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ALERTA

El colapso de Granja Tres Arroyos: deudas, medidas de fuerza y futuro incierto

La líder del sector enfrenta una asfixia financiera sin precedentes mientras el gremio endurece el reclamo. y marca la incertidumbre sobre el futuro
31/05/2026 - 06:31hs
El colapso de Granja Tres Arroyos: deudas, medidas de fuerza y futuro incierto

​El modelo de integración avícola que supo liderar el mercado nacional atraviesa su hora más oscura.

Con una producción reducida a menos de un tercio y una cadena de pagos fracturada, el gigante avícola enfrenta una crisis terminal que pone en alerta a todo el complejo agroindustrial.

​La estampa de las plantas de Granja Tres Arroyos (GTA) funcionando a media máquina es el reflejo más crudo de una crisis estructural que, hasta hace poco, parecía contenida detrás de las puertas cerradas de la empresa.

Lo que hoy se vive en sus establecimientos no es apenas una coyuntura sindical, sino el colapso de un modelo de negocios que, bajo el peso de una estructura de deuda asfixiante, ha dejado de ser viable.

Es que la realidad operativa de GTA es hoy una sombra de lo que fue.

De procesar cerca de 700.000 pollos diarios, cifra que la consolidaba como el jugador dominante del mercado, ha retrocedido a niveles críticos, apenas alcanzando los 200.000 ejemplares.

Deuda millonaria

​Este derrumbe ha provocado un efecto dominó devastador en la cadena de integración.

El 85% de los productores que operaban bajo el esquema de integración han desertado, denunciando una falta de insumos básicos y una cadena de pagos rota.

El caso más reciente y doloroso es el cierre de la planta en Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, que marca la confirmación de que la insolvencia de la empresa ha superado cualquier capacidad de gestión.

De hecho, 950 trabajadores fueron notificados de la interrupción de sus tareas, marcando un precedente de alta conflictividad.

​A esta cifra se le suma una financiera declarada que roza los $51.700 millones y una exigible carga previsional de $7.272 millones que la empresa no ha podido honrar.

En el mercado financiero mencionan además la existencia de 280 cheques rechazados por falta de fondos y aseguran que, sólo en mayo, la empresa sumó 75 cheques rechazados por un monto cercano a los $4.000 millones.

Reclamo gremial

Mientras tanto, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), denuncia que los trabajadores han visto sus salarios fragmentados en hasta nueve pagos mensuales, una precariedad que erosiona el tejido social de las regiones productivas.

A través de un comunicado de prensa, el sindicato hizo mención al crítico escenario socioeconómico que atraviesa el personal de las empresas avícolas WADE-Grupo GTA, firmas que forman parte del holding de Granja Tres Arroyos.

"El personal viene padeciendo desde hace más de un año y medio un severo retraso en la liquidación de sus haberes y un sistema de pago fragmentado", se detalla en el documento.

Para el gremio, "WADE – Grupo GTA son responsables por trasladar el peso de la crisis sobre sus trabajadores sin ofrecer certezas ni un plan de salida".

Anticipan además que "no daremos un paso atrás hasta que cada compañera y cada compañero reciba lo que le corresponde".

El gremio remarcó que las maniobras operativas y de quebranto de las firmas WADE y el Grupo GTA "exceden las fronteras bonaerenses, adquiriendo una envergadura nacional que la patronal ya no puede eludir".

El documento sostiene que la parálisis en las cadenas de pagos afecta de manera directa a más de 1.200 familias distribuidas en los distintos enclaves productivos de las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y Chaco.

Peligro sistémico

El dato muestra cómo el impacto de esta crisis trasciende el balance contable de Granja Tres Arroyos.

Entidades como Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) también alzaron la voz, trazando paralelismos inevitables con el colapso de Cresta Roja.

Para el sector, el peligro es sistémico: si el mayor eslabón de la cadena de faena se rompe, el quebranto se traslada de inmediato al primer eslabón productivo como es el pequeño productor avícola, y también al consumidor final a través de la escasez y la volatilidad de precios.

​A este complejo escenario se suma un frente externo desfavorable: la combinación de una competitividad en baja frente al producto brasileño y las restricciones sanitarias por influenza aviar que han clausurado mercados de exportación clave, cerrando las pocas válvulas de oxígeno financiero que le quedaban a la firma.

​Mientras la empresa intenta responsabilizar al conflicto gremial como la causa de sus males, la realidad muestra el agotamiento de un modelo empresarial que no pudo adaptarse a una economía de costos dolarizados en un mercado interno debilitado.

Por ahora, el mercado observa con cautela, consciente de que la caída de un gigante de esta envergadura nunca es silenciosa, y que las repercusiones, tanto en la mesa de los argentinos como en el mapa laboral del interior productivo, están apenas comenzando.