No encontraron petróleo, pero hicieron un negocio millonario alrededor de Vaca Muerta
No fueron a buscar petróleo, pero encontraron un negocio alrededor de él. Cuando Vaca Muerta empezó a transformar Neuquén, Federico Kreplak y su esposa Magdalena Marsó detectaron una oportunidad que crecía al ritmo de la industria energética y crearon Alberta, una compañía dedicada a brindar soluciones integrales para las empresas que operan en la región y que necesitaban resolver dónde y cómo vivirían y trabajarían sus equipos. Hoy la firma ofrece desde alojamiento corporativo y administración de viviendas hasta logística, mantenimiento, seguridad, parques industriales y campamentos llave en mano.
La historia parece empezar con Vaca Muerta, pero en realidad tiene un capítulo previo. Está vinculada a una familia que llegó a Neuquén cuando la provincia todavía estaba lejos de convertirse en el epicentro energético actual. Carlos Kreplak y su esposa, ambos contadores, dejaron Buenos Aires hace más de cuatro décadas y en 1986 fundaron Blancoamor, una blanquería que con el tiempo se transformó en una empresa de equipamiento integral para el hogar y que, décadas después, terminaría siendo una fuente de conocimiento del mercado que años después les permitió detectar nuevas oportunidades alrededor de Vaca Muerta.
"Aunque Blancoamor y Alberta son empresas independientes, tienen un punto en común, que es la forma de habitar de las personas", explicó Federico Kreplak, hijo de los fundadores de Blancoamor. La primera empresa estaba enfocada en equipar hogares; Alberta nació enfocada en servicios para la industria del petróleo.
El cambio de etapa llegó cuando Federico Kreplak y Magdalena Marsó volvieron a la Argentina después de vivir en Canadá y decidieron sumarse al proyecto familiar. El objetivo inicial no era crear una nueva compañía, sino profesionalizar Blancoamor y prepararla para crecer. "Ese proceso llevó a una expansión comercial, al desarrollo de una estructura logística propia y a una nueva forma de mirar el negocio. Hoy la cadena tiene ocho locales entre Neuquén y Río Negro, un centro de distribución propio, una marca propia de colchones y una importación directa de muebles desde China", contó Federico.
Ese crecimiento se daba en paralelo al boom de Vaca Muerta, y ahí empezó todo. Blancoamor, que siempre se dedicó a equipar hogares, empezó a proveer muebles y electrodomésticos para los complejos habitacionales que se levantaban en Añelo a medida que llegaban las petroleras. El contacto diario con esas empresas les mostró un problema mucho más grande que amoblar una casa.
La llegada de empresas petroleras a Añelo generó una demanda habitacional y de servicios. Había trabajadores que necesitaban lugares donde quedarse, pero también había que resolver quién limpiaba esos espacios, quién hacía el mantenimiento, quién administraba las viviendas y cómo se organizaban.
"Somos el soft landing de Vaca Muerta", resumió. Una especie de aterrizaje para empresas e inversores que llegan desde afuera y necesitan alguien que conozca el territorio, los proveedores y la dinámica de una industria que todavía está en expansión.
La compañía está liderada por Federico y Magdalena, ambos accionistas en partes iguales y miembros del directorio.
La empresa que creció alrededor del petróleo
Para entender el negocio, Kreplak explica el ecosistema de Vaca Muerta como una serie de círculos concéntricos. En el centro están las operadoras dueñas de la concesión, empresas intensivas en capital y personal especializado. Alrededor de ellas trabaja un segundo anillo formado por compañías de fracking, perforación y cementación, y más afuera un tercer anillo de logística y construcción.
"La gente de todas estas empresas necesita una solución para poder descansar, de lo contrario tiene que viajar muchas horas hasta Neuquén", explica. Ese viaje implica horas extra, transporte y cansancio, algo que termina golpeando la productividad de cualquier operación.
Antes, explica Kreplak, las compañías tenían que contratar por separado a un proveedor de viviendas, otro de limpieza, otro de seguridad y otro de mantenimiento. Alberta buscó convertirse en ese único interlocutor capaz de resolver distintas necesidades al mismo tiempo.
Uno de sus desarrollos es una plataforma de reservas corporativas que funciona como una especie de Airbnb de Vaca Muerta. La diferencia es que no apunta al turismo sino a empresas que necesitan alojamientos temporarios para sus equipos. Hoy hay más de 30 propiedades cargadas en el sistema, la mayoría pertenecientes a inversores de Buenos Aires que armaron proyectos en Añelo y se apoyan en Alberta como administrador local.
El crecimiento también llevó a la empresa al negocio logístico. Alberta desarrolló tres parques industriales y logísticos ubicados en la región, con proyectos en Fernández Oro (Río Negro), Neuquén y Añelo.
Además, la compañía tiene un acuerdo con Idero, una constructora que funciona a la vez como cliente y como socio para desarrollar campamentos móviles para operaciones alejadas de los centros urbanos. En esos casos, el desafío no es solamente instalar módulos habitacionales, sino crear una infraestructura completa - desde el transporte, la comida y el abatecimiento de agua - para que los trabajadores puedan vivir durante meses en lugares remotos.
Actualmente la cartera de clientes incluye alrededor de 15 empresas entre las que Kreplak nombra Weatherford, Calfrac, Tecnopetrol y Grupo Beraldi, entre otras. Alberta también opera el Parque Industrial Vaca Muerta y ofrece galpones llave en mano.
La empresa cuenta con alrededor de 90 empleados y factura alrededor de $500 millones mensuales, a los que se suman otros $300 millones en contratos de alquiler que la empresa cobra a cuenta y orden de terceros. Sin embargo el empresario admite que el escenario económico actual modificó los márgenes. "La facturación se mantiene, pero la rentabilidad disminuyó porque los costos subieron", explicó.
Aun así, los planes no se frenaron. El próximo paso ya está en marcha y contempla nuevos desarrollos industriales y logísticos en Neuquén Capital, con proyectos orientados a ordenar la actividad que hoy convive con zonas urbanas. También evalúan desarrollar plazas comerciales en distintos puntos de la cuenca.
Con una tercera generación que empieza a mirar de cerca el recorrido familiar, la historia de los Kreplak Marsó sigue marcada por la misma lógica que comenzó en aquel primer local de sábanas y manteles: observar qué necesita una región en transformación. Ese mismo camino explica el crecimiento de Alberta, una compañía que encontró su lugar alrededor de Vaca Muerta y que transformó el conocimiento local en una plataforma de servicios para una industria que todavía tiene mucho camino por recorrer.