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Tambalea un emblema macrista: a Cresta Roja ya le rechazaron cheques por $450 millones y sus plantas se encuentran paralizadas

Tambalea un emblema macrista: 100.000 pollos mueren a diario en Cresta Roja, que emite cheques sin fondo

La sociedad que controla a la productora desde el descalabro de Rasic, nunca logró achicar el rojo financiero y debe millones a sus proveedores. En la última semana no hubo faena y se perdieron miles de pollos. Crónica del ocaso de una compañía tomada como símbolo por el Gobierno. Imágenes sensibles

Por Patricio Eleisegui
30.01.2018 17.00hs Negocios

Cresta Roja, empresa clave dentro de la industria aví­cola, está atravesando una crisis de envergadura. 

Desde octubre de 2016, la compañí­a se encuentra bajo control de Proteinsa SA, integrada por Ovoprot, Tanacorsa y Grupo Laclau, si bien este consorcio habí­a comenzado a manejarla desde antes, tras la quiebra de Rasic Hermanos.

En abril de ese año, Mauricio Macri visitó junto a la gobernadora bonaerense, Marí­a Eugenia Vidal, la planta industrial, que recién habí­a reactivado su producción. 

Frente al micrófono, el Presidente afirmaba que el hecho de que "Cresta Roja esté funcionando tiene que ver con esta nueva etapa de la Argentina". 

Así­, el propio jefe de Estado la posicionó como emblema de su gestión

Incluso, la gobernadora destacó durante la reapertura que la compañí­a era un "sí­mbolo de que sí­ se puede". 

En su momento, la sociedad llegó a desembolsar unos u$s121 millones para salvar la operación y volver a poner en marcha a la empresa. 

Sin embargo, desde ese acto a esta parte, las cosas cambiaron. 

Si bien Proteinsa SA debutó con el acompañamiento del Gobierno, la firma incumplió el grueso de las promesas elevadas al momento de hacerse cargo formalmente de Cresta Roja. 

Por lo pronto, fuentes cercanas a la aví­cola reconocen que la empresa dejó fuera del proceso de reincorporación al 30% de los operarios de la ex Rasic, por lo que hoy se encuentra muy lejos de alcanzar los 3.500 puestos de trabajo comprometidos al momento del "salvataje". 

Pero las complicaciones van mucho más allá. En algo más de un año de gestión, el avance de Proteinsa SA se ha destacado más por los problemas financieros que por la mejora productiva y la eficacia comercial.

La compañí­a, señalada como ejemplo hace apenas un par de años, hoy está casi paralizada, abona los sueldos en forma fraccionada y tiene dificultades para afrontar los compromisos con sus proveedores. 

Prueba de ello es que la compañí­a cerró 2017 con cheques rechazados por un monto cercano a los $450 millones, según datos del Banco Central (BCRA). 

De ese total, alrededor de $120 millones fueron levantados durante diciembre con nuevos cheques de pago diferido.

La falta de pago terminó complicando la cadena de suministros, especialmente de alimentos balanceados e insumos clave para la producción.

El corte en la cadena de suministros de alimentos balanceados y otros insumos generó que la situación se agravara en las últimas semanas. 

En las granjas emplazadas en San Miguel del Monte y Lobos, que la compañí­a mantiene operativas a duras penas, se produjo una mortandad de animales que complicó aun más la operación: alrededor de 100.000 pollos mueren cada dí­a. 

Los ejemplares adultos que subsisten tampoco pueden alcanzar el peso exigido -de algo más de 3 kilos- para poder llegar a las góndolas de los comercios. 

El escenario se vuelve más dramático si se considera que la disponibilidad de alimento balanceado para alimentar a las aves recién se normalizarí­a en alrededor de dos semanas.

"El desmadre es tal que ni siquiera les están entrando granos a los molinos que abastecen a las granjas. Todo el ciclo productivo se ha deteriorado. La compañí­a nunca logró una recuperación plena tras los anuncios del Gobierno y quienes se hicieron cargo de Cresta Roja no han hecho más que achicar la dotación de personal y acumular deudas con cheques sin fondos", contó a este medio una fuente cercana a la compañí­a.

"Hay una decisión de reducir la operación, de tener la menor estructura posible. Por el momento, no creemos que la empresa vaya a cerrar. Lo que sí­ está claro es que quienes tomaron el control lo hicieron con la idea de acotar el número de empleados y sin la intención de devolverle a Cresta Roja el lugar que supo tener en el pasado", dijo una fuente gremial.

"El revoleo de cheques sin fondo derivó en la huida de los proveedores. Más allá del capital que inyectaron para hacerse con la compañí­a, los socios en Proteinsa SA no pusieron un solo peso extra. No pagaron las deudas que tení­a la empresa, congelaron las indemnizaciones y recortaron la cantidad de empleados. Incluso, bajaron la productividad", indicaron a este medio voceros del sindicato de la Alimentación.

"La empresa opera con la tranquilidad de que el Gobierno no los dejarí­a caer porque son un sí­mbolo de la propuesta económica del macrismo", agregó la fuente. Pero son palabras que no tranquilizan a la industria. 

Plantas frenadas 
Un operario de Cresta Roja afirmó que en la última semana se fueron liberando todos los turnos de trabajo y "no se operó, porque no hay pollos para procesar".

"Como prácticamente no comen, entonces no alcanzan el peso que deberí­an tener para poder llegar a los supermercados. Eso obliga a mantener a las aves por más tiempo en las granjas", confirmó.

"Las plantas de trabajo están paralizadas, se cortó la cadena productiva por falta de alimento", confirmó Darí­o Ruí­z, uno de los delegados sindicales en la compañí­a.

"En la última semana no hubo faena. No es que estuvimos de paro, sino que la propia empresa no tiene aves para faenar", añadió, además de denunciar demoras en el pago de sueldos.

Otro trabajador de la compañí­a aportó más detalles: "Desde el momento en que el pollo nace, con incubadora y demás, lo que sigue son al menos 40 dí­as de alimentación hasta que tengan los tres kilos mí­nimos fijados para la faena. Sin esa mezcla especial, el lapso se estira a por lo menos 70 dí­as". 

"Hoy, la mayorí­a está pesando la mitad", acotó.  

Pero el problema más grave es la mortandad de animales que están registrando: "Antes uno entraba a los galpones a darle de comer a los pollos. Ahora, el trabajo consiste en entrar para sacar a los que se van muriendo", comentó el empleado.

Contactados por iProfesional, voceros del Ministerio de Agroindustria -cartera que hasta hace menos de un año tomaba cartas en la interna de Cresta Roja- indicaron que las cuestiones referidas al funcionamiento de la firma ahora "dependen únicamente de Trabajo".

Desde esta última cartera, en tanto, evitaron pronunciarse sobre el presente de la aví­cola.

Crisis sin freno
Empleados de Cresta Roja compartieron imágenes para graficar lo crí­tico que resulta el presente de la compañí­a. 

Los registros dan cuenta de animales muertos en terrenos de las granjas todaví­a pertenecientes a la compañí­a.

Miles de aves culminan sepultadas en fosas improvisadas:

En paralelo, cientos y cientos de huevos se pierden, producto de la merma en la producción de carne que viene sufriendo Cresta Roja sobre en el último año.

Hasta antes del parate de estos dí­as, las plantas de la compañí­a faenaban un promedio de 150.000 pollos diarios. Hace menos de 5 años, el rango superaba los 300.000 ejemplares procesados cada 24 horas.

Los pollos, ante la falta de balanceado, se atacan entre sí­:

Venezuela presente
El grueso de los operarios y buena parte de sus representantes sindicales -pertenecientes a los gremios de Alimentación, UATRE y a la Unión Obrera Molinera- no dudan en señalar al anterior plan de exportación a Venezuela como el desencadenante de los problemas que hoy complican a Cresta Roja.

"Venezuela recibí­a los pollos de la ex Rasic por el convenio que impulsó el kirchnerismo de "˜petrodólares' a cambio de alimentos argentinos", contó a iProfesional un experto del mercado de carne aviar.

"El acuerdo era inviable: el chavismo llegó a pagar por cada tonelada de pollo el doble de lo que costaba a precio internacional. Por eso, en cuanto se desplomó el precio del crudo, Venezuela cortó todos los pagos y quedaron debiendo u$s60 millones", amplió. 

El rojo financiero derivó en una sucesión de conflictos que recién se apaciguaron con la irrupción de Proteinsa SA.

Sin embargo, la ausencia de nuevas inyecciones de capital, combinado con una estructura operativa "inflada" a partir de la relación con Venezuela, continuaron siendo dilemas sin resolver hasta llegar a un presente nuevamente crí­tico.

"El descalabro que quedó de la época de Rasic nunca fue ordenado por los socios de Proteinsa SA. Pero el problema para los empresarios se fue incrementando a partir de la decisión del Gobierno de hacer de Cresta Roja una suerte de sí­mbolo de la recuperación, del relanzamiento económico", indicó el analista.

"Los dueños no están recibiendo demasiada ayuda oficial para sostener una firma que, así­ como está, resulta inviable económicamente", agregó. 

Pese a ello, desde el oficialismo se sigue con detenimiento cada uno de los movimientos de Proteinsa SA con la esperanza de que la sociedad perdure al frente de la productora de carne aviar y, en paralelo, retome el incremento comprometido en términos de capacidad de faena.

Sin embargo, empleados y gremialistas advierten que, cuanto más tarde en llegar el alimento balanceado, más riesgo hay de que se pierdan nuevos puestos de trabajo

En los últimos dí­as, Santiago Perea, gerente y cara visible de la firma a cargo de Cresta Roja, descartó ante la representación sindical un eventual abandono de la operación por parte de Proteinsa SA. Esto alivió a varios funcionarios macristas. 

La incógnita es si el Gobierno otorgará ayuda financiera si la empresa, en caso de que se profundice su derrumbe operativo.

En Cambiemos reconocen que serí­a muy elevado del costo polí­tico si se confirma una paralización total de las operaciones. 

Por estas horas, en el oficialismo consideran que la empresa no debe quebrar. Pero, por el momento, aplican la estrategia del "wait and see". 

A casi dos años de aquel discurso de Macri, que colocó a la compañí­a como ejemplo de "una nueva etapa en la Argentina", la realidad es que el proyecto está a un paso de la zozobra.

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