Productor desafió el monopolio sojero en Pergamino y encontró un negocio en las frutillas
Pablo Flores dejó atrás los cultivos tradicionales para apostar por las frutillas. Ahora busca expandir un negocio, pero enfrenta nuevos desafíos
Pergamino es uno de los epicentros de la agricultura argentina. En sus campos predominan la soja, el maíz y el trigo, pero en los márgenes de la ciudad también hay lugar para otras actividades. Allí, Pablo Flores encontró una oportunidad para ampliar el negocio familiar y producir frutillas en una región donde ese cultivo no tiene una tradición consolidada.
La historia productiva de la familia Flores está ligada a la horticultura. Hace alrededor de 25 años que están instalados en Pergamino y su padre trabajó durante toda su vida con verduras de hoja y otros cultivos hortícolas. También tienen una verdulería, que funciona desde hace unos 12 años y les permite vender buena parte de lo que producen.
Pablo se hizo cargo de la actividad familiar después de que su padre sufriera un accidente cerebrovascular, hace cuatro o cinco años. Desde entonces, amplió la producción bajo cubierta y empezó a buscar alternativas para abastecer el negocio con más productos propios.
La incorporación de frutillas surgió, en buena medida, de esa relación directa con los consumidores. La verdulería necesitaba abastecerse y conseguir fruta de otros productores se había vuelto más complicado. Un conocido que cultivaba frutillas en la zona dejó de hacerlo y se trasladó hacia La Plata, lo que dificultó el suministro.
A esa necesidad se sumó un antecedente que encontró en el propio campo. Décadas atrás, productores japoneses habían cultivado frutillas en ese mismo lugar. La historia le quedó dando vueltas y terminó de empujarlo a probar.
"Si hicieron frutilla ellos, ¿por qué no se puede hacer ahora?", se preguntó, al recordar cómo empezó a evaluar la posibilidad de incorporar el cultivo.
La decisión llegó en octubre de 2024. Flores se puso en contacto con proveedores de plantines, consultó a productores con experiencia y comenzó a organizar la implantación. No era una producción que pudiera improvisar: necesitaba conseguir los materiales adecuados, preparar el terreno, instalar el mulching y aprender un manejo específico para una fruta sensible a los cambios de temperatura, la humedad y las plagas.
Cómo es la producción de frutillas en Pergamino
Hoy, Flores destina alrededor de 2,25 hectáreas a las frutillas. A eso se suman unas dos hectáreas de invernaderos y otras superficies con verduras a campo, entre ellas lechuga, acelga, perejil, cebolla de verdeo, puerro, remolacha, repollo, berenjena, tomate y morrón, según la época del año.
El primer ciclo de frutillas le permitió conocer el cultivo y detectar los problemas que podían aparecer. Al evaluar el resultado, el productor lo resumió con una frase sencilla. "Bien, ni muy bien ni mal, bien".
La experiencia alcanzó para seguir adelante y ampliar la superficie. Pero el aprendizaje llegó con dificultades. La frutilla es sensible tanto al exceso de humedad como al calor, el frío y la falta de agua. Durante los días lluviosos de la primera campaña, parte de la producción sufrió problemas de hongos. Después llegaron períodos secos y la aparición de plagas.
El manejo requiere atención permanente, desde el seguimiento sanitario hasta el momento de cosecha. A diferencia de los cultivos extensivos que dominan la región, la recolección de frutillas es manual y demanda una cantidad importante de trabajo. En ese punto, la familia también cumple un papel central y colabora durante los períodos de mayor actividad.
A las dificultades agronómicas se agregan las de abastecimiento. Algunos insumos específicos no se consiguen con facilidad en Pergamino y deben comprarse en Buenos Aires. También necesitan resolver la provisión de cajones para la fruta, que el año pasado llegaron desde Mendoza y esta temporada desde La Plata.
Las restricciones periurbanas, parte del escenario
El establecimiento está ubicado en las afueras de Pergamino, en una zona cercana al área alcanzada por restricciones judiciales a las aplicaciones de productos fitosanitarios. La situación forma parte de las condiciones en las que trabaja la familia. Flores recordó que, en otras oportunidades, algunas aplicaciones realizadas en las cercanías provocaron daños en sus cultivos hortícolas.
En agosto de 2019, una resolución del Juzgado Federal de San Nicolás estableció una zona de exclusión de 1.095 metros para aplicaciones terrestres y de 3.000 metros para las aéreas en el partido de Pergamino. La medida abarca distintos productos fitosanitarios, entre ellos herbicidas, insecticidas y fungicidas. La normativa municipal sobre uso de estos productos tiene, además, sus propias disposiciones.
La cercanía con esa zona de restricciones fue una cuestión considerada por Flores, pero no explica por sí sola la decisión de plantar frutillas. El proyecto también respondió a la necesidad de abastecer su verdulería, a la experiencia hortícola de la familia y a la posibilidad de aprovechar un terreno que ya conocía.
En su caso, la diversificación no significó abandonar la horticultura para pasar a otra actividad. Fue sumar un cultivo a un esquema productivo que ya existía y buscar una alternativa comercial dentro de la misma explotación.
La verdulería como principal canal de venta
Una de las ventajas del emprendimiento es que Flores ya tenía un canal comercial propio. Entre el 60% y el 65% de las frutillas se vende en la verdulería familiar. El resto se distribuye entre clientes de la zona y el mercado de Fisherton, en Rosario. Con las demás verduras ocurre algo parecido, ya que entre el 80% y el 85% de la producción hortícola se comercializa en el local.
Ese vínculo directo ayuda a colocar la mercadería, aunque no elimina la presión sobre los márgenes. Los costos de producción subieron, entre otros motivos, por el alquiler de la tierra y el combustible, mientras que el precio de venta de las frutillas se mantiene en niveles similares o incluso algo inferiores a los del año anterior.
Flores también describe un escenario complicado para las verduras. Según su evaluación, los precios están "muy por el piso", mientras que una parte importante de los insumos está dolarizada.
La estrategia, frente a ese desfasaje, consiste en tratar de aumentar el rendimiento y el volumen producido. La posibilidad de cosechar más kilos por hectárea es una de las variables que pueden ayudar a compensar el incremento de los costos, aunque depende de que el cultivo responda y de que el mercado absorba la producción.
Planes para expandir las hectáreas de frutillas en la zona núcleo
Flores analiza alquilar un campo vecino de unas nueve hectáreas. Si los resultados de la campaña acompañan, su objetivo es llevar la superficie con frutillas a entre 3,5 y cuatro hectáreas y aumentar también la producción de verduras para abastecer a sus canales de venta.
La expansión todavía depende de cómo evolucione el cultivo y de los números del negocio. La frutilla demanda inversión, trabajo y seguimiento técnico, y no está exenta de los problemas que afectan al resto de la horticultura. Pero la experiencia inicial le permitió avanzar con un proyecto que, hace unos años, no formaba parte de sus planes.
En una región identificada con la soja, el maíz y el trigo, Flores encontró una oportunidad en una producción intensiva que se vende en buena medida a través de un comercio propio. La apuesta combina una tradición familiar, una necesidad concreta del mercado local y la búsqueda de alternativas para sostener y ampliar la actividad en el periurbano de Pergamino.