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El calzado argentino cambia de era: empresas redefinen su formato para evitar la quiebra

La industria atraviesa una transformación traumática, con marcas que reducen estructuras, modifican modelos productivos y buscan nuevas estrategias
14/06/2026 - 12:58hs
El calzado argentino cambia de era: empresas redefinen su formato para evitar la quiebra

Durante décadas, fabricar calzado en Argentina fue mucho más que una actividad industrial.

Fue una parte central de la identidad de varias marcas, una fuente de empleo regional y una cadena que integraba desde proveedores de cuero, textiles y suelas hasta grandes plantas productivas.

Ese modelo comenzó a cambiar a partir del desembarco del gobierno libertario en la Casa Rosada, con una política económica de mayor apertura y menor proteccionismo para la industria "made in Argentina".

Hoy ha sido reemplazado por un "sálvese quien pueda" basado en la importación de productos terminados o componentes desde el exterior.

Con un mercado interno que se desplomó un 30% en los últimos dos años y costos fabriles que superan cualquier margen de competitividad, los cierres de plantas se han vuelto frecuentes.

Este nuevo modelo hizo que el sector deba atravesar hoy una transformación profunda en la que las empresas no solamente enfrentan una crisis de ventas, sino que están revisando una pregunta de fondo: qué parte del negocio tiene sentido seguir haciendo dentro del país y cuál conviene trasladar a otros mercados.

Cambio de época

La caída del consumo interno, la presión de los costos argentinos y el avance de productos importados aceleraron decisiones que hasta hace algunos años parecían impensadas.

Marcas históricas redujeron fabricación, cerraron líneas productivas o pasaron a esquemas donde la importación tiene cada vez más peso.

El resultado es un cambio de época en donde ahora se observa cómo la Argentina conserva marcas reconocidas, pero la estructura industrial que las acompañó durante décadas comienza a achicarse.

Un caso que se convirtió en "símbolo" de esta transformación es el de John Foos, con el final de un modelo que parecía consolidado.

Durante 40 años, la empresa construyó una fuerte presencia en el segmento urbano y fue una de las marcas más reconocidas entre los consumidores jóvenes durante los años 90 y 2000.

Si bien supo ser un emblema del calzado urbano, dejó atrás su etapa como fabricante local y avanzó hacia un esquema basado en productos importados directamente desde China.

La decisión no sólo dejó a decenas de trabajadores en la calle, sino que disparó una fuerte disputa por el pago de las indemnizaciones.

Pero ese final de su planta en la localidad bonaerense de Beccar también marcó un punto de inflexión ya que no se trató solamente del cierre de una fábrica sino del cambio de estrategia de una marca que pasó de tener producción propia a concentrarse en diseño, comercialización y distribución.

Para el mercado, el caso John Foos resume el dilema que enfrentan muchas compañías que es el de mantener una estructura industrial con costos fijos elevados o adaptarse a un modelo más liviano.

Otro ejemplo en el mismo sentido es el de la fabricante Dass, que también optó por dejar atrás su esquema productivo cuando la escala dejó de ser suficiente.

Durante años, la compañía fue uno de los principales jugadores industriales del sector y un proveedor relevante para marcas deportivas.

Su estructura llegó a representar una de las mayores plataformas fabriles de calzado del país.

Pero la caída de la demanda obligó a revisar ese esquema y a cerrar su planta de Coronel Suárez reducir las operaciones, fórmula que generó preocupación en el sector porque mostró que incluso las empresas con volumen y experiencia industrial no quedaron al margen de la nueva realidad.

La respuesta fue la de trasladar su producción a Paraguay a partir de la presión que atraviesa el negocio: menos producción, necesidad de ajustar costos y búsqueda de un modelo más eficiente.

El efecto en las marcas deportivas

En el caso de Topper y Puma, recurrieron al ensamblado como "última trinchera" ante la eliminación de medidas antidumping por parte del gobierno nacional.

Ambas marcas han adoptado un modelo de producción basado en el ensamblado de kits importados de Asia.

Si bien esta estrategia les permite mantenerse a flote y evitar el cierre total de sus plantas en Tucumán y La Rioja, el impacto en el empleo es innegable, con jornadas reducidas y constantes planes de retiros voluntarios.

La reconversión también alcanzó a jugadores internacionales y nacionales del segmento deportivo como Adidas y Nike que modificaron sus esquemas productivos, combinando fabricación local con componentes importados y mayor participación de productos provenientes del exterior.

El objetivo es mantener presencia en el mercado argentino sin sostener estructuras que, con el nivel actual de ventas, resultan difíciles de financiar.

Las razones para importar

Los analistas del sector entienden que las marcas prefieren importar por una cuestión puramente matemática y que se basa en tres pilares:

Costos operativos locales: La presión impositiva y los costos de servicios hacen que producir localmente sea inviable frente a productos terminados que llegan a precios de dumping.

Desplome del consumo: El poder adquisitivo de los argentinos ha caído a niveles donde el calzado pasó de ser un bien de recambio frecuente a un gasto postergable.

La apertura importadora: La facilitación de las importaciones, incluso de piezas desarmadas, ha desmantelado la cadena de valor de proveedores locales de suelas, gomas y telas.

El futuro

Pero ahora la discusión ya no pasa solamente por fabricar o importar en un mercado que, para este 2026, se muestra por lo menos sombrío.

Según la Cámara de la Industria del Calzado, el sector opera con una capacidad instalada apenas superior al 30%, no hay repunte del consumo interno y con una competencia externa que gana terreno, además de las ventas online.

En ese contexto, muchas compañías buscan un punto intermedio: producir determinadas líneas, importar otras y concentrarse en las áreas donde todavía pueden competir.

Pero la transformación no afecta únicamente a las marcas conocidas por el consumidor.

Detrás del calzado existe una red de proveedores de suelas, bases, textiles, adhesivos y componentes que también comenzó a sentir el impacto.

Es decir, la crisis también ha golpeado fuerte a la llamada industria auxiliar, como ocurrió con una histórica fábrica de suelas y bases de goma en Córdoba, con más de 30 años de trayectoria.

La empresa debió cerrar sus puertas, dejando a 40 empleados en la calle.

Otro caso en este sentido es el de Grupo Dabra, que cesó sus operaciones de su planta en Valle Viejo, Catamarca.

La firma, dueña de las cadenas minoristas Dexter y Netshoes, abandonó la producción local de botines y zapatillas y se volcó a la importación desde Brasil.

Es decir, cuando una fábrica reduce producción, el efecto se multiplica sobre empresas más pequeñas que dependen de esos pedidos.

En ese escenario, algunos proveedores históricos quedaron sin escala suficiente para sostener sus operaciones y comenzaron a aparecer cierres y procesos de reestructuración.

El problema dejó de ser exclusivamente industrial y pasó a ser de toda la cadena de valor.

La cuenta que explica el cambio

Los empresarios del sector resumen el escenario con una ecuación simple: producir localmente requiere mantener una estructura permanente de costos, mientras que importar permite acceder a grandes volúmenes fabricados en países con otra escala industrial.

A eso se suma un mercado interno debilitado en donde el consumo de calzado cayó con fuerza en los últimos años y modificó los hábitos de compra.

Para muchas familias, renovar zapatillas o zapatos dejó de ser una compra frecuente y pasó a ser un gasto que puede postergarse.

Con menos volumen de ventas, las fábricas pierden eficiencia y los costos fijos pesan cada vez más.

Pero muchas fábricas no sól cierran por falta de ventas, sino también por la imposibilidad de contar con fondos para operar.

Los comercios están estirando los plazos de pago a niveles insostenibles para una industria que requiere liquidez inmediata para comprar materia prima y pagar salarios.

El nuevo negocio

A partir de ese contexto, la nueva tendencia que observan en el mercado es que varias compañías están dejando de pensarse como fabricantes tradicionales y empiezan a funcionar como compañías de marca.

Entienden que el valor está más puesto en el diseño, el marketing, la distribución, el comercio electrónico y la relación directa con el consumidor.

La fabricación, en cambio, se convierte en una decisión estratégica que se evalúa caso por caso.

El desafío para la Argentina es si esta reconversión permitirá mantener una industria más chica pero competitiva o si terminará acelerando una pérdida de capacidad productiva acumulada durante décadas.

El calzado argentino no desaparece, pero está dejando atrás una etapa. La discusión ahora es qué lugar ocupará la fábrica dentro del nuevo modelo de negocio.

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