Marca de ropa argentina Batuk no resiste la crisis y entra en concurso con un pasivo de $6.300 millones
Con más de cien empleados y graves problemas financieros, la empresa enfrenta un proceso judicial clave para el futuro del rubro textil argentino
Otra empresa de la industria de la indumentaria quedó alcanzada por la crisis que atraviesa al sector. Se trata de Barhut S.R.L., la sociedad que opera la marca de indumentaria Batuk, que entró en concurso preventivo después de atravesar una fuerte caída de las ventas en términos reales, un incremento del endeudamiento financiero y la acumulación de obligaciones fiscales y sociales. La Justicia Comercial dispuso el 20 de agosto la apertura del concurso de la empresa y de Trown S.R.L., sociedad con la que comparte administración y que quedó incluida en el mismo proceso por agrupamiento económico.
La presentación judicial permite dimensionar el deterioro. Al 31 de julio de 2026, Barhut declaró activos por $6.763,5 millones y un pasivo de $6.304,2 millones, compuesto principalmente por deudas financieras, comerciales y fiscales y sociales. A eso se suma una nómina de acreedores que incluye a bancos, proveedores textiles y organismos públicos.
La empresa, que cuenta con 112 trabajadores en relación de dependencia, había iniciado pocos meses antes una nueva etapa comercial, con la apertura de dos locales flagship: uno sobre Avenida Santa Fe a fines de 2025 y otro sobre Avenida Cabildo a mediados de 2026. Sin embargo, la expansión coincidió con un deterioro de la actividad que, según explicó la propia compañía ante la Justicia, terminó haciendo inviable el cumplimiento regular de sus obligaciones.
La historia de Batuk: de la calle Avellaneda a los locales de Santa Fe y Cabildo
Barhut fue constituida en 2010 por Amalia Llamas y Emiliano Gabriel Caroprese, quien actualmente concentra la mayor parte del capital, está al frente de la gerencia y conduce la operación diaria desde 2017. Posteriormente, se incorporó como socio minoritario Sebastián Pablo Sayago.
La marca Batuk, propiedad del socio mayoritario, nació dentro del ecosistema textil de la calle Avellaneda, originalmente vinculada al denim, y con el tiempo evolucionó hacia una propuesta de indumentaria contemporánea para ambos géneros. La compañía desarrolló tanto el canal mayorista como el minorista y luego avanzó hacia una estrategia centrada en locales propios, ecommerce y una mayor construcción de identidad de marca.
El plan de negocios contemplaba una nueva etapa de crecimiento a cinco años y tuvo como uno de sus primeros pasos la apertura de dos locales de gran superficie. El más importante de sus locales está ubicado en Avenida Santa Fe 2074 y tiene 881,5 metros cuadrados, distribuidos entre planta baja y primer piso. El segundo funciona en Avenida Cabildo al 1900 mientras que el tercer punto de venta está ubicado en Avellaneda 2978.
Una caída de ventas que terminó impactando en las cuentas de Batuk
Uno de los datos centrales que surge de la presentación es la diferencia entre la evolución nominal de la facturación y lo que ocurrió con las ventas en términos reales.
Según explicó Barhut, las ventas nominales pasaron de $3.262 millones en 2023 a $8.960 millones en 2024 y $8.795 millones en 2025, pero cuando se las ajusta por inflación el resultado cambia por completo. Las ventas reales cayeron 29,5% en 2024 y otro 33,4% en 2025. En términos acumulados, la empresa sostiene que en 2025 vendió apenas el 47% de lo que había vendido en 2023 a valores de poder adquisitivo constante, lo que implica una contracción real del 53%.
La propia sociedad remarca que el crecimiento nominal de la facturación no se tradujo en una mejora genuina del negocio. Según la presentación, el resultado operativo puro pasó de positivo en 2023 a negativo en 2024 y la utilidad que mostraban los balances posteriores estuvo explicada por resultados financieros y por exposición a la inflación, mientras que la explotación comercial se encontraba severamente deficitaria.
Los números patrimoniales muestran además una compañía con una fuerte cantidad de recursos inmovilizados en mercadería. Al 31 de julio, Barhut declaró $3.630,8 millones en bienes de cambio, entre materias primas, telas y productos terminados distribuidos entre el depósito, los locales de Santa Fe, Cabildo y Avellaneda y el canal de ecommerce. También tenía $39,6 millones entre caja y bancos y otros $40 millones en créditos por ventas.
Del otro lado del balance aparece el endeudamiento. La deuda financiera asciende a $3.487,5 millones, de los cuales $2.578,5 millones corresponden a préstamos bancarios en pesos y $909 millones corresponden al equivalente en pesos de una deuda de u$s600.000. Las deudas comerciales suman $1.566,9 millones, mientras que las obligaciones fiscales y sociales alcanzan $1.237,7 millones.
Entre los principales acreedores financieros aparecen:
- Banco Provincia, con $968,7 millones
- Banco Galicia, con $677,6 millones
- Banco Nación, con $551,8 millones
- Banco Macro, con $380,4 millones
Importaciones, consumo y crédito: las causas que expuso la empresa
En su presentación, Barhut atribuyó el deterioro a una combinación de factores que exceden, según sostuvo, una dificultad puntual de la compañía. La firma señaló que el escenario se produjo por la apertura del comercio exterior, el ingreso de productos a bajos precios, la competencia de plataformas internacionales y la caída del consumo, mientras que sus propios costos de producción continuaron aumentando.
De hecho, la empresa sostuvo que el estado de cesación de pagos "no responde a una gestión empresarial deficiente ni a circunstancias aisladas o transitorias" y vinculó la crisis con el contexto general de la industria textil.
La presentación ubica el inicio del estado de cesación de pagos el 15 de julio de este año. Hasta ese momento, la compañía aseguró que había logrado refinanciar sus obligaciones y mantener una "razonable calidad crediticia", pero que desde esa fecha la situación se volvió irreversible sin una solución concursal.
El diagnóstico coincide con el cuadro que atraviesa el sector. Según los datos de Fundación Pro Tejer citados en la propia presentación, la producción textil acumuló una caída del 25,5% durante el primer cuatrimestre de 2026 frente al mismo período de 2025 y del 32,3% respecto de 2023. En paralelo, las fábricas textiles trabajaron en promedio al 36,6% de su capacidad instalada, mientras que el conjunto de la industria manufacturera alcanzó el 59% en marzo.
El expediente tiene además una particularidad: el concurso de Barhut tramita junto con el de Trown S.R.L., otra sociedad vinculada al grupo.
Ambas compañías comparten el domicilio de administración, tienen una estructura administrativa centralizada y están bajo el control económico de Emiliano Gabriel Caroprese. La presentación sostiene que también existen vínculos financieros y comerciales entre las sociedades y que Trown no cuenta con personal propio, sino que su administración es realizada por empleados de Barhut.
Por ese motivo, las dos empresas solicitaron que sus concursos fueran tratados conjuntamente como agrupamiento económico, una alternativa prevista por la Ley de Concursos y Quiebras.
Cómo sigue el concurso
Con la apertura dispuesta por la Justicia Comercial, ahora se abre formalmente el proceso de verificación de acreencias. Los acreedores podrán presentarse hasta el 12 de noviembre de 2026 ante la sindicatura designada, Gándara y Asociados.
Luego, el proceso contempla la presentación del informe individual previsto por el artículo 35 de la Ley de Concursos y Quiebras el 1 de febrero de 2027, mientras que el informe general deberá presentarse el 19 de marzo de 2027.
La audiencia informativa quedó fijada para el 20 de septiembre de 2027 a las 11, mientras que el período de exclusividad para que la empresa formule una propuesta a sus acreedores vence el 24 de septiembre de 2027.
Así, la marca que pocos meses atrás estaba invirtiendo en nuevos locales, ampliando su estructura comercial y apostando a una nueva etapa de crecimiento, ahora deberá atravesar un proceso concursal para reestructurar una deuda millonaria y sostener la operación. El caso vuelve a poner en el centro la presión que atraviesa a las empresas de indumentaria argentinas, golpeadas por la caída del consumo, la competencia importada y el deterioro de sus niveles de producción.