Consumo masivo: la inflación baja, pero las ventas siguen sin reaccionar
Durante buena parte de 2024 la discusión giró alrededor de la velocidad con la que aumentaban los precios.
Hoy el escenario comenzó a modificarse pero, si bien la inflación desaceleró respecto de los niveles récord del año pasado, apareció otro desafío para las empresas de consumo masivo: convencer a los argentinos de volver a comprar.
Al respecto, el último informe elaborado por NielsenIQ confirma que esa recuperación todavía no llegó.
La consultora, una de las principales referencias mundiales para medir el comportamiento del consumo, relevó que entre abril y mayo pasados la canasta de productos masivos registró una caída de 0,8% respecto del mismo período de 2025.
Al mismo tiempo, el precio promedio ponderado aumentó 25,3%, un porcentaje considerablemente menor al observado durante gran parte del año pasado.
La conclusión es clara: aunque la inflación comienza a moderarse, el consumidor continúa manejando el bolsillo con extrema cautela.
Para fabricantes y cadenas comerciales, el dato resulta relevante porque confirma que la estabilidad macroeconómica, por sí sola, todavía no alcanza para recuperar los niveles de consumo perdidos durante la crisis.
Un consumidor distinto
Detrás de las cifras aparece un cambio mucho más profundo y es que los argentinos modificaron la forma de comprar.
Las compras mensuales de gran volumen fueron reemplazadas por reposiciones más frecuentes; los consumidores comparan precios entre distintos comercios, aprovechan promociones bancarias, descuentos de billeteras virtuales y programas de fidelización, mientras priorizan los productos esenciales por sobre aquellos considerados prescindibles.
Ese comportamiento explica por qué algunas categorías comienzan a recuperarse y otras siguen mostrando fuertes retrocesos.
Para las principales empresas del sector como Arcor, Molinos Río de la Plata, Mastellone, Danone, Nestlé, Mondelez, Coca-Cola, Cervecería y Maltería Quilmes, CCU, Unilever, Procter & Gamble, Colgate-Palmolive o Kimberly-Clark, la batalla ya no pasa únicamente por los precios.
También pasa por captar un consumidor mucho más racional que el de apenas dos años atrás.
En este contexto, el informe muestra que los alimentos muestran las primeras señales positivas dentro de las tres grandes industrias analizadas.
Según NielsenIQ, es la única que logra sostener un desempeño positivo con un crecimiento del 0,8% interanual impulsado principalmente por alimentos básicos y golosinas, que continúan mostrando niveles de demanda relativamente estables aun en un contexto económico desafiante.
Entre las categorías con mejor evolución aparecen alimentos infantiles, sopas, cremas de leche, leches vegetales, mezclas preparadas, snacks, chocolates, alfajores, bombones y otros productos vinculados al consumo cotidiano.
El comportamiento refleja además que, aunque los hogares siguen ajustando gastos, algunas categorías asociadas al consumo diario comienzan lentamente a estabilizarse.
Sin embargo, el panorama cambia cuando se observan los alimentos no básicos, donde todavía aparecen caídas producto de un consumidor que continúa priorizando el gasto indispensable.
Bebidas y limpieza, el mayor dolor de cabeza
Pero así como los alimentos muestran algunos signos alentadores, las bebidas continúan siendo uno de los sectores más complicados.
El informe registra una baja de 1,4%, explicada por una caída de 1,7% en bebidas sin alcohol y de 0,6% en bebidas alcohólicas.
Entre las categorías más afectadas aparecen gaseosas, aguas minerales, jugos en polvo, café soluble, bebidas energizantes, cervezas y aperitivos.
Para empresas como Coca-Cola, PepsiCo, Quilmes, CCU, Cepas o Cunnington el desafío continúa siendo recuperar volumen en un mercado donde el consumidor sigue reduciendo compras impulsivas.
La situación resulta todavía más compleja en cuidado personal y limpieza, segmento que cayó 3,2%, convirtiéndose en el peor desempeño de toda la canasta relevada por NielsenIQ.
En este sentido, shampoo, papel higiénico, detergentes, productos para lavar ropa, cosméticos y distintos artículos de higiene siguen mostrando una demanda muy débil, reflejando que las familias prolongan cada vez más la reposición de este tipo de productos.
El "marcapasos" de la industria
Los informes de NielsenIQ son utilizados por prácticamente todas las compañías líderes de consumo masivo para definir estrategias comerciales, lanzamientos, promociones y políticas de precios.
La consultora releva miles de puntos de venta en todo el país, incluyendo supermercados, autoservicios independientes, comercios tradicionales, kioscos, farmacias y perfumerías, lo que convierte a sus indicadores en una de las principales referencias del mercado argentino.
En un contexto donde la inflación dejó de ser el único problema, las empresas comenzaron a mirar con mayor atención la evolución de los volúmenes vendidos.
Y ese indicador todavía no termina de mostrar la recuperación que esperaba la industria.
Cómo se reparte el nuevo mapa del consumo
Si hay un dato que resume el cambio que atraviesa el consumo masivo es el comportamiento de los distintos canales de venta.
Las grandes cadenas de supermercados continúan siendo las principales perjudicadas.
Según NielsenIQ, el canal moderno registró una caída del 2,9% durante el bimestre abril-mayo frente al mismo período del año anterior, prolongando una tendencia que comenzó durante la crisis inflacionaria y que todavía no encuentra un punto de inflexión.
En contrapartida, los comercios tradicionales lograron crecer 0,2%, los kioscos avanzaron 0,4% y los autoservicios independientes mostraron la mejor performance con una expansión de 1,7%.
En el acumulado del año, incluso, el crecimiento de los comercios tradicionales alcanza el 3,1%, mientras que los autoservicios independientes avanzan 2,7%.
La tendencia no sorprende dentro de la industria ya que, desde hace más de un año, fabricantes y cadenas comerciales observan que los consumidores realizan compras más pequeñas y frecuentes, priorizan la cercanía y aprovechan promociones puntuales, en lugar de concentrar el gasto en una compra mensual de gran volumen.
Ese comportamiento beneficia a almacenes, autoservicios de barrio y pequeños comercios, que logran responder con mayor rapidez a las necesidades de reposición diaria.
Para las grandes cadenas —como Carrefour, Coto, Jumbo, Disco, Vea, ChangoMás y La Anónima— el desafío ya no pasa solamente por competir en precios, sino por recuperar tráfico en sus sucursales en un contexto donde el consumidor compara más que nunca antes de decidir dónde comprar.
Las empresas cambian su estrategia
El escenario también obliga a modificar la estrategia de las principales compañías de consumo masivo.
Durante los últimos meses crecieron las promociones, los descuentos por volumen, las alianzas con bancos y billeteras virtuales, los formatos económicos y los lanzamientos de envases más pequeños para adaptarse al nuevo poder de compra de los hogares.
La competencia dejó de centrarse únicamente en ganar participación frente a otras marcas y pasó a enfocarse en sostener el volumen vendido.
Por eso, empresas como Arcor, Molinos Río de la Plata, Mastellone, Danone, Nestlé, Mondelez, Coca-Cola, Cervecería y Maltería Quilmes, CCU, Unilever, Procter & Gamble, Kimberly-Clark y Colgate-Palmolive siguen muy de cerca este tipo de indicadores para ajustar producción, promociones y políticas comerciales.
La menor inflación todavía no alcanza
Uno de los principales mensajes que deja el informe es que la desaceleración inflacionaria todavía no logró traducirse en una recuperación sólida del consumo.
La variación del precio promedio de la canasta se ubicó en 25,3%, muy por debajo de los niveles observados durante buena parte de 2024.
Sin embargo, esa mejora no fue suficiente para impulsar un crecimiento de las cantidades vendidas.
La explicación está vinculada con varios factores. Aunque los salarios comenzaron a recuperar parte del terreno perdido, muchas familias todavía destinan una porción importante de sus ingresos a servicios, tarifas, alquileres y otros gastos fijos, limitando el dinero disponible para consumo cotidiano.
A eso se suma un cambio de comportamiento que parece haberse consolidado: el consumidor compra menos por impulso, planifica más cada visita al comercio y busca maximizar cada peso gastado.
El segundo semestre será decisivo
Para la industria del consumo masivo, los próximos seis meses serán una prueba clave.
Si la inflación continúa descendiendo y los ingresos reales siguen recuperándose, las empresas esperan que el volumen vendido comience a mostrar una mejora más consistente.
Sin embargo, el informe de NielsenIQ refleja que esa recuperación todavía no llegó.
Los alimentos empiezan a mostrar algunos signos positivos, pero bebidas, productos de higiene y limpieza continúan rezagados, mientras los supermercados siguen perdiendo participación frente a formatos comerciales más pequeños y cercanos.
El mensaje para la industria es contundente: la etapa de inflación descontrolada parece haber quedado atrás, pero ahora comienza otro desafío.
Por eso, se considera que recuperar el consumo será un proceso mucho más lento que bajar los precios y exigirá reconstruir el poder adquisitivo de los hogares para que las familias vuelvan a llenar el changuito con la misma intensidad que antes de la crisis.