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Tenía 20 años, una hija en camino y $13.000 pesos para jugársela: le salió muy bien

La marca platense Nutrigula nació con una receta casera y una inversión mínima. Hoy produce 2.000 barritas por día y llega a 700 comercios
06/07/2026 - 15:01hs
Tenía 20 años, una hija en camino y $13.000 pesos para jugárselas, y le salió bien

A los 27 años, Kevin Ramolo logró convertir una receta casera en Nutrigula, una empresa que produce 2.000 barritas de cereal por día y abastece a más de 700 comercios. El emprendedor platense comenzó en 2020 con una inversión de apenas $13.000, mientras sostenía hasta cuatro trabajos al mismo tiempo y se preparaba para convertirse en padre. Hoy lidera un equipo de ocho personas, desarrolla herramientas de inteligencia artificial para profesionalizar su empresa y ya piensa en la próxima etapa de expansión.

Aunque el crecimiento impresiona por los números, Ramolo asegura que detrás de la marca nunca hubo decisiones improvisadas. Antes de invertir el primer peso dedicó un mes entero a analizar distintas ideas de negocio, comparó ventajas y riesgos de cada una e incluso viajó unos días a la costa para ordenar las ideas antes de tomar una decisión que cambiaría su vida. "Cuando uno quiere emprender tiene que darse tiempo para decidir. Hay cosas que aparecen recién después de pensar varios días. No todo se puede analizar en una tarde", explica a iProfesional.

La decisión coincidió con otro momento determinante. Con apenas 20 años había descartado la posibilidad de convertirse en marino mercante porque estaba por ser padre y buscaba construir un futuro sin pasar largos períodos embarcado. Emprender implicaba muchas incertidumbres, pero también la posibilidad de desarrollar un negocio propio y estar cerca de su hija. "Sabía que al principio me iba a quitar tiempo, pero también que era el camino que podía darme más libertad en el futuro ", afirma.

En realidad, emprender no era una idea nueva para Ramolo. Cuando mira hacia atrás encuentra señales de que el mundo de los negocios siempre estuvo presente en su vida. De chico armaba un puesto en la vereda para vender lo que encontraba, desde bolitas, juguetes y películas hasta objetos que compraba durante las vacaciones para revender durante el año. A los 15 años incluso creó su primera pyme virtual, un servicio de servidores para jugadores de Counter-Strike. "Creo que el espíritu emprendedor nació de ver a mis padres vender. Mi papá siempre estuvo en la venta de autos y en mi familia también hubo un puesto de diarios", recuerda.

La respuesta terminó apareciendo en una receta que preparaba desde la adolescencia. Como hacía deporte y cuidaba su alimentación había reemplazado las barritas industriales por una elaboración propia que rápidamente se volvió un clásico dentro de su casa. "Yo no las hacía para vender. Las preparaba para mí. El problema era que en mi casa se las comían todas y tenía que hacer una bolsa para ellos y otra para mí", recuerda entre risas.

Sin embargo, el diferencial de Nutrigula nunca estuvo únicamente en el producto. Antes de vender una sola unidad se dedicó a diseñar el negocio. Pasó más de un mes ajustando la receta hasta encontrar una versión definitiva. Después creó el packaging, eligió papel misionero para transmitir una imagen artesanal y buscó un envase transparente para que el producto pudiera verse.

Después organizó la producción como si se tratara de una pequeña fábrica. Inspirado en los sistemas de producción en cadena que había estudiado en el colegio, organizó una pequeña cocina como si fuera una línea de montaje. "Mi guía siempre fue cómo trabajan las grandes empresas. Después lo adaptaba a mi escala", explica. El circuito le permitía elaborar unas 40 barritas por hora trabajando completamente solo.

La inversión inicial fue de apenas $13.000. Compró unos pocos kilos de materia prima y apenas 100 bolsitas. Mientras tanto sostenía dos empleos de medio tiempo además del emprendimiento. En distintos momentos trabajó como cocinero, en atención al cliente y en construcción, e incluso llegó a tener cuatro trabajos simultáneos cuando reemplazó temporalmente a la madre de su niña. "La motivación era mi hija. Cuando estaba agotado miraba la foto que tenía de ella en el celular y seguía", recuerda.

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Produce 2.000 barritas de cereal por día y abastece a más de 700 comercios

Tampoco improvisó la forma de vender. En lugar de salir a ofrecer las barritas al consumidor final decidió construir una red de comercios y fabricó cerca de cien exhibidoras artesanales con machimbre que recuperó de una obra en la que trabajaba como albañil. Comenzó a recorrer dietéticas, kioscos y almacenes apuntando a la reventa. Su primer cliente fue el kiosco de la esquina de su casa, que aceptó probar unas veinte unidades y terminó agotando el stock en dos días.

De la cocina familiar a fabricar 2.000 barritas por día

Actualmente Nutrigula produce alrededor de 2.000 barritas diarias, trabaja con un equipo fijo de ocho personas y suma especialistas externos en marketing, programación, inteligencia artificial y asesoramiento contable. "No me gusta hablar de empleados. Somos un equipo y entre todos hacemos funcionar esta maquinaria", sostiene Ramolo.

Después de varios años funcionando en la casa de sus padres, el emprendedor dio otro paso clave. Primero invirtió en una envasadora automática para eliminar uno de los principales cuellos de botella del proceso productivo. Luego compró equipamiento de acero inoxidable, armó la nueva línea de elaboración y finalmente mudó la fábrica a un espacio propio en La Plata.

La pandemia también terminó jugando un papel inesperado en esa transformación. Con menos actividad comercial, aprovechó el tiempo para construir una tostadora industrial diseñada por él mismo, desarrollar la página web de la empresa y reorganizar buena parte de la producción. "Ante cualquier crisis hay que aprovechar el tiempo. Es como una temporada baja: ahí es cuando uno tiene que prepararse para la temporada alta", explica.

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Nutrigula elabora cuatro variedades de barritas y dos líneas de granola

A diferencia de la mayoría de las barritas del mercado, Nutrigula cocina los ingredientes por separado antes de integrarlos en la receta final para lograr una textura mucho más crocante. "A mí me gusta lo crocante. Nuestra receta está orientada completamente a eso. Cocinar cada ingrediente por separado hace mucha diferencia en el sabor", explica.

Incluso los desperdicios terminaron convirtiéndose en una oportunidad. Las barritas que se rompían durante el proceso de elaboración dieron origen primero a la línea de granolas y después a paquetes de barritas partidas que mantienen exactamente la misma calidad, aunque con un precio más accesible. "La gente ya confía en la marca y no les importa si alguna salió rota, las piden porque son Nutrigula", cuenta.

Hoy la empresa ofrece cuatro variedades de barritas de cereal y dos tipos de granola. El producto estrella es la versión de chocolate. "No es porque la produzca yo, pero es un producto adictivo. Mucha gente que no consumía barritas empieza por esa", afirma.

Los productos ya se venden en más de 700 comercios, principalmente en La Plata y localidades cercanas, aunque también llegan a ciudades como Roque Pérez, Saladillo, 25 de Mayo y Pipinas. Además, la empresa trabaja con dos distribuidoras y busca ampliar su presencia geográfica antes de desembarcar en la Ciudad de Buenos Aires.

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Además de liderar Nutrigula, Kevin Ramolo brinda charlas para inspirar a nuevos emprendedores

La empresa mantiene una política de precios pensada para llegar a un público amplio. Las barritas se venden al consumidor final desde alrededor de $1.000 y la variedad de chocolate ronda los $1.300, aunque el valor cambia según el comercio. Ramolo reconoce que durante los años de mayor inflación muchas veces dudó antes de aplicar aumentos. "Hubo momentos en los que me costaba aumentar. Los propios comerciantes me decían que tenía que actualizar los precios porque conocían el valor del producto y veían todo el trabajo que había detrás. Me ayudaron muchísimo ", recuerda.

Con la estructura ya consolidada, Ramolo ahora concentra buena parte de su energía en un proyecto de inteligencia artificial para ordenar la empresa por departamentos y mejorar la toma de decisiones. "Anoche fue mi primera puesta en marcha del proyecto y funcionó a la perfección", contó, todavía entusiasmado por el resultado.

En paralelo, dedica parte de su tiempo a asesorar a otros emprendedores y a dar charlas en colegios y facultades, una faceta que asegura haber descubierto que también le apasiona.

Siete años después de aquella primera venta en el kiosco de la esquina de su casa, Ramolo mantiene intacta la filosofía con la que empezó. "Buscar errores fue nuestro principio desde el primer día. Un error siempre es una oportunidad para mejorar". Con esa idea como guía, Nutrigula pasó de ser una receta casera de barritas de cereal a convertirse en una empresa que factura más de $20 millones por mes.