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ALERTA

El gigante del aluminio que ahora va por el negocio eléctrico: invertirá u$s50 millones

Instalará sistemas de almacenamiento de energía en Buenos Aires y Corrientes con proyectos que suman 80 MW y profundizan una transformación que lleva años
08/07/2026 - 17:45hs
El gigante del aluminio que ahora va por el negocio eléctrico: invertirá u$s50 millones

Puntos importantes

Checkbox Checked Aluar invertirá u$s50 millones en proyectos de almacenamiento de energía mediante baterías, consolidando su expansión estratégica en el mercado eléctrico.
Checkbox Checked La compañía instalará 80 MW de potencia a través de las centrales BESS San Fernando y BESS Goya, adjudicadas en las convocatorias oficiales AlmaGBA y AlmaSADI.
Checkbox Checked Este paso marca una transformación corporativa: Aluar diversifica su modelo de negocio al ofrecer servicios al sistema eléctrico nacional más allá de su producción industrial de aluminio.

El gigante del aluminio Aluar nació y creció alrededor de un problema que todavía condiciona a buena parte de la industria argentina: la energía.

La producción de la empresa propiedad de la familia Madanes Quintanilla necesita un suministro eléctrico intensivo, continuo y competitivo y, por ese motivo, la compañía fue construyendo durante décadas una estructura propia de generación y abastecimiento.

Ahora, esa estrategia empieza a ingresar en una etapa diferente si se tiene en cuenta lo que acaba de informar la que es considerada como la mayor productora de aluminio del país.

Mediante un documento enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), informó que invertirá alrededor de u$s50 millones en dos proyectos de almacenamiento de energía mediante baterías, luego de resultar adjudicataria en las convocatorias oficiales AlmaGBA y AlmaSADI.

La compañía instalará 80 MW de potencia en total y el primero de los proyectos será BESS San Fernando, una central de almacenamiento de 30 MW que se conectará en un nodo de la red de Edenor.

El segundo, BESS Goya, tendrá 50 MW y se localizará en la región eléctrica del NEA, en el área correspondiente a Misiones y Corrientes.

Más allá del monto involucrado, la operación revela una transformación empresaria de mayor alcance.

Aluar está dejando de utilizar sus inversiones energéticas exclusivamente como una herramienta para proteger la producción de aluminio y comienza a ocupar espacios propios dentro del mercado eléctrico.

Una transformación que ya comenzó

La relación de Aluar con el negocio energético no es nueva y está vinculada con la propia estructura económica de la producción de aluminio.

La compañía fue creada para desarrollar la fabricación de aluminio primario en la Argentina y levantó su complejo industrial en Puerto Madryn.

Desde el origen, el proyecto estuvo asociado a una infraestructura energética de gran escala, porque la disponibilidad de electricidad era una condición indispensable para hacer viable la planta.

Con el tiempo, esa relación se profundizó y en 1995, Aluar adquirió el 59% de la concesión de Hidroeléctrica Futaleufú, un activo central en su esquema energético.

Más adelante, acompañó las ampliaciones de su capacidad industrial con nueva infraestructura de generación.

De acuerdo con la información corporativa de la compañía, durante una de las etapas de expansión incorporó un ciclo combinado de 120 MW.

Posteriormente, entre 2007 y 2011, sumó otro de 480 MW, en paralelo con el crecimiento de la capacidad productiva de aluminio primario hasta las actuales 460.000 toneladas anuales.

El paso siguiente fue la energía renovable y Aluar comenzó a desarrollar su parque eólico en Chubut y fue ampliándolo en sucesivas etapas.

Su planificación prevé alcanzar 582 MW de potencia eólica instalada y 119 aerogeneradores, una dimensión que coloca a la infraestructura energética en un lugar cada vez más importante dentro de la estrategia del grupo.

La empresa también recibió autorización para construir una línea eléctrica propia de 132 kV y 34,16 kilómetros, destinada a conectar el Parque Eólico La Flecha con su complejo industrial de Puerto Madryn.

El ingreso al almacenamiento debe analizarse dentro de ese proceso.

No es una inversión aislada, sino un nuevo eslabón de una estrategia que comenzó con el abastecimiento de la planta industrial y que ahora empieza a tener una lógica de negocios más amplia.

Competir en un mercado nuevo

El proyecto de mayor potencia será el de Goya, con 50 MW, una central que fue adjudicada dentro de AlmaSADI, la convocatoria nacional para incorporar sistemas de almacenamiento en diferentes regiones del país.

El objetivo oficial es sumar herramientas capaces de aportar potencia, reservas operativas y capacidad de respuesta rápida al Sistema Argentino de Interconexión.

Los documentos disponibles sobre el resultado de la convocatoria muestran la magnitud de la competencia.

El proyecto Goya aparece entre los adjudicados con 50 MW, mientras que el cuadro por oferente ubica al principal ganador con 421 MW distribuidos en siete proyectos, al segundo con 150 MW en ocho iniciativas y a Aluar con sus 50 MW.

Para la fabricante de aluminio, la relevancia no está en liderar el ranking de adjudicatarios, sino en haber conseguido ingresar en un negocio donde compite con compañías cuya actividad principal es precisamente la generación y el desarrollo de infraestructura energética.

La convocatoria AlmaSADI tuvo una potencia objetivo de 700 MW y una respuesta empresaria muy superior a esa capacidad.

El almacenamiento se convirtió en una de las nuevas áreas de competencia del mercado eléctrico argentino.

La apuesta por una red bajo presión

La otra mitad de la estrategia tiene una lógica diferente y se basa en el proyecto BESS San Fernando, que tendrá una potencia de 30 MW y estará instalado en un nodo de la red de Edenor.

Forma parte de AlmaGBA, el programa diseñado para incorporar almacenamiento en el área metropolitana y reforzar puntos sensibles de las redes eléctricas.

Para Aluar, la localización es estratégica ya que el AMBA concentra una enorme demanda eléctrica y los problemas de infraestructura se vuelven particularmente visibles durante los períodos de temperaturas extremas.

Una batería instalada cerca de los centros de consumo puede almacenar electricidad y entregarla cuando el sistema enfrenta un pico de demanda o necesita una respuesta rápida.

También puede contribuir a reducir la presión sobre infraestructura saturada mientras se desarrollan obras de transporte y distribución que requieren plazos considerablemente mayores.

La entrada de Aluar en San Fernando tiene, por lo tanto, una característica distinta de sus inversiones energéticas históricas en la Patagonia.

La empresa pasa a desarrollar un activo destinado directamente a resolver una necesidad del sistema eléctrico en el principal centro de consumo del país.

Cómo es el negocio de las baterías

Las centrales BESS representan una transformación en la lógica tradicional del mercado eléctrico.

Una batería no genera electricidad a partir del gas, del agua, del viento o del sol. Su función es tomar energía de la red, almacenarla y devolverla cuando resulta necesaria.

Esa capacidad adquiere valor por el crecimiento de las fuentes renovables, pero también por los problemas de infraestructura.

La generación eólica y solar es variable y necesita herramientas que permitan administrar mejor los momentos de abundancia y escasez.

Al mismo tiempo, las baterías ofrecen tiempos de respuesta mucho más rápidos que otras tecnologías y pueden instalarse en puntos específicos de la red.

Para las empresas, el negocio consiste en tener capacidad disponible para prestar servicios al sistema bajo contratos de largo plazo y reglas definidas en cada convocatoria.

En el caso de Aluar, existe además una ventaja adicional: la compañía conoce desde hace décadas el funcionamiento del mercado eléctrico porque la energía constituye uno de los factores centrales de su propia competitividad industrial.

Una nueva unidad

Ese es, precisamente, el cambio más relevante detrás de los u$s50 millones. Durante buena parte de su historia, las inversiones energéticas de Aluar tuvieron una lógica esencialmente industrial.

La empresa necesitaba garantizar electricidad para mantener y ampliar la producción de aluminio.

La incorporación de generación hidroeléctrica, centrales térmicas y parques eólicos permitió reducir riesgos, diversificar fuentes y ganar previsibilidad.

Las baterías abren una posibilidad distinta y con San Fernando y Goya, Aluar empieza a utilizar su experiencia energética para participar de proyectos cuya función ya no está directamente asociada con alimentar sus hornos o su planta de Puerto Madryn, sino con prestar servicios al sistema eléctrico.

Los 80 MW adjudicados todavía representan una escala limitada frente al tamaño del negocio industrial de la compañía y a su propia infraestructura de generación. Sin embargo, muestran hacia dónde puede avanzar su diversificación.

Aluar seguirá siendo, fundamentalmente, una fabricante y exportadora de aluminio.

Pero alrededor de ese núcleo industrial fue construyendo una plataforma que combina generación hidroeléctrica, térmica, eólica, infraestructura de transporte y, desde ahora, almacenamiento.

La inversión de u$s50 millones marca, en ese sentido, un nuevo capítulo: el gigante industrial que durante décadas necesitó resolver su dependencia de la electricidad ahora busca convertir esa experiencia en un negocio propio dentro del mercado energético argentino.

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