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Estuvo preso, apostó por las bombillas con $300.000 y hoy tiene una fábrica que factura hasta u$s3 millones

Nació en 2007 en Aldo Bonzi, hoy tiene casi 50 trabajadores, una planta en Ezeiza, exporta a cuatro países y factura hasta US$3 millones al año
Por NB
31/08/2026 - 08:49hs
CIMARRÓN

Hay emprendimientos que nacen de una oportunidad de negocio y otros que aparecen, primero, como una forma de salir adelante. Cimarrón pertenece a esta segunda categoría: comenzó en un comedor familiar de Aldo Bonzi y, casi 20 años después, se transformó en una cooperativa industrial con clientes en todo el país y presencia en mercados del exterior.

La compañía actualmente factura entre u$s2,5 millones y u$s3 millones por año y tiene cerca de 50 trabajadores. Su historia también está atravesada por un objetivo social: generar oportunidades laborales para personas que llegaron desde contextos complejos y encontraron allí una posibilidad de incorporarse al mundo del trabajo.

De las bombillas a los mates: cómo creció Cimarrón y llegó a exportar a cuatro países

Cimarrón funciona actualmente en un establecimiento de 3.000 metros cuadrados ubicado en el parque industrial de Ezeiza. Desde allí produce una variedad de artículos que comercializa entre empresas de primera línea de Argentina.

Las bombillas forman parte de su oferta, pero con el crecimiento del negocio se sumaron sets materos, sartenes, cacerolas, colapastas, ensaladeras, tuppers, tachos de basura y mates. La empresa también realiza trabajos de inyección para terceros.

La expansión estuvo acompañada por la incorporación de líneas de producción robotizadas y maquinaria industrial. La cooperativa también logró vender sus productos fuera del país, con exportaciones a Chile, México, Paraguay y Uruguay.

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Cimarrón combina producción industrial e inclusión laboral

Los tres hermanos que impulsaron el proyecto asumieron diferentes responsabilidades. Gastón se concentra en la búsqueda de nuevos negocios, Hernán está al frente de las ventas y Facundo trabaja en las áreas vinculadas con la maquinaria, la caja y la administración.

El componente social detrás del negocio

El crecimiento industrial no desplazó el objetivo social con el que se construyó la cooperativa. Actualmente, entre sus trabajadores hay personas que atravesaron situaciones sociales difíciles, además de madres solteras y jóvenes que llegaron después de haber vivido en la calle o de recuperar la libertad tras una condena.

Para los fundadores, el trabajo funciona también como una puerta de entrada a nuevas oportunidades. Algunas personas que pasaron por Cimarrón posteriormente consiguieron otros empleos o comenzaron proyectos propios.

La cooperativa sostiene así un modelo en el que la actividad comercial convive con una política interna orientada a preservar los puestos de trabajo. En momentos de dificultades económicas, los integrantes llegaron a reducir sus propios ingresos para evitar despidos.

El primer taller funcionaba en el comedor de la casa

La historia de Cimarrón comenzó el 13 de marzo de 2007, cuando los hermanos todavía estaban lejos de imaginar la dimensión que alcanzaría el emprendimiento.

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Cimarrón amplió su producción y sumó nuevos artículos para el hogar

La idea había sido impulsada por su tío Mingo, que trabajaba como tornero. En aquel momento, Gastón acababa de salir de prisión y cumplía arresto domiciliario, mientras Hernán y Facundo ya tenían empleo.

Como Gastón tenía restricciones para movilizarse, se ocupó de fabricar las primeras bombillas en un pequeño taller instalado dentro del comedor de la casa de su madre. El objetivo inicial era generar ingresos en un momento económico complicado para la familia.

La inversión de aquel comienzo, calculada por los hermanos a valores actuales, fue de aproximadamente $200.000 a $300.000. Para fabricar las primeras unidades adquirieron unos 2.000 o 3.000 resortes y cinco kilos de aluminio.

El paso de los comercios de barrio a los mayoristas

Las primeras ventas se realizaron en comercios de la zona de Aldo Bonzi. La producción era pequeña y los propios hermanos se encargaban de recorrer los locales para ofrecer las bombillas.

El acceso al circuito mayorista fue un punto de inflexión. A partir de un contacto comercial llegaron a Once, donde encontraron una cantidad mucho mayor de potenciales compradores y comenzaron a recibir pedidos de mayor volumen.

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Cimarrón incorporó nuevos productos y amplió su actividad industrial

La producción fue creciendo y también cambió la escala de las operaciones. Uno de los productos que ayudó a acelerar ese proceso fueron las bombillas de aluminio anodizado, que permitían ofrecer diferentes colores.

La respuesta del mercado fue significativa. Cimarrón llegó a fabricar aproximadamente 100.000 bombillas mensuales, mientras los pedidos aumentaban y obligaban a ampliar progresivamente la capacidad de producción.

La pandemia aceleró el crecimiento

Otro momento relevante llegó durante la pandemia. Cimarrón comenzó ese período con 17 personas trabajando y, apenas tres meses después, la plantilla había aumentado hasta 45 trabajadores.

El crecimiento continuó posteriormente con el traslado de la actividad al parque industrial de Ezeiza y la ampliación de las líneas de fabricación.

Casi dos décadas después de aquel comienzo, la empresa conserva el carácter cooperativo con el que fue organizada y logró construir una estructura industrial que combina producción, empleo y exportaciones.

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