A los 70 años, esta emprendedora reinventó su empresa gracias a la robótica colaborativa
El imaginario social asocia los 70 años con la quietud, el balance pasivo y el descanso. Sin embargo, hay historias que rompen con ese molde y demuestran que la pasión por hacer no conoce de calendarios. Nora Palacios, cofundadora de Counter, es el vivo ejemplo de esta rebeldía ante lo estático. A una edad en la que la mayoría busca el retiro, ella decidió reinventarse por completo, liderando la transformación tecnológica más ambiciosa de su empresa: el salto desde la gestión inteligente de billetes hacia la robótica colaborativa.
Su historia no es la simple crónica de una pyme que sobrevive en la turbulenta Argentina. Es la épica de una mujer que descubrió que su mayor capital no eran los años acumulados, sino su inagotable curiosidad por el mañana.
Para Nora, la edad es un estado mental definido por las preguntas que uno se atreve a formular. Cuando el destino sugería un repliegue, ella redobló la apuesta. "Lo que me impulsó no fue la ambición de crecer por crecer, sino algo más básico: no quedarme parada mirando cómo el mundo cambiaba sin nosotros", reflexiona con la serenidad de quien ha visto pasar de todo, pero conserva la mirada intacta.
Esa negativa rotunda a la obsolescencia y esa terquedad para seguir aprendiendo constituyen el corazón de una travesía de cuatro décadas. La robótica no llegó para desplazar su historia, sino para demostrar que la curiosidad es el único motor capaz de vencer al tiempo.
Una mujer entre motores y engranajes: los cimientos de una épica pyme
Su camino comenzó en 1986, cuando junto a su esposo Rodolfo se dedicaron a vender y reparar máquinas contadoras de billetes. Las condiciones iniciales estaban lejos de los estándares modernos: no contaban con un gran capital, pero les sobraba oficio, ganas de aprender y una profunda convicción. Comenzaron de a dos, habitando un espacio extremadamente chico de apenas 45 metros cuadrados. En ese pequeño universo convivían el departamento técnico, la oficina y el depósito. Cada rincón estaba impregnado de esfuerzo, y cada cliente ganado representaba un triunfo de la perseverancia frente a la incertidumbre del país.
En los 80, el rubro técnico era un territorio exclusivamente masculino. Ver a una mujer desenvolverse con solvencia técnica en un salón repleto de hombres, hablando de motores, engranajes y rodamientos, no era algo habitual; llamaba la atención. Nora nunca permitió que los estereotipos de género marcaran las reglas de su juego. Su estrategia no se basó en reclamos, sino en la contundencia de su saber: "Nunca lo viví como una bandera ni como un obstáculo especial: para mí fue, simplemente, trabajo". Su respeto se cimentó en el conocimiento de la tecnología, una autoridad técnica que no se delega ni se improvisa.
Esta dedicación por comprender el funcionamiento de cada máquina se convirtió en el sello de su liderazgo. Nora no dirigía desde un escritorio, se metía al taller y estudiaba cada componente técnico hasta dominarlo. "El respeto no se pide, se gana hablando con solvencia de lo que uno sabe, y esa solvencia se construye a fuerza de meterse en el departamento técnico, entender cómo funciona cada pieza y no delegar en otro la parte técnica del negocio", asegura. Al dominar el producto mejor que nadie, la conversación dejaba de centrarse en el género de quien exponía y se enfocaba exclusivamente en el problema a resolver.
El músculo argentino: surfear las crisis y el examen diario de emprender
Sostener una pyme en la Argentina exige una dosis de resiliencia extrema. Desde 1986, Nora y su equipo debieron aprender a navegar en un mar de inestabilidad constante, donde las reglas cambiaban sin previo aviso. Tres momentos clave marcaron el destino de la empresa. El primer desafío llegó con la Convertibilidad en los 90. Con la caída de la inflación y la dolarización, la cantidad de billetes disminuyó, derrumbando la demanda de máquinas. Sobrevivieron aferrándose a su mayor fortaleza: un servicio técnico calificado, rápido y confiable.
El segundo momento bisagra fue la crisis de 2001. Lejos de rendirse, Nora y Rodolfo encontraron en esa tormenta la oportunidad para una reconstrucción profunda. En 2002, Counter volvió para quedarse y crecer de manera sostenida. Esa experiencia extrema dejó grabada una de las lecciones más valiosas de su vida como empresaria: "En la Argentina la estabilidad no es la condición, es la excepción que hay que aprovechar cuando aparece". Para ella, emprender en el país conlleva la aceptación de que la incertidumbre es parte del paisaje cotidiano, una variable que se debe gestionar con inteligencia táctica y serenidad.
La resiliencia de Nora no es innata, sino el resultado de una gimnasia constante. La fuerza para volver a empezar proviene de la memoria de batallas ganadas anteriormente. "Cuando ya atravesaste una Convertibilidad que te cerraba las puertas y una crisis como la de 2001, aprendes que empezar de cero no es una frase hecha, es un músculo que se entrena", afirma convencida. Destaca que este proceso se recorre apoyada en un equipo sólido que comparte el proyecto. Para Nora, ser empresario en Argentina no es un estatus definitivo, sino un 'examen que se rinde todos los días', una mentalidad que convierte la incertidumbre en rutina de trabajo.
La curiosidad no se jubila: de Alemania a los robots que miran al futuro
El tercer hito se está gestando hoy, y tiene a Nora como principal impulsora. El efectivo, que ya sustentó a la compañía durante casi 40 años, comenzó a ceder terreno frente al avance de los medios de pago digitales. Ante este cambio de paradigma, Nora enfrentó una disyuntiva: administrar la retirada de la empresa o salir a buscar el próximo capítulo. Eligió la vanguardia. El punto de partida fue Alemania, en una feria industrial, donde tras recorrer kilómetros de pabellones, terminó fascinada ante los avances de la robótica. Ese instante de asombro encendió la chispa que redefiniría la propuesta de valor de Counter.
A partir de ese de momento, la compañía dio un giro hacia la robótica colaborativa, incorporando robots humanoides orientados a resolver tareas de limpieza, logística y asistencia. Nora aclara que este cambio no representa una pérdida de identidad, sino una profundización de su propósito original: "Resolver problemas operativos con tecnología y respaldo serio, aunque el producto concreto cambie". Efectivo y robótica moderna conviven hoy bajo la misma pasión. Nora utiliza una bella analogía: "Como cuando se tienen más de un hijo, dar la misma dedicación, la gestión de efectivo y la robótica, se manejan juntas y son nuestra esencia".
Esta reinvención constante también se nutre del estrecho contacto con las generaciones más jóvenes. Lejos de imponer su veteranía, Nora promueve una cultura basada en la honestidad intelectual y la transparencia. Su consejo para mantener la mente abierta radica en salir a tocar la tecnología, escuchar genuinamente a los jóvenes y no aferrarse a una identidad estática. "La fecha de vencimiento no la pone la edad ni los años que lleva la empresa, la pone uno mismo el día que deja de hacerse preguntas", sostiene.
Con su ejemplo, Nora Palacios demuestra que emprender a los 70 años no solo es posible, sino que es la mejor manera de mantener la juventud del espíritu, escribiendo el futuro tecnológico de nuestro país.