetería, somos un espacio que arropa artistas de la música, del baile, del arte. Somos un movimiento urbano", define Lautaro. Los puestos funcionan como galerías donde los artistas exponen sus obras durante dos meses y la gente puede comprarlas directamente.
Esta estrategia les permitió crecer de forma orgánica en redes sociales, llegando a tener 2 millones de visualizaciones por mes sin poner un peso en publicidad paga. TikTok fue el combustible que terminó de encender la mecha de la marca. Lejos de ser un golpe de suerte, el equipo aplicó una estrategia de "shooting opportunity" constante: diseñaron cada puesto para que sea tan "cute" y urbano que cualquier creador de contenido —desde foodies hasta comunidades de moda y negocios— sintiera la necesidad de sacarse una foto o grabar un video ahí.
Incluso marcas globales como Adidas se acercaron a las dos semanas de la apertura para hacer lanzamientos disruptivos en el puesto. Para Lautaro, el producto es secundario frente a la experiencia del espacio: "Nunca vas a ver un café con medialunas en una foto de Canillita. El producto es algo que se adapta al espacio, no es el core que se vende", aclara.
Un futuro que cruza el océano
La empresa hoy tiene un equipo de 25 personas y su propio centro de producción de pastelería en Montserrat. Aunque recibieron ofertas de compra de cadenas muy importantes, los socios decidieron seguir solos para no perder la esencia del proyecto. Hasta ahora, todo el crecimiento se financió reinvirtiendo el 100% de las ganancias.
Los próximos pasos incluyen expandirse a ciudades como Mar del Plata, Córdoba, Rosario y Mendoza, donde ya hay mucha demanda por el modelo. Además, están impulsando un proyecto de ley para poder restaurar plazas y parques con este mismo concepto de cafeterías de especialidad integradas al paisaje.
Pero la ambición no se queda en Argentina. Lautaro ya planea llevar a Canillita a Europa, específicamente a España, Francia, Holanda e Inglaterra. "Tenemos muchas ganas de poder exportar la marca a Europa, nos insertamos en un sector que ellos no tocan, que es el arte", asegura.
El objetivo final es seguir manteniendo viva esa "energía inicial" de los proyectos y rodearse de gente con los mismos valores para seguir transformando la ciudad.