Son emprendedores y dicen haber creado el alfajor "bajonero" perfecto: el secreto de su receta
El boom de los alfajores bajoneros abrió una oportunidad para decenas de emprendedores argentinos. Entre ellos aparecen Manuel Suppa y Nahuel De Sanctis Fava, dos primos que invirtieron cuatro años en desarrollar Galán, una marca que combina producción industrial, receta propia y planes de expansión nacional para ganar lugar en uno de los segmentos más dinámicos del negocio del alfajor.
"Cuando arrancamos con la idea todavía no existía este boom tan fuerte. Fue algo que empezamos a pensar hace cuatro años y que se fue desarrollando mucho antes de que aparecieran tantas marcas de alfajores bajoneros", cuenta De Sanctis Fava a iProfesional.
La complementariedad entre ambos socios fue uno de los factores que impulsó el proyecto. Mientras De Sanctis Fava proviene de una familia ligada históricamente a la industria alimenticia a través de Chisap, una empresa con más de siete décadas de trayectoria en consumo masivo, Suppa desarrolló buena parte de su carrera en comercio exterior y negocios internacionales.
La iniciativa comenzó como un emprendimiento de escala moderada. La idea inicial era instalar una línea productiva relativamente pequeña y crecer de manera gradual. Sin embargo, a medida que avanzaban los estudios de mercado y las conversaciones con especialistas del sector, los emprendedores comenzaron a visualizar una oportunidad mucho mayor.
"Al principio pensábamos arrancar con una máquina más chica, como hacen muchas marcas nuevas. Pero cuando empezamos a analizar el potencial comercial y las posibilidades de distribución, nos dimos cuenta de que podíamos quedarnos cortos muy rápido", cuenta Suppa.
Ese análisis derivó la decisión de construir una planta preparada para operar a escala industrial desde el inicio. Para ello aprovecharon terrenos ubicados en Ciudadela, donde desarrollaron una estructura productiva diseñada para acompañar el crecimiento proyectado de la marca.
En el camino, sin embargo, tropezaron con varias piedras. Durante la construcción de las instalaciones atravesaron la peor de las pesadillas de quién inicia una obra. "Nos pasó que la empresa constructora desapareció cuando la obra estaba en marcha. Hicieron la demolición y no aparecieron más. Tuvimos que reorganizar todo, esperar varios meses y volver a empezar", recuerda Suppa.
La situación provocó una demora cercana a los seis meses y obligó a replantear parte de la inversión. Aun así, los socios decidieron continuar adelante.
Actualmente, la planta tiene capacidad para producir hasta 50.000 alfajores diarios por turno. Si bien hoy opera entre 20.000 y 25.000 unidades, la meta para este año es alcanzar la utilización plena de esa capacidad instalada, acompañando el crecimiento de la distribución y el reconocimiento de marca.
El crunch perfecto
Una vez definida la escala del proyecto, el siguiente desafío fue desarrollar un producto capaz de destacarse dentro de una categoría cada vez más poblada.
Los fundadores entendían que competir únicamente por tamaño o cantidad de relleno sería insuficiente. Por eso dedicaron más de un año al desarrollo de una propuesta que combinara atributos de diferentes segmentos del mercado. El trabajo se realizó junto al maestro chocolatero Pablo Benítez, quien participó en la selección de materias primas y en la definición de las características finales del producto.
"Probamos muchísimas alternativas. Hicimos ensayos con distintos rellenos, diferentes proporciones y varias configuraciones hasta encontrar algo que realmente sintiéramos propio", señala De Sanctis Fava.
La principal innovación surgió a partir de una observación sobre el comportamiento de los consumidores. Según explican, muchos fanáticos de los alfajores bajoneros valoraban la abundancia de dulce de leche y chocolate, pero cuestionaban que algunos productos resultaran incómodos de comer porque se desarmaban con facilidad o perdían parte del relleno en cada mordida.
A partir de esa premisa desarrollaron una estructura que combina características de los alfajores marplatenses tradicionales con elementos propios del segmento bajonero.
El producto incorpora una tapa previamente bañada en chocolate y otra sin ese tratamiento, generando dos texturas distintas en una misma pieza. El objetivo fue conseguir una mordida más equilibrada y una estructura capaz de sostener grandes cantidades de relleno sin perder estabilidad.
La marca debutó con dos variedades, una bañada en chocolate negro y otra en chocolate blanco. Ambas comparten la misma construcción interna y están elaboradas con dulce de leche.
Además del producto, los emprendedores trabajaron especialmente en la identidad visual. Inspirada en recursos del cómic, el pop art y el collage, la estética busca transmitir cercanía y diferenciarse dentro de una categoría donde la construcción de marca adquiere cada vez mayor relevancia.
En paralelo, la empresa avanza con su expansión comercial. Galán ya logró ingresar a los kioscos de la cadena Open 25 y comenzó a construir una red de distribuidores en distintas provincias. Córdoba aparece entre los mercados donde el producto ya tiene presencia consolidada, aunque también existen negociaciones en otras regiones del país.
Actualmente, el producto se comercializa en un rango que va aproximadamente de $1.300 a $2.000, dependiendo del punto de venta. Con ese posicionamiento, la compañía busca competir dentro del segmento bajonero manteniendo estándares de calidad elevados sin alejarse del consumo masivo.
La mirada de los socios, sin embargo, va más allá de las fronteras argentinas. Gracias a la experiencia de Suppa en comercio exterior, la compañía ya analiza oportunidades de exportación en países limítrofes e incluso en mercados con comunidades de consumidores familiarizados con productos argentinos.
"Estamos estudiando distintos destinos. Uruguay es uno de los primeros mercados que estamos explorando, pero también observamos oportunidades en Brasil, Paraguay y Estados Unidos", adelanta Suppa.
Mientras proyectan nuevos lanzamientos para ampliar el portafolio de productos, los fundadores aseguran que el crecimiento de la marca estará acompañado por una política clara respecto al producto y las materias primas. Durante el desarrollo evaluaron distintas alternativas de proveedores, pero decidieron priorizar la consistencia de la receta por encima de cualquier ahorro de costos.
"Siempre decimos que preferimos que nos cuestionen por precio y no por calidad. Queremos construir una marca que mantenga sus estándares y que el consumidor sepa exactamente qué esperar cada vez que compra", afirman.
Aunque hoy el foco está puesto en consolidar la marca dentro del segmento de alfajores bajoneros, los emprendedores ya trabajan en nuevas categorías. Si bien prefieren mantener en reserva los detalles, reconocen que existen desarrollos avanzados que podrían ampliar la presencia de Galán más allá de los alfajores en los próximos años.
Con una fábrica capaz de producir hasta 50.000 unidades por día, presencia creciente en kioscos y distribuidores del interior, proyectos de exportación y nuevos desarrollos en carpeta, Galán busca aprovechar el auge de los alfajores bajoneros para transformarse en mucho más que una nueva marca de alfajor.