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El Gobierno lanzará un satélite de más de u$s100 millones para vigilar el Atlántico Sur

El SABIA-Mar comenzó los ensayos decisivos antes de su puesta en órbita en 2027 para controlar la actividad pesquera y proteger los recursos naturales

16/09/2026
Actualizado 08:46hs

El Gobierno prepara el lanzamiento del SABIA-Mar, un satélite desarrollado dentro de un programa con financiamiento superior a los u$s100 millones para vigilar el Atlántico Sur, observar la actividad pesquera y generar información destinada a reducir los costos operativos de las embarcaciones.

El equipo completó su fabricación, superó la revisión técnica de integración y comenzó la campaña de ensayos ambientales previa a su puesta en órbita, programada para el primer semestre de 2027.

El último avance se produjo después de la evaluación realizada entre el 10 y el 12 de agosto pasados en las instalaciones de INVAP, en Bariloche, donde especialistas nacionales e internacionales examinaron el hardware, el software, la integración de los componentes, la documentación, los procedimientos y los equipos de soporte.

En ese momento, la junta revisora habilitó el comienzo de las pruebas que reproducirán las condiciones extremas que el satélite deberá soportar durante el despegue y su operación en el espacio.

El equipo será expuesto a variaciones de presión y temperatura, además del sonido y las vibraciones generadas por el vehículo lanzador.

La misión es dirigida por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), mientras que INVAP actúa como contratista principal para la construcción, integración y realización de los ensayos.

Información para reducir costos

Una de las principales aplicaciones productivas del SABIA-Mar estará vinculada con la industria pesquera.

Sus sensores generarán información sobre las condiciones del océano que podrá utilizarse para planificar recorridos, evitar desplazamientos improductivos y mejorar el uso del combustible.

Las cámaras ópticas medirán el color del mar y permitirán estimar la concentración de clorofila-a, una variable asociada con la presencia de fitoplancton y con la productividad primaria de los ecosistemas marinos.

En el caso del fitoplancton, constituye la base de la cadena alimentaria acuática y su distribución aporta información para estudiar las condiciones de diferentes áreas y reconocer zonas con mayor potencial para la actividad pesquera.

Según la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, esos datos podrán emplearse para orientar las operaciones de la flota, reducir gastos y promover un aprovechamiento más eficiente de los recursos, además de contar con aplicaciones para la acuicultura y el apoyo a la navegación.

Las imágenes deberán combinarse con modelos oceanográficos, registros históricos e información sobre el comportamiento de las especies y las embarcaciones.

El resultado será una serie de productos destinados a empresas pesqueras, instituciones científicas y organismos públicos.

En el caso del segmento terrestre, recibirá, procesará y distribuirá la información, en tanto que el efecto económico surgirá de convertir las observaciones en herramientas que permitan anticipar las condiciones del mar y mejorar la planificación de cada campaña.

Vigilancia de los recursos

SABIA-Mar fue concebido inicialmente como una misión de observación ambiental pero una actualización tecnológica de su carga útil amplió sus funciones hacia la producción, la seguridad y la vigilancia marítima.

El satélite podrá aportar información para localizar embarcaciones y complementar los sistemas utilizados para controlar la Zona Económica Exclusiva argentina ya que, entre sus capacidades se encuentra la identificación de buques colaborativos y no cooperativos.

También podrá detectar embarcaciones que navegan sin transmitir su posición mediante el Sistema de Identificación Automática, conocido como AIS, que comunica la identidad, la ubicación, el rumbo y la velocidad de los barcos.

Las imágenes obtenidas desde el espacio permitirán registrar actividad marítima más allá de los datos transmitidos por cada embarcación, información que podrá cruzarse con permisos de pesca, registros de navegación y otras herramientas de vigilancia.

El equipo incorporará además una cámara pancromática de alta sensibilidad capaz de detectar luces sobre el mar durante la noche y que permitirá construir mapas lumínicos e identificar patrones de operación de las flotas.

La combinación de esas observaciones con las posiciones declaradas mediante AIS ofrecerá una herramienta adicional para controlar movimientos dentro y alrededor de la Zona Económica Exclusiva.

En el mismo sentido, las autoridades deberán analizar los datos para determinar la naturaleza de cada actividad ya que el satélite funcionará como una fuente complementaria y ampliará la cobertura sobre una superficie marítima extensa.

La vigilancia tiene también un efecto sobre el negocio pesquero, teniendo en cuenta que la extracción ilegal ejerce presión sobre los recursos e introduce una competencia irregular frente a las empresas que operan con permisos, cupos, tripulaciones registradas y obligaciones tributarias.

Financiamiento del programa

El origen de SABIA-Mar se remonta a noviembre de 1998, cuando las agencias espaciales de la Argentina y Brasil firmaron un acuerdo para desarrollar un sistema conjunto de observación.

La iniciativa fue redefinida en 2008 y en 2014, el Poder Ejecutivo aprobó el contrato de préstamo otorgado por CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe para financiar la misión.

La operación contempló u$s70 millones para el diseño, el desarrollo, la construcción, el lanzamiento y la puesta en órbita.

La ficha actualizada del organismo financiero registra desembolsos por u$s69,3 millones y una contraparte argentina de u$s38 millones, globalizando una suma que alcanza los u$s108 millones.

La formulación original comprendía una misión integrada por dos equipos: el SABIA-Mar 1, bajo responsabilidad argentina, y un segundo satélite aportado por Brasil.

En 2018, la misión estaba proyectada como una constelación de dos equipos a partir de lo cual la Argentina asumiría el desarrollo del SABIA-Mar 1 y la Agencia Espacial Brasileña quedaría a cargo del SABIA-Mar 2.

Brasil modificó posteriormente la plataforma elegida para concretar su participación y en el 2023, la Agencia Espacial Brasileña y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales propusieron incorporar el Amazonia-1B, un satélite que ya se encontraba dentro del programa espacial de ese país.

La definición avanzó en enero pasado, cuando el instituto brasileño contrató los servicios de lanzamiento y confirmó al Amazonia-1B como aporte de Brasil a la misión conjunta.

El programa atravesó más de una década de revisiones de diseño, fabricación, integración de instrumentos, ensayos parciales y actualizaciones tecnológicas.

En la actualidad, el equipo se encuentra en proceso de integración y pruebas y su lanzamiento está previsto para 2027 mediante un cohete Vega-C de la empresa italiana Avio, desde el Centro Espacial Europeo de Kourou, en la Guayana Francesa.

Productividad marítima

En ese marco, SABIA-Mar podrá medir turbidez, concentración de clorofila y otros indicadores relacionados con la calidad del agua que permitirá detectar tempranamente floraciones algales nocivas, entre ellas los episodios conocidos como marea roja.

El satélite producirá además datos sobre ecosistemas oceánicos y costeros, aguas continentales, zonas inundadas, vegetación, usos del suelo y recursos hídricos.

La misión contempla también el estudio de la productividad primaria del mar, el ciclo del carbono y la dinámica de las aguas costeras de la Argentina y del resto de Sudamérica.

La ficha técnica difundida por la CONAE al comenzar la fabricación, en abril de 2018, proyectaba un satélite de 550 kilos y una vida útil de cinco años.

El diseño estableció una órbita circular heliosincrónica a 702 kilómetros de la Tierra y la configuración incluyó dos cámaras multiespectrales, una térmica y una pancromática de alta sensibilidad, junto con un sistema de recolección de datos y un monitor de radiación.

El proyecto fue diseñado para producir información regional con una resolución espacial de 200 metros y observaciones globales con una resolución de 800 metros.

Sus cuatro paneles solares reúnen 2.400 celdas, ocupan una superficie total de diez metros cuadrados y generan una potencia de 2.400 watts.