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ALERTA

Tomaron un postre tradicional, lo pusieron en una lata y crearon un negocio que no para de crecer

Camila Lemos y Martín Vega transformaron un postre tradicional en un negocio en crecimiento gracias a sus "Lattas", el formato que disparó la demanda
06/06/2026 - 08:24hs
Tomaron un postre tradicional vasco y lo metieron en una lata; el resultado fue inesperado

Mientras organizan su casamiento después de 12 años de noviazgo, Camila Lemos y Martín Vega atraviesan otro momento especial con el crecimiento acelerado de Natta, el emprendimiento de tartas vascas que nació en la cocina de su departamento de Villa Devoto y que, en apenas un año, pasó de ser un hobby compartido a convertirse en un negocio con clientes en toda el Área Metropolitana de Buenos Aires.

La historia de Natta empezó mucho antes de que existiera la marca. Camila y Martín se conocen desde adolescentes. Ella tenía 15 años y él 16 cuando comenzaron a salir. Desde entonces, una de las actividades que más compartían era cocinar.

Mientras otras parejas se encontraban en un café, ellos preferían preparar algo para merendar o probar recetas nuevas. La cocina se transformó en un espacio común, aunque ninguno imaginaba que terminaría convirtiéndose en una empresa.

"Siempre tuvimos ese interés por cocinar juntos. Era algo que nos gustaba hacer en nuestro tiempo libre", recuerdan.

Martín es arquitecto y trabaja en un estudio, mientras que Camila se formó como diseñadora gráfica y desarrolló una carrera como maquilladora profesional y creadora de contenido. Ninguno proviene del mundo gastronómico ni tienen la necesidad económica de emprender. Sin embargo, siempre tuvieron la idea de crear algo propio.

La respuesta terminó llegando en forma de tarta vasca.

Fanáticos del queso y consumidores habituales de cheesecakes, descubrieron este postre de origen español casi por casualidad. La primera vez que lo probaron sintieron que había algo diferente. Comenzaron a investigar recetas, hacer pruebas y modificar fórmulas hasta encontrar una textura propia.

El resultado empezó a circular entre familiares y amigos. Cada reunión terminaba igual cuando alguien les pedía que llevaran otra tarta para el próximo encuentro.

El punto de quiebre llegó cuando prepararon una versión de lima que sorprendió a todos. Esa noche, de regreso a casa, Camila tuvo la sensación de que habían encontrado el proyecto que estaban buscando.

"No perdíamos nada. Éramos nosotros, nuestra cocina y un celular", dice Camila. "Hay mucha gente con buenas ideas que las reprime por miedo al fracaso. Nosotros tuvimos la suerte de poder intentarlo sin esa presión", agrega Martín.

Así nació Natta.

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Empezaron llevando tartas a reuniones familiares. Hoy no dan abasto

Unas 35 latas por día y un negocio autosustentable

Los primeros meses fueron completamente artesanales. Compraban ingredientes en supermercados, utilizaban los electrodomésticos que ya tenían en casa y producían únicamente por encargo. "Empezábamos cocinando a pedido y muchas veces comprábamos los insumos el mismo día", recuerda Martín.

El crecimiento fue gradual. Primero llegaron amigos, luego conocidos, después familiares de clientes y finalmente el boca en boca empezó a expandir la marca.

A medida que aumentaba la demanda, tuvieron que incorporar procesadoras, moldes, bandejas y equipamiento adicional. También sumaron heladeras y hornos para incrementar la capacidad de producción. Todo fue financiado con las propias ventas.

"Hoy Natta tiene un ecosistema financiero autosustentable", explica Martín.

La división de tareas fue casi natural. Él se concentró inicialmente en la producción y el desarrollo de recetas. Ella tomó el control de las redes sociales, la identidad visual, el packaging y la construcción de marca.

La combinación resultó efectiva. Mientras Martín perfeccionaba el producto, Camila construía una estética reconocible y una presencia digital que terminó siendo clave para el crecimiento.

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Desde Villa Devoto, sus tartas llegan a clientes de toda el Área Metropolitana

Actualmente ofrecen tartas grandes con precios que parten de los $40.000 y versiones chicas desde $23.000. Sin embargo, el lanzamiento que marcó un antes y un después fue otro.

Hace pocos meses presentaron las "Lattas", una versión individual de 300 gramos servida en latas reutilizables que se venden a $13.000.

La idea surgió porque muchos clientes pedían porciones individuales, pero la tarta vasca tiene una particularidad, una vez cortada comienza a perder calidad más rápidamente. Las latas resolvieron la cuestión de conservación, facilitaron la logística y además permitieron ofrecer un producto más accesible.

"Pensamos en algo que después pudieras reutilizar. Hoy nos mandan fotos usando las latas como alhajeros, macetas o costureros. Nos encanta porque de alguna forma Natta sigue estando en distintas casas", cuenta Camila.

El catálogo incluye diez sabores en formato lata y nueve en formato tarta completa. Entre ellos aparecen opciones clásicas y otras más innovadoras, desarrolladas especialmente para diferenciarse dentro de una categoría que recién comienza a ganar notoriedad en Argentina.

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Martín cocina, Camila diseña y juntos construyen una marca gastronómica

La explosión llegó hace pocas semanas, cuando un creador de contenido gastronómico publicó una reseña espontánea de sus productos. El video superó las 300.000 visualizaciones y provocó una avalancha de nuevos clientes.

Según cuentan, más de 4.000 personas llegaron a sus redes sociales a partir de esa publicación y muchas de ellas se transformaron en compradores recurrentes.

Hoy producen hasta 35 latas por día en jornadas de alta demanda y realizan envíos a distintos puntos del AMBA, incluyendo Pilar, Nordelta, La Boca, Tortuguitas y otras localidades alejadas de Villa Devoto.

El crecimiento también les abrió nuevas puertas. Actualmente proveen productos al café De Los Santos, donde los clientes pueden probar algunas de sus variedades por porción.

Mientras tanto, el gran sueño sigue siendo el mismo; abrir un local propio en Villa Devoto. No necesariamente un gran salón, sino un espacio donde los clientes puedan acercarse, comprar una lata en el momento o sentarse a disfrutar una porción acompañada por un buen café. "Vemos locales vacíos y nos imaginamos cómo sería una Natta ahí", admite Camila. Por ahora, sin embargo, hay otra prioridad en agenda...

Antes de pensar en un local, Camila y Martín tienen una fecha marcada en el calendario que es marzo del próximo año, cuando finalmente celebren el casamiento que llevan más de una década imaginando. Después, aseguran, llegará el momento de dar el siguiente paso con Natta, sus latas Latta y sus tartas vascas.