Mesas vacías y persianas bajas ponen en jaque a los restaurantes del Puerto de Mar del Plata
El tradicional Centro Comercial del Puerto de Mar del Plata, un termómetro histórico no solo del turismo sino del poder adquisitivo de la clase media argentina, construyó su fama sobre la base de cantinas tradicionales, de porciones abundantes y estética de bodegón marino.
En sus restaurantes los nombres propios se mantienen vigentes de generación en generación, con clásicos como Chichilo, sin dudas, el nombre más famoso y el gran "referente" del Puerto.
También se destaca âMinipez, otro de los pesos pesados del complejo, reconocido por mantener una fisonomía de restaurant clásico, con una carta muy amplia y una clientela fiel.
A pocos metros se ubica âEl Rey del Calamar, famoso por su cartelería histórica y su especialización, y la Marisquería Santa Rita, buscada por quienes apuntan directamente a las paellas y las picadas de mariscos calientes.
Otra opción es El Centollón, con una propuesta volcada a los mariscos premium y pescados a la plancha o con salsas complejas.
âEn los últimos años, el concepto gastronómico del área portuaria se expandió hacia las calles aledañas, atrayendo a un público que busca cocina de autor y platos de mar con técnicas modernas.
En esa zona se destaca Lo de Fran, ubicado justo frente al puerto (en la zona de la Av. de los Trabajadores), y propiedad del chef Francisco Rosat que se convirtió en un imán para los críticos gastronómicos y el turismo corporativo.
También sobresale Viento en Popa como restaurante clásico de mantelería blanca y ambiente más formal y el preferido de empresarios, dirigentes y locales para almuerzos de negocios.
Escenario de supervivencia para los restaurantes históricos
Pero, a pesar de semejante oferta gastronómica, la zona atraviesa uno de sus momentos más críticos tras el cierre de una temporada estival que dejó balances en rojo y un invierno que se anticipa con persianas bajas.
âLa combinación de una inflación que golpea los ingresos, el fuerte ajuste en los presupuestos familiares y el incremento de los costos fijos (tarifas, alquileres e insumos básicos) configura un escenario de supervivencia para las tradicionales cantinas y restaurantes de la zona portuaria, donde los cubiertos despachados registraron caídas en torno al 20% en comparación con el año anterior.
En la actualidad, el centro comercial y gastronómico portuario de "La Feliz" se distribuye en un predio de 15 parcelas comerciales licitadas por el Consorcio Portuario Regional.
âDentro de esa estructura, funcionan de manera estable entre 12 y 13 restaurantes de cubierto tradicional dedicados exclusivamente a la gastronomía de pescados y mariscos (como Chichilo, Minipez, El Centollón, Marisquería Santa Rita, El Rey del Calamar, entre otros).
El resto de las parcelas comerciales del complejo se completan con cafeterías, heladerías, locales de minutas o "al paso", y comercios dedicados a la venta de conservas y recuerdos de mar.
âSi al patio principal se le suma el área de influencia inmediata del barrio del Puerto (el corredor comercial de la Avenida 12 de Octubre y la Av. de los Trabajadores), se incorporan otros restaurantes y bodegones históricos que operan por fuera del Centro Comercial oficial pero forman parte de la misma dinámica económica del sector.
Consumo en caída y turismo que no llega
Los expertos aseguran que la zona está atravesando por una temporada para el olvido (la del verano), y un invierno desierto.
Por lo menos así surge de analizar el diagnóstico que realizan desde la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG) local y las cámaras comerciales sectoriales.
Entre las conclusiones se destaca que el verano pasado fue el más flojo desde la salida de la pandemia.
A la merma en el caudal general de visitantes que recibió la ciudad, estimada en unos 130.000 turistas menos, se sumó una agresiva contracción en el ticket promedio.
"Ya no se ve el consumo de antes, donde cada comensal pedía su plato, su bebida y el postre. Hoy predomina el plato para compartir, se cuida la elección del vino y las mesas se sostienen a base de promociones bancarias, cuotas o los descuentos que ofrece Cuenta DNI", explica un empresario del sector.
En ese sentido, se observa cómo el flujo de clientes quedó prácticamente encapsulado en los fines de semana o fechas puntuales como el Carnaval, dejando los días de semana en niveles de actividad alarmantes.
Menú caro: cuánto sale comer en el Puerto
Es más, un relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) de Mar del Plata, advierte que la zona exhibe los índices de vulnerabilidad más altos de la ciudad, con tasas de locales cerrados que ya superan el 14%.
Este escenario obliga a los dueños de los establecimientos a encarar planes y estrategias que básicamente se centran en realizar ofertas y ofrecer platos para compartir, entre otras.
Ocurre que, comer en el Puerto exige un presupuesto base que oscila entre los $25.000 y $45.000 por persona, dependiendo de la elección de los platos, las bebidas y la modalidad de consumo (platos individuales o estrategias para compartir).
âLa estructura de precios de las cartas en los cubiertos tradicionales (como el emblemático Chichilo o cantinas similares) se compone de diferentes valores promedio:
- Una porción de rabas cuesta entre $24.000 y $27.000 (es el plato termómetro del sector; se pide cada vez más la opción de "media porción")
- Los cornalitos, en torno a los $20.000
- Empanadas de pescado (atún/salmón), $3.500 por unidad
- Filet de merluza a la romana (con guarnición) ronda los $29.000
- Una paella o arroz con langostinos, se ubican entre los $23.500 y $33.000 (suele rendir para más de un comensal según el lugar)
- Una cazuela de mariscos o gambas al ajillo, desde $34.000 hasta $35.000
- Un salmón rosado grillé se ubica entre los $57.000 y $65.000
- Un pulpo a la provenzal, promedia los $95.000
La estrategia del "ticket grupal" para sobrevivir
âPara amortiguar el impacto en el bolsillo y sostener el flujo de clientes, las cantinas reforzaron la oferta de opciones comunitarias.
Las picadas de mar grandes que incluyen una variedad de frituras de mar, cornalitos, rabas y mejillones para cuatro o cinco personas, a veces acompañadas con bebidas, se comercializan en combo por valores de entre $60.000 y $95.000.
Esto permite bajar el gasto por cabeza a menos de $20.000, un recurso clave que tracciona las mesas durante los fines de semana junto con los descuentos de billeteras virtuales (como el 25% de Cuenta DNI) y promociones bancarias.
Además, comenzaron a implementar estrategias de contingencia como la reducción de turnos.
Muchos establecimientos optan por trabajar almuerzo o cena o cerrar por completo las puertas entre el lunes y el miércoles para recortar gastos operativos.
Si bien se intenta preservar al personal permanente, al término de la temporada estival se cortaron de forma drástica los contratos estacionales, sin perspectivas de nuevas incorporaciones para el resto del año.
Reclamo empresario: no alcanza con resistir
Pero los dueños de los restaurantes de la zona coinciden en que no alcanza solo con resistir o establecer planes de menúes económicos y estrategias de achique.
Ante un panorama de "dólar planchado" que incentiva el turismo emisivo hacia el exterior y salarios reales rezagados, el sector reclama herramientas urgentes de incentivo al consumo y esquemas de alivio fiscal específicos para sostener las estructuras edilicias y los puestos de trabajo de cara al segundo semestre del año.