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La soja se recupera y la opción de invertir en un pool de siembra ya rinde más que un plazo fijo

De la mano de un dólar más alto tras la devaluación, el yuyito muestra mejores rendimientos para quienes apuestan por estos fideicomisos. ¿Cuánto ofrecen?
Por Juan Diego Wasilevsky
01/03/2014 - 08:43hs
La soja se recupera y la opción de invertir en un pool de siembra ya rinde más que un plazo fijo

Durante el último gran boom de las materias primas, que tuvo lugar post crisis internacional, allá por los años 2009 y 2011, el campo logró captar la atención de pequeños y medianos ahorristas. 

Fueron los llamados "años dorados" para los pooles de siembra o fondos de inversión agrícola, es decir, aquellas "vaquitas" de dinero constituidas mediante fideicomisos a través de los cuales los particulares pueden invertir en soja y demás granos con la ventaja de no tener que pisar un campo o disponer de know how en materia de cultivos.

Con una soja que "volaba" por encima de los u$s600 la tonelada, un clima que jugaba a favor y un mercado cambiario sin restricciones, los ahorristas lograron hacerse de interesantes ganancias a lo largo de ese período.

En promedio, quienes invirtieron en dichos fondos entre 2009 y 2011 lograron embolsar una rentabilidad de casi 20% promedio, en dólares.

Sin embargo, todo cambió a partir de la instauración del "cepo".

Al haberse limitado la posibilidad de acceder a billetes verdes, los pooles debieron avanzar con una "reingeniería" a gran escala.

Y el cambio principal, sin dudas, fue que se vieron forzados a tener que aceptar la llegada de inversores con pesos en la mano, quienes a su vez también pasaron a contar sus ganancias en moneda local.

El problema es que, tras el furor y la multiplicación de los fideicomisos de inversión, llegó una fulminante crisis que, según estimaciones de los responsables del fondo Openagro, borraron de un plumazo al 50% de los jugadores del negocio.

La fuerte suba de costos de producción, el atraso cambiario -que hacía que cada tonelada de soja rindiera menos en pesos-, el mencionado impacto del cepo y un precio del "yuyito" que empezó a mermar, le quitaron atractivo a la actividad. 

No es para menos: en los momentos más álgidos, los pooles pasaron a ofrecer ganancias magras, cercanas al 5% en pesos, un nivel similar a la renta que, en ese entonces, ofrecía el alquiler de un departamento mediano ubicado en Capital.

Claro que hay diferencias: mientras que el ladrillo es considerado una inversión segura, la soja es una opción riesgosa, dada su susceptibilidad frente al clima y a variables internacionales que pueden afectar su precio. De ahí el poco atractivo que despertaba esta opción con una tasa tan baja. 

Además, eran niveles de rentabilidad negativa frente a la creciente presión inflacionaria, que llegaba a cuadruplicar el margen que ofrecían los pooles.

El efecto "dólar a $8"

Tras cerrar un 2013 para el olvido, la coyuntura parece comenzar a mostrarse más benevolente con el sector agrícola.

Es que la soja, por un lado, está embarcada en un rally alcista, de la mano de las peores perspectivas para la cosecha en Brasil, uno de los tres grandes jugadores a nivel mundial. Por otro, los productores se benefician con el dólar más alto, dado que cada tonelada del "yuyito" que se exporta rinde más en pesos.  

Y este impacto también genera un efecto derrame positivo hacia los fideicomisos y hacia los inversores que apuestan por este tipo de instrumentos.

En este contexto, ¿en qué medida benefició al negocio el salto del tipo de cambio?

En diálogo con iProfesional, Guillermo Villagra, presidente de Openagro, destacó que "en diciembre, antes de la devaluación, la rentabilidad estimada para un fondo era de entre un 18% y un 20% en pesos. A partir de enero el panorama mejoró. Hoy en día se está estimando un nivel cercano al 30%".

El experto consideró que "si bien el retorno que hoy deja la soja es mucho más atractivo que el de años anteriores, considerando que en 2012 los fideicomisos llegaron a ofrecer una rentabilidad de menos del 10% en moneda local, es cierto que es un negocio que hoy no otorga ganancias, a lo sumo es para salir hechos".

Esto se debe a que el rendimiento que ofrecen a inversores se ubica por debajo de la tasa de inflación proyectada para este año, estimada por algunas consultoras en el orden del 34% al 35%.

"Los pooles bien trabajados y serios para esta campaña están ofreciendo una tasa por encima de la de un plazo fijo minorista", completó el presidente de Openagro, quien sin embargo agregó que "para que el negocio se recupere y cobre mayor atractivo, la soja debería estar por arriba de los u$s550 la tonelada".

Cabe destacar que, en la actualidad, el precio internacional de referencia para la oleaginosa se encuentra en los u$s520.

Frente a esta coyuntura, Villagra destacó que el negocio, al no ofrecer jugosas rentabilidades, en los últimos tiempos se fue orientado "al inversor más sofisticado, es decir, a aquél que está en búsqueda de alternativas para diversificar sus carteras".

"También se mantienen nuestros clientes históricos, que saben que esta es una apuesta a largo plazo y no una opción para sumarse un año o dos y después retirarse", agregó. 

Pooles: una modalidad en retirada

Como se mencionó anteriormente, la suba de costos, precios de la tierra que no se mostraron flexibles a la baja y el atraso cambiario derivaron en un achicamiento del negocio de los pooles de siembra. 

Esto generó un marcado repliegue de los grandes "monstruos" del sector, como sucedió con Los Grobo, el fondo gerenciado por la familia Grobocopatel, que llegó a trabajar la friolera de 300.000 hectáreas en la Argentina pero que en las últimas campañas apenas operó unas 30.000.

Algo similar sucedió con El Tejar, otro de los grandes jugadores que en los últimos ciclos dejó de rentar campos debido a los márgenes cada vez más chicos que ofrecía el negocio.

Por el lado de Openagro, un fideicomiso que desde hace 12 años opera en la Argentina, también hubo un recorte en la superficie: tras haber superado en el período de esplendor las 18.000 hectáreas, en la actualidad tienen bajo su manejo unas 12.000 hectáreas, lo que representa una reducción del orden del 33%.

Villagra confirmó que "la menor rentabilidad, debido a la disparada de precios que experimentaron los agroquímicos y fertilizantes -que crecieron en pesos por la devaluación pero también en dólares-, obligó a que replanteáramos el negocio".

En este sentido, destacó que "ahora la modalidad que se está tratando de imponer es que el dueño del campo que le renta sus hectáreas al fideicomiso participe como socio y comparta los riesgos".

"El negocio está muy finito. Para quienes alquilamos tierras, el hecho de tener que desembolsar cash es una alternativa cada vez menos atractiva. Con esta modalidad en la cual sumamos al propietario, en cambio, minimizamos el riesgo para el fideicomiso", acotó Villagra.

"El modelo de pagar quintales fijos por hectárea es una práctica que la veníamos padeciendo todos los pooles. El único que terminaba ganando en serio era el dueño del campo, que no asume riesgos", recalcó. 

Costos "matan" rentabilidad

En este contexto, los analistas no prevén, por el momento, un nuevo boom de los fondos de inversión tras la devaluación y el sostenimiento de los precios internacionales.

Al respecto, el consultor y experto en agronegocios, Salvador Di Stéfano, sostuvo que "los mejores precios de la soja hoy son una muy buena noticia. Pero la suba de la inflación y la mayor tasa de interés quitan rentabilidad al negocio. La campaña próxima, de hecho, habrá que buscar incluso más escala para obtener una ganancia similar a la de este año".

El experto fue más allá al asegurar que "para este 2014 se espera una tasa de crecimiento negativa de la economía. Esto indica que al campo no le irá bien, lo que a su vez enciende luces amarillas para la campaña próxima".

"El sector sigue ajustándose. Primero fueron los acopios, luego los fideicomisos agrícolas, más tarde será el productor que alquila y luego se verá afectado el dueño de la tierra. Se viene la época de la supervivencia del más apto", disparó.

Menos divisas para el agro... y para el BCRA

Hasta hace unos días, desde la consultora Agripac estimaban un volumen de producción de soja para esta campaña del orden de los 55 millones de toneladas, lo que iba a implicar un récord histórico, con un aumento de 5 millones con respecto a la producción de la campaña anterior.

Sin embargo, los consultores están revisando los números a la baja debido a problemas climáticos.

"En la Argentina se sembraron poco menos de 22 millones de hectáreas, y el área en problemas se ubicaría entre el 5% y 10% de lo sembrado. Esto nos podría llevar a un área cosechada de 20 millones de hectáreas que, con un rinde promedio de 25 quintales, daría una producción de 50 millones de toneladas. Muchísimo menos de lo esperado inicialmente", advirtió Di Stéfano.

Paralelamente, desde la Bolsa de Comercio de Rosario estiman un volumen superior (53 millones) pero igualmente más bajo que las 55 millones de toneladas previstas inicialmente.  

Para Di Stéfano, si el clima empeora en esta recta final y si los precios no mantienen su ritmo ascendente, "el Banco Central no recibiría la misma cantidad de dólares que el año anterior. El Estado tendría menos ingresos fiscales y el productor, menos ganancias".

Así las cosas, consideró que "este año el campo aportará menos dólares, impuestos y rentabilidad que en el año 2013. Por eso es muy importante conseguir dinero del exterior. El Estado está en alerta roja, los ingresos caen y los egresos suben. Este es el ´virus´ que nos llevó a esta crisis, que todavía sigue sin resolverse".

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