Se separó y creó un grupo de Facebook que le cambió la vida a miles de personas: así es el "Tinder cara a cara"
Un camarógrafo de Canal 9 creó en 2012 una comunidad para solos y solas que se convirtió en un fenómeno social y en su segundo trabajo. Con más de 190 viajes organizados, fiestas semanales y una facturación que varía entre los $500.000 y los u$s10.000 por evento. Mientras Tanto es hoy uno de los grupos más grandes de la Argentina y propone algo que Tinder no puede dar: encontrarse cara a cara con un grupo de personas dispuestas a pasarla bien.
Era el 5 de febrero de 2012. Alejandro Labrone estaba recién separado, con tres hijas, viviendo en la zona de Pilar y, según sus propias palabras, "con una nube metida en la cabeza". Esa tarde se juntó a un asado con amigos que también estaban divorciados y, entre el fuego y la charla, nació la idea que cambiaría su vida. Pusieron el nombre sobre la mesa, casi como un juego: Mientras tanto. Ese mismo día volvió a su casa y creó el grupo en Facebook.
El grupo, pensado como cura de una crisis personal, se convirtió, 14 años después, en uno de las comunidades de solos y solas más grandes del país. Hoy Mientras Tanto —conocido entre sus miembros como MT— reúne a 36.000 personas, registra 20.500 ingresos activos por mes dentro de la plataforma, genera más de 800 posteos diarios en su muro y funciona, a la vez, como comunidad social y como emprendimiento del que Labrone vive en parte.
"Este grupo no solo nos mejoró, nos ha cambiado la vida a muchos", dice Alejandro en diálogo exclusivo con iProfesional. Y lo dice señalando a su actual pareja, Andrea, a quien conoció dentro del grupo. "Nos conocimos en una fiesta en un barco. Vino con dos amigas y desde ese primer día que nos vimos estamos juntos", cuenta. Eso fue hace 13 años. Hoy Andrea es parte indispensable del emprendimiento.
Donde las apps no llegan
En tiempos en que las aplicaciones de citas dominan el mercado del encuentro romántico, Mientras Tanto propone salir del algoritmo y volver al cara a cara. El grupo es cerrado —hay que ser admitido para entrar— y tiene reglas claras de convivencia: no se publican temas de fútbol, política ni religión; se respeta la privacidad de los demás; y la cordialidad es condición de permanencia. Un equipo de 25 administradores y moderadores vela por el cumplimiento de esas normas las 24 horas.
"¿Por qué entrar a Mientras Tanto y no a Tinder?", se le pregunta a Alejandro. "En Tinder todo es uno a uno. Nosotros ofrecemos las dos propuestas, si querés podés entrar para conocer a una persona, pero acá lo más importante es que te sumes a un grupo a divertirte, a pasarla bien. Si querés hacer amistades y juntarte porque tenés el domingo libre, nosotros nos juntamos en un lugar donde hacemos juegos de mesa, torneo de truco, torneo de dominó. Si querés viajar y no querés hacerlo sola, acá tenés un montón de gente para hacerlo en un grupo"
La propuesta es, efectivamente, mucho más amplia que la búsqueda de pareja. MT organiza fiestas todos los fines de semana —a veces dos por fin de semana— reuniones en bares, salidas culturales, actividades solidarias y deportivas. Tienen un grupo solidario de 3.000 personas, un grupo de arte de 2.500, 15 grupos de caminata en distintos puntos de Capital y provincia, un grupo de ciclismo y núcleos locales en la Costa Atlántica, La Plata y el interior del país, todos articulados vía WhatsApp pero nacidos bajo el paraguas de MT.
El grupo también tiene un historial de actividades que lo distinguen. A lo largo de sus 14 años organizaron dos ediciones propias del "Gran Hermano", encerrando durante 72 horas a 12 participantes voluntarios en una quinta con cámaras y transmisión en vivo, con votaciones reales y premios. También realizaron dos ediciones del Bailando y dos del Cantando, con coaches, jurados y competencia. Durante la pandemia, el grupo funcionó como espacio de contención con transmisiones en vivo de 24 horas.
La monetización del proyecto existe y Alejandro no la oculta. Los tickets para las fiestas arrancan en $8.000 y pueden llegar a $22.000 cuando incluyen comida. En los eventos grandes —como los que organizan en el boliche La City de la Avenida Álvarez Thomas, donde suelen reunir entre 600 y 700 personas— el acuerdo es cobrar la entrada y que el consumo quede para el local, negociando un precio cerrado que luego MT ofrece con un margen del 40%.
Los viajes son el otro gran pilar del negocio. Organizan aproximadamente uno por mes, desde escapadas a las termas hasta destinos internacionales como Cancún, Playa del Carmen o Porto de Galinhas. Los viajes cortos, que Labrone arma con su equipo directamente, pueden dejar una ganancia de hasta $500.000 si asisten unas 100 personas. Los internacionales, gestionados con agencias que les cobran menos a cambio de volumen, generan comisiones de alrededor del 15% del total recaudado.
Por ejemplo, dice, un viaje a Florianópolis con dos micros completos —unas 80 personas— puede dejar entre 8.000 y 10.000 dólares. "De todas maneras, la mayoría de las salidas no se cobran y no generan ningún ingreso. Las juntadas en bares, los asados, las caminatas, los encuentros de juegos de mesa son completamente gratuitas y representan el grueso de la actividad del grupo.?", subraya. "Si me acomodo podría vivir de esto", reconoce Alejandro, aunque por ahora lo complementa con su trabajo en Canal 9, donde lleva 39 años de carrera.
El perfil de la comunidad es bastante homogéneo: la mayoría tiene entre 40 y 88 años, con un promedio de edad de 58 o 60 años, aunque hay excepciones hacia los dos extremos. Son personas separadas, viudas, o simplemente solas que buscan compañía. "Convivo con todo tipo de gente rota", dice Alejandro sin rodeos. "Y yo lo armé desde mi propia rotura."
El resultado más visible no siempre es una pareja: son las amistades. Hay grupos de 20 personas que se conocieron en MT y hoy se juntan a hacer asados, que suben las fotos y que se cuidan entre ellos cuando uno va a encontrarse con alguien nuevo compartiendo ubicación.
Mientras Tanto sigue creciendo. Y Alejandro tiene un pendiente: dar 'el salto al conocimiento masivo', como él lo llama. Que más gente sepa que existe una alternativa al algoritmo, que los solos y solas tienen un lugar para algo más que un match en una pantalla. Que hay 36.000 personas dispuestas a levantarse del teléfono y compartir una mesa, un micro, un viaje o —si la suerte acompaña— una vida.