• 20/5/2026
ALERTA

El GNC pierde terreno: las razones detrás de subas que licúan el ahorro contra la nafta

A los aumentos en los precios de las naftas y el gasoil en todo el país, ahora se suman importantes retoques en el Gas Natural Comprimido (GNC)
20/05/2026 - 11:54hs
El GNC pierde terreno: las razones detrás de subas que licúan el ahorro contra la nafta

Históricamente considerado como el refugio de los sectores de clase media, taxistas y trabajadores de plataformas de transporte para abaratar costos logísticos, el valor del m3 del GNC también viene registrando una escalada sostenida.

Si bien todavía mantiene una brecha considerable en los surtidores frente a los combustibles líquidos, los aumentos comenzaron a encender las alarmas en el sector expendedor y a replantear los cálculos de amortización de los usuarios.

Según expertos del sector y algunos análisis de cámaras empresariales, el fenómeno responde a un combo de decisiones regulatorias, aumentos estructurales en la energía y la necesidad de las estaciones de servicio de sostener sus márgenes de rentabilidad ante la caída del consumo general.

En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), los precios del GNC en el surtidor muestran una dispersión marcada.

En la Ciudad de Buenos Aires, el metro cúbico promedia entre $630 y $690, dependiendo de la bandera de la estación (YPF suele traccionar el piso y las blancas o Axion/Shell se estiran un poco más).

En el conurbano bonaerense, sube escalonadamente a medida que la Capital Federal queda más lejos, moviéndose en un rango de $720 a $850 el metro cúbico.

En tanto, en otras localidades de la Provincia de Buenos Aires y en ciudades del interior del país, la brecha es mucho mayor.

Brecha creciente

De hecho, tras los últimos ajustes de este mes de mayo, en localidades como Mar del Plata, el GNC ya rompió la barrera de los $1.000 por metro cúbico para pasar a un piso de $1.050.

Es decir, una suba de casi 20% que, entre los empresarios, es considerada como de las más importantes que se han dado en los últimos tiempos y con fuerte impacto en el sistema de transporte público, como remises y taxis.

Si bien históricamente el GNC se ha instalado en valores que están casi a la mitad de lo que vale un litro de nafta, en los últimos tiempos había quedado rezagado y llegó a representar casi un tercio de lo que costaba el combustible líquido de mayor calidad.

Con este último ajuste esa diferencia se acorta y vuelve a asomarse al estándar original, con un metro cúbico de GNC equivalente a casi el 50% de lo que cuesta un litro de nafta común.

Para ponerlo en perspectiva con los surtidores de YPF en CABA (donde la nafta súper promedia los $2.034), la relación actual de precios se ubica aproximadamente en uno a tres.

Un tanque lleno de gas equivalente a 10 litros de nafta ronda hoy los $6.500 a $6.900 en Capital Federal, frente a los más de $20.000 que cuesta cargar el combustible líquido.

En el interior, al rozar o superar los $1.000 el metro cúbico, esa ventaja histórica del "tres a uno" empieza a recortarse rápido.

Las razones

El precio que el usuario ve en el surtidor es el último eslabón de una cadena que viene sufriendo modificaciones profundas en sus costos fijos.

Fuentes del sector explicaron a iProfesional que el mercado del GNC se encuentra bajo una fuerte presión debido a una serie de factores como el ajuste en boca de pozo; los costos del transporte y la estacionalidad.

En el primer caso, el valor del gas natural en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST) ha tenido actualizaciones consecutivas autorizadas por la Secretaría de Energía.

Al incrementarse el precio de la materia prima, el impacto se traslada de inmediato a toda la cadena.

Con relación a los costos de transporte y de distribución, varias resoluciones emitidas por el ENARGAS aplicaron nuevos cuadros tarifarios para las empresas de ambos sectores.

Ahora, llevar el gas desde las cuencas productoras (como Vaca Muerta) hasta los centros urbanos cuesta sustancialmente más.

En relación a la estacionalidad y a la nueva "tarifa plana", el esquema oficial implementado para aplanar el costo anual del gas impactó de manera diferenciada en los contratos comerciales.

Con la llegada de los meses de mayor demanda, las estaciones de servicio debieron renegociar contratos de abastecimiento con un piso de costos más elevado.

"Cada ajuste en boca de pozo repercute en cascada sobre el transporte, la compresión en la estación y la venta al público. Los estacioneros nos vemos en la encrucijada de absorber parte de estos costos para no perder clientes o trasladarlos para poder seguir operando", señala un operador del conurbano bonaerense.

Conversiones que sobreviven

A pesar de las subas, el mercado de los talleres de conversión a GNC vivió un inesperado "brote verde" a comienzos de este año cuando los fuertes incrementos aplicados a la nafta súper y premium empujaron a miles de usuarios a evaluar nuevamente el cambio de sistema.

Según datos oficiales, las conversiones mensuales llegaron a experimentar alzas superiores al 40% intermensual en los períodos de mayor brecha.

Sin embargo, el escenario actual plantea un freno a ese impulso, además de que con las últimas subas, el tiempo estimado para recuperar el dinero invertido comenzó a estirarse.

Los analistas advierten que, si el precio del GNC se sigue indexando al mismo ritmo (o por encima) de la inflación general, el margen de ahorro mensual corre riesgo de licuarse, afectando directamente la decisión de los usuarios particulares que recorren kilometrajes estándar.

Por eso, entienden que el panorama para los próximos meses dependerá fundamentalmente de si el Gobierno decide postergar o activar las actualizaciones impositivas pendientes sobre los combustibles líquidos.

"De eso dependerá si el GNC mantiene su ventaja competitiva o si se consolida una pérdida definitiva del histórico tres a uno a favor del gas", anticipan desde una de las principales empresas del sector que se sostiene sobre tres pilares clave como son el parque automotor activo; la segmentación del usuario y la infraestructura de carga.

Radiografía del mercado

En el país circulan aproximadamente 1,5 millones de vehículos propulsados a GNC, lo que representa cerca del 10% de la flota total circulante.

De esa cifra, el 65% corresponde a unidades comerciales como taxis, remises, fletes urbanos y, fundamentalmente, choferes de aplicaciones de movilidad (Uber, Cabify, Didi).

Para este segmento, el GNC no es una opción de ahorro, sino una condición de supervivencia de la rentabilidad.

El restante 35% corresponde a vehículos familiares de gama media o baja (en su mayoría modelos con más de cinco años de antigüedad) que buscan mitigar el costo del traslado diario al trabajo.

En cuanto a la red de estaciones de servicio, existen más de 2.000 bocas de expendio en todo el país, de las cuales casi la mitad se concentran en la provincia de Buenos Aires y Capital Federal.

Esto garantiza una competencia feroz que suele mantener los precios más bajos en comparación con el interior.

Además y a diferencia del despacho de naftas, la rentabilidad de la estación de GNC depende críticamente del costo de la energía eléctrica (necesaria para alimentar los compresores que elevan la presión del gas de la red a 200 bares) y del volumen de venta.

Depender de Vaca Muerta

Por eso, para los expertos una caída en el consumo masivo afecta el doble a este sector por los altos costos fijos de mantenimiento de los equipos de compresión.

En cuanto a la cadena de suministro y de contratos, el gas que llega a los surtidores ya no se mueve por regulaciones estáticas, sino por un esquema mixto presionado por los costos de producción local.

El sector se nutre principalmente de la producción local de Vaca Muerta y si bien hay disponibilidad de fluido récord, el precio de la molécula está indexado a subas trimestrales en boca de pozo.

También se siguen de cerca las obras de infraestructura (como la Reversión del Gasoducto Norte), ya que las zonas que dependen de contratos estacionales o cuellos de botella en el transporte sufren baches de abastecimiento o saltos bruscos de precios en los meses de invierno debido a la prioridad que reciben los hogares (consumo residencial).

A partir de este complejo escenario y teniendo en cuenta que el umbral histórico de conveniencia para el usuario particular se ubicaba en los 15.000 a 20.000 kilómetros anuales para amortizar el equipo en menos de un año, con los valores actuales de los talleres y las sucesivas subas del metro cúbico, ese piso ya se estiró por encima de los 25.000 kilómetros, cambiando el perfil de quién decide hoy entrar a un taller de conversión.