La nueva postal de Avenida Avellaneda: persianas bajas, menos clientes y ventas en caída
La avenida Avellaneda, en el barrio porteño de Flores, atraviesa un escenario distinto al que caracterizó históricamente a uno de los principales polos comerciales textiles de la Ciudad de Buenos Aires. Comerciantes de la zona aseguran que las ventas bajaron, que disminuyó la circulación de compradores y que cada vez hay más locales vacíos sobre las galerías y calles comerciales.
Según describen los vendedores, la situación responde a una combinación de factores que impactan de manera simultánea:
- La caída del consumo
- El crecimiento de plataformas internacionales de comercio electrónico
- Las restricciones para el ingreso de micros provenientes del interior del país
- El incremento de los costos fijos para mantener abiertos los negocios
En un recorrido realizado por el barrio, comerciantes señalaron que el movimiento comercial ya no mantiene el ritmo que tenía años atrás. Uno de los cambios que remarcan es la modificación en los hábitos de consumo y en la capacidad de compra de los clientes.
"Antes los fines de mes eran a partir del 20, el 20 y pico. Ahora, ya a partir del 15 la gente empieza a disminuir. Los fines de semana se venden bien los dos primeros, después el tercero y el cuarto bajan mucho", explicó Gastón, comerciante de la zona.
Caída del consumo y menor poder adquisitivo
Los vendedores sostienen que el descenso de las ventas se relaciona directamente con la pérdida de poder adquisitivo y con una mayor búsqueda de precios bajos por parte de los consumidores.
En los locales de ropa, aseguran que los productos más económicos son los que registran mayor salida. "Tenemos camperas en la mesa de $20.000 y la gente consume eso, porque la verdad no tiene plata. Las camperas que valen $40.000, $50.000, $60.000 cuesta venderlas", detalló Gastón.
La situación también impacta sobre la rentabilidad de los negocios. Germán, otro comerciante de la zona, explicó que el volumen de ventas actual ya no alcanza para cubrir los costos de funcionamiento de un local.
Según indicó, para afrontar el alquiler de un comercio ubicado en una galería de avenida Avellaneda —que puede rondar los $2,5 millones mensuales— es necesario vender entre 70 y 80 jeans por día. Sin embargo, señaló que actualmente las ventas están lejos de esos números. "Estamos en los 20, 30, con suerte", afirmó.
Los comerciantes agregan que los gastos mensuales no se limitan únicamente al alquiler. Servicios, impuestos, salarios y expensas forman parte de una estructura de costos que continúa en aumento mientras las ventas se reducen.
El impacto de Temu y Shein en el comercio textil
Entre las principales preocupaciones del sector aparece el crecimiento de plataformas internacionales como Temu y Shein, que permiten realizar compras directas desde el exterior.
Los comerciantes sostienen que muchos clientes optan por comprar productos importados a través de estas aplicaciones debido a los precios y a la variedad disponible. "Que un cliente que le compra a una tienda directamente pueda pedir a Temu o a Shein, eso es lo que está molestando", señaló uno de los vendedores consultados.
Otro comerciante, identificado como Juan, cuestionó las diferencias en las condiciones impositivas entre los comercios locales y las plataformas internacionales. "Si queremos importar, tenemos que pagar un montón de impuestos. Ellos, en cambio, ni siquiera pagan impuestos. Es competencia desleal", afirmó.
La apertura de importaciones también aparece como otro de los factores mencionados por los comerciantes. Según explican, el ingreso de productos del exterior generó una mayor competencia de precios dentro del mercado textil.
"Hay mucha variedad de importado, entonces la gente no puede especular con los precios. Vienen precios más económicos de lo normal y no me sirve subir los míos mientras el de media cuadra lo tiene más barato", sostuvo otro vendedor.
Restricciones a los micros y caída del turismo de compras
Otro de los puntos que comerciantes y vendedores identifican como determinante es la reducción de micros provenientes de distintas provincias que llegaban a Flores con compradores mayoristas.
Durante años, esos vehículos trasladaron grupos de comerciantes y revendedores del interior del país que adquirían grandes cantidades de mercadería en los locales de avenida Avellaneda.
Sin embargo, vendedores de la zona aseguran que en los últimos meses se intensificaron las restricciones vinculadas al estacionamiento y circulación de estos micros en el barrio.
"Cuando entran los micros, es una cacería de brujas: los persiguen, los llenan de multas. Los mayoristas no están viniendo", afirmó Juan.
Otro comerciante planteó que el regreso de esos contingentes sería clave para recuperar el movimiento comercial. "Deberían volver los micros porque gracias a ellos es que vendemos", indicó.
La decisión de ordenar el tránsito en la zona fue impulsada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que busca reducir la congestión vehicular y el estacionamiento de micros en calles comerciales de Flores.
Como alternativa, las autoridades propusieron implementar lockers o espacios de guardería en los locales comerciales para que los compradores puedan dejar sus bolsas y trasladarse caminando hasta los micros, que quedarían estacionados a varias cuadras del área comercial.
Aumento de locales vacíos en Flores
El cambio en el movimiento comercial también se refleja en el paisaje urbano de avenida Avellaneda y sus alrededores. Comerciantes y vendedores remarcan que cada vez hay más persianas bajas y locales en alquiler o venta.
De acuerdo con datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, los locales vacíos aumentaron un 30% en la zona.
El costo de mantener abierto un comercio aparece como una de las principales dificultades. Según los comerciantes, levantar la persiana de un local puede demandar hasta $5 millones mensuales entre alquiler, servicios y otros gastos operativos.
La situación también impacta sobre toda la cadena vinculada a la actividad textil y comercial: desde fabricantes y distribuidores hasta talleres y proveedores dependen del movimiento económico que históricamente generó el polo comercial de Flores.
"Esto es toda una cadena. Yo le compro a uno, el otro le compra al otro, el otro al otro. Menos trabajo, menos plata para la gente", resumió Gastón mientras continuaba ofreciendo productos en una vereda con menor circulación de compradores que en años anteriores.
En medio de este escenario, comerciantes de avenida Avellaneda coinciden en que el principal desafío pasa por recuperar el volumen de ventas y sostener la actividad en uno de los centros comerciales textiles más importantes de la Ciudad de Buenos Aires.